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El académico de la Universidad de las Américas Puebla (Udlap) Miguel Ángel Méndez Rojas reveló que la contaminación ambiental representa un riesgo para la salud neurológica y neuropsicológica global; la exposición a partículas estaría vinculada con la neuroinflamación crónica, la depresión, la ansiedad y el desarrollo temprano de enfermedades como el Alzheimer. 

De acuerdo con el profesor del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas, las partículas contaminantes de mayor tamaño suelen quedar retenidas en los pulmones. 

En cambio, las de menor tamaño ingresan al organismo de dos maneras: unas lo hacen a través de la respiración hasta llegar al torrente sanguíneo. Otras entran por la nariz, se depositan en la mucosa nasal y viajan al cerebro a través del nervio olfativo. 

Según el investigador de la Udlap, las partículas de la contaminación ambiental que pueden acelerar el Alzheimer ingresan al cerebro en menos de cuatro horas al atravesar la barrera hematoencefálica. La cual funge como un escudo protector de este órgano, una vez ahí, desencadenan una triple reacción negativa. 

En primera instancia, provocan una inflamación crónica, ya que las células de defensa las fagocitan sin lograr destruirlas. Como consecuencia, estas células se convierten en transportadoras de componentes tóxicos que afectan las conexiones neuronales sanas.  

Según el académico de la Udlap, las partículas de la contaminación ambiental podrían deformar proteínas del cerebro. 

Por lo que provocan acumulaciones que obstruyen y aplastan el tejido cerebral suave, lo que impide su funcionamiento normal e incluso provoca la muerte celular. 

Contaminación ambiental afecta el comportamiento y emociones de las personas  

El estudio del académico de la Udlap Miguel Ángel Méndez sobre la contaminación ambiental, destaca los efectos en el comportamiento y emociones de las personas. Entre ellas, afecta a los adolescentes y personas mayores.  

El estudio asoció esta contaminación con un aumento del 72 por ciento en las probabilidades de sufrir experiencias psicóticas. Además de estar vinculada con cuadros de depresión, ansiedad y esquizofrenia. 

Ante esto, el Dr. Miguel Ángel Méndez señaló que además el impacto llega al sistema digestivo al cual llama un “segundo cerebro”. Uno de los hallazgos más impresionantes del estudio apunta hacia los interiores de las casas. 

Según los datos recopilados, encender la estufa y cocinar con gas en un espacio cerrado sin ventilación, libera partículas ultrafinas en solo 20 minutos. Superiores a las emisiones de los automóviles que queman combustibles en la calle. 

De acuerdo con la investigación, las mujeres dedicadas a las labores del hogar son las principales afectadas.Mientras que las familias de bajos recursos enfrentan consecuencias negativas al no contar con tecnologías de cocinas limpias ni ventilación adecuada. 

Contaminación ambiental también afecta a mujeres embarazadas afirma académico de la Udlap  

Según el estudio de la contaminación ambiental del académico de la Udlap Miguel Ángel Méndez, las mujeres embarazadas también son vulnerables a los efectos. Las investigaciones señalan que los daños comienzan desde el útero ya que las partículas ultrafinas atraviesan la placenta y se acumulan en el feto.  

La investigación señala que en autopsias realizadas en menores de edad y bebés que vivían en ciudades con alto tráfico se registraron daños en sus cerebros. Lo que se traduce en retrasos medibles en la memoria y un mayor riesgo de trastornos mentales. 

En la vejez, la exposición acumulada durante años acelera el envejecimiento de las células cerebrales. Un factor que aumenta la incidencia de demencia, Alzheimer y Parkinson. 

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El Dr. Méndez Rojas advirtió que las normas ambientales actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son ciegas ante este peligro. Como ejemplo, señaló que las leyes actuales miden la calidad del aire basándose en la detección de partículas finas de entre 2.5 y 1 micrómetros. 

Sin embargo, como las partículas ultrafinas son menores a un micrómetro, los sensores no las registran. Por ello los autores proponen comenzar a contar el número de partículas ultrafinas en el aire. 

Además que incluyan el historial de exposición ambiental de los pacientes en sus consultas diarias de salud. 

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