En la esquina de la calle 3 Norte y 14 Poniente se ubica uno de los inmuebles más importantes de la época del Virreinato en México, que ha sido reconocido a nivel internacional como uno de los espacios más bellos de Latinoamérica: la cocina del Ex Convento de Santa Rosa.
Además de ser el lugar que vio nacer el mole poblano —el platillo por excelencia de la entidad— en manos de las monjas dominicas, las investigaciones en torno a la historia del recinto han dado a conocer algunos secretos sobre la vida conventual de las religiosas, así como las maravillas gastronómicas que surgieron hace casi 330 años y que hoy se han convertido en leyenda.
En un exclusivo recorrido hecho por Revista Rayas junto con la empresaria Lupita Lozano, quien es historiadora e investigadora de la cocina poblana, descubrimos algunos datos curiosos sobre este lugar que seguro desconocías y que revelan las creencias a las que recurrían las dominicas para preparar los alimentos diariamente.
Si quieres visitarlo, el ex Convento de Santa Rosa se encuentra abierto de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas. La entrada general tiene un costo de 40 pesos. Los menores de 12 años, estudiantes, maestros y personas con credencial Inapam pagan la mitad.
1.- La cocina del Convento de Santa Rosa está dividida en tres partes
El espacio principal, un refrigerador y el carbonero. En el espacio principal se encontraban las fuentes de agua, los braseros y hornos donde se preparaba la comida y el pan.
Para conservar los alimentos en la cámara que servía como refrigerador, instalaron unos ductos debajo del piso donde corría agua, lo que humedecía el piso, hacía que el frío subiera a la superficie y mantenía las bajas temperaturas en la habitación por un día, para evitar que los alimentos se echaran a perder, pues las monjas cocinaban alimentos frescos diariamente.
En la carbonera se guardaban los víveres, la leña, el carbón, los alimentos no perecederos, semillas y utensilios de cocina. Justo afuera se encontraba el gallinero.

2.- La vida de las monjas
En la vida conventual, las monjas tenían demasiadas restricciones en cuestión de alimentos. No podían comer alimentos energéticos (como el chocolate) y la carne, pues, al ser esposas de Cristo, debían limitarse a los alimentos suaves y frescos que las alejaran del pecado.
3.- Tenían prohibido probar los platillos que allí se cocinaban
En Santa Rosa y otros conventos de Puebla, las religiosas no podían degustar platillos tan creativos y novedosos como el mole, pues solo se ofrecían para alabar a virreyes, reyes y obispos, quienes después de probar y decidir cuál era el mejor, se convertían en bienhechores del convento.
4.- Entre las leyendas más famosas de esta cocina está la de Sor Andrea de la Asunción
La monja dominica a quien se le atribuye la invención del mole poblano. Supuestamente fue creado en 1681 en honor al virrey Don Tomás Antonio de la Cerda y Aragón durante su visita a Puebla. Este personaje, a manera de agradecer la comida, mandó a embellecer la cocina de Santa Rosa.
Ordeno y mando, decoren la cocina del convento que me cocinó tan excelente platillo”, exclamó Don Tomás Antonio.
Los loceros poblanos fueron los encargados de decorar esta habitación con talavera a lo largo y ancho de las paredes y el piso.

5.- El nombre de “mole” surgió por la mala conjugación del verbo moler
Según cuenta la leyenda, mientras Sor Andrea se encontraba cocinando el mole, el aroma tostado de los ingredientes (chiles, frutos secos y otras especias) invadió los pasillos y atrajo la atención de las monjas.
Al llegar a la cocina, todas quedan maravilladas con los olores y una de ellas rompió el voto de silencio.
Entonces exclamó: “¡Qué bien mole, madre, chile!”. Ella responde: “No, madre, se dice ‘muele’ chile, pero gracias porque tú le has dado el nombre a mi platillo” y así fue como nació el nombre.
6.- Las monjas rezaban a los santos para que quedara rica su comida
Debido a que las religiosas no podían degustar los alimentos que ellas mismas preparaban y el olfato era la única manera de saber si la comida quedaba sabrosa, se encomendaban a diversos Santos, a quienes dedicaban plegarias, dichos populares y hasta bailes alrededor de la cazuela para asegurarse de que no les faltara sazón.
Te lo pido Santa Rosa, que la salsa no quede picosa”.
San Efrén, que me salga todo bien”.
Virgen de los Dolores, que tenga buenos olores”.
San Pascual Baylón, atiza mi fogón, y concédeme una buena sazón”.
7.- Se usaban cerámica diferente por cada platillo
En las cocinas tradicionales poblanas, las mujeres utilizaban una cerámica diferente por cada platillo para nunca mezclar el sabor del guiso. Cada una tenía como mínimo una variedad de más de 70 cazuelas arroceras, pescaderas, chaluperas, moleras y muchas más.
Antes se pensaba que entre más cerámica tenían en las cocinas, las mujeres sabían más recetas y, por lo tanto, su habilidad para cocinar mejoraba a diario.

8.- El chocolate era preparado en metate
Las monjas hacían el chocolate en metates que colocaban encima de un brasero en el que prendían leña. El calor derretía el cacao y se mezclaba con canela y azúcar, para dar como resultado un rico chocolate.
9.- Las piezas de barro
Las piezas de barro que aquí se resguardan son de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
10.- Desde 1926 el Convento de Santa Rosa es museo
A partir de 1926, el edificio se rescata y se convierte en el Museo de la Cerámica Poblana, reconocido con una placa conmemorativa que aún se conserva en el refrigerador de la cocina y está firmada por el entonces presidente de México, Plutarco Elias Calles y el gobernador de Puebla Claudio N. Tirado.
11.- Inauguración
El Museo de la Cerámica Poblana se inauguró casi al mismo tiempo que el Museo del Alfeñique.
12.- Muros anti temblores
Debido a que posee muros de más de un metro de ancho, los temblores que han tenido lugar en Puebla no han generado daños estructurales.
13.- Es la única cocina de AL reconocida
A nivel internacional, es la única cocina reconocida de América Latina por estar forrada de talavera de piso a techo, con casi 18 mil azulejos.