Puebla, 18 de octubre del 2021

Maternidades de las que no hablamos

Por Betzabé Vancini / /
Maternidades de las que no hablamos
Foto: Central

Tú, yo y el Ello...

Después de unas semanas saturadas de trabajo, y antes de que se me acabe el mes de mayo, quiero dejarles esta columna que llevo tiempo pensando y constituyendo, pues alrededor del 10 de mayo solemos abordar la maternidad, pero haciéndole honor a un tipo de madre completamente idealizada: la que es todo amor, la que todo lo puede, la abnegada, la que sacrifica su vida y sus gustos por sus hijos, la del amor incondicional, entre muchas otras características que acaban limitando la maternidad y a las mujeres a un estereotipo que en nada ayuda a ejercer una maternidad real y mucho más libre.

MADRES ADOLESCENTES

Según datos del Instituto Nacional de las Mujeres, en México, 73.3% de los 48 millones de mujeres de 15 años en adelante son madres. El 41.1% de estas mujeres no tienen educación básica terminada, en contraste con el 42.5% de mujeres que no son madres y que cuentan con educación superior.

Según datos de la Encuesta Intercensal de 2015, el 7.8% de las adolescentes entre 12 y 19 años ya eran madres, y estos números se han multiplicado en los últimos años, pues según datos de esta misma encuesta, pero de 2019, el 13.2% de las mujeres entre 12 y 19 años tiene al menos un hijo. Ahora bien, no sé si soy la única persona a la que le aterra la idea de que una niña de 12 años se convierta en madre y lleve a cuestas la responsabilidad de otro ser humano cuando no ha terminado su periodo de infancia y cuando se encuentra aún en desarrollo físico, mental y emocional. La situación de las madres adolescentes en México es cada vez más preocupante pues pese a que las leyes han elevado la edad para poder consentir un matrimonio ―de 14 a 18 años―, el embarazo adolescente sigue siendo frecuente y, pese a que predomina en contextos rurales, no se acota únicamente a ellos, sino que también es frecuente en contextos urbanos.

Cifras de las que no se habla: muchos de esos embarazos en adolescentes son consecuencias de una violación, de abuso sexual prolongado durante años o de relaciones que en términos legales podrían definirse como estupro; es decir, las adolescentes quedaron embarazadas producto de relaciones sexuales con hombres legalmente mayores que ellas; en muchos casos mucho mayores ―10 o más años de diferencia―.

HUÉRFANOS DE LOS FEMINICIDIOS

Otra de las maternidades que no recordamos este 10 de mayo fue el de las mujeres que tuvieron que convertirse en madres de sus nietos, debido a que sus hijas fueron víctimas de feminicidio. Según Inmujeres, tan sólo de diciembre de 2018 a junio de 2019 hubo 4 mil 275 menores de edad que requirieron apoyo por parte del Estado porque sus madres fueron víctimas de feminicidio en diversos estados de la república. El apoyo del estado se limita a garantizar la inscripción de los menores en escuelas públicas y a una “pensión” de 2 mil pesos al mes. Es así como mujeres de 60 años en adelante se encuentran nuevamente en el rol materno, cuidando a sus nietos que, en muchos casos, son bebés de meses. El desgaste físico y psicológico para una mujer que “vuelve” a ser madre durante la tercera edad, y que debe velar por el desarrollo de niños y adolescentes, es el equivalente al de miembros del ejército en periodos de guerra y, muchas veces, presentan síntomas de Trastorno de Estrés Postraumático, no sólo por la enorme responsabilidad que tienen nuevamente, sino porque cuidar de sus nietos es un constante recordatorio del crimen violento que los llevó a la pérdida de sus hijas. De esta manera, se vuelve una herida que nunca cierra.

MATERNIDAD FORZADA

Según datos de la asociación Voces en Alza, del 2008 al 2018 cada año en promedio, casi 15 mil menores de 10 a 14 años se convirtieron en madres de acuerdo con los reportes de la Secretaría de Salud. Contrario a la creencia de que el embarazo adolescente es producto de la poca información sobre el uso de métodos anticonceptivos, una gran parte de estos casos esconden situaciones donde las niñas son víctimas de abusos e incluso de uniones forzadas. Cada año, muchas niñas de entre 10 y 14 años en nuestro país son entregadas a hombres adultos “como pago” de deudas de sus padres, como empleadas domésticas en condiciones prácticamente de esclavitud y que terminan embarazadas por sus empleadores o algún otro habitante de la vivienda.

Otros casos de maternidad forzada, pero en mujeres adultas se da en el contexto de violencia de género dentro de la pareja, donde la mujer es continuamente abusada física y sexualmente y producto de ello se da un embarazo. Existen cifras alarmantes de mujeres que son privadas de su libertad por su pareja hasta que el embarazo llega a término, muchas veces en partos domésticos o en clínicas clandestinas para evitar que la mujer denuncie la violencia que vive. En estos casos, madre y bebé -o bebés- son condenados a seguir viviendo en el domicilio con su agresor y seguir expuestos a actos de violencia que en el 14% de los casos, terminan en feminicidio.

MADRES HERMANAS

Otro escenario común en la vida de las mujeres mexicanas es que, ante la pérdida o el abandono de la madre, sea la hermana o las hermanas mayores quienes ejerzan el rol materno en una familia. Según datos del INEGI (2019) el 18% de las hermanas que tomaron el rol maternal de sus padres, lo hicieron antes de los 20 años de edad, convirtiéndose así en responsables de sus hermanos en etapa infantil o adolescente. De ellas, la mayoría tuvo que dejar sus estudios para cumplir el rol materno al cien por ciento o bien, para trabajar y poder mantener económicamente a su familia.

Sin embargo, esta asignación de rol no se da únicamente por la muerte o el abandono materno, sino también por consecuencia de que la madre tenga que emigrar para trabajar en otro país, porque se ha vuelto a casar con una nueva pareja, o porque tiene algún problema de adicción o alguna afección de salud física que le imposibilita ejercer su rol, orillando a las hijas mayores a cumplirlo.

Según la OMS, las enfermedades físicas y mentales más comunes que dificultan la ejecución del rol materno son: cáncer, epilepsia, esclerosis múltiple, depresión mayor, bipolaridad, esquizofrenia y alcoholismo.

MADRES QUE NO RECONOCEMOS

Otra estadística que es olvidada con frecuencia es el de las mujeres que desean convertirse en madres y que, pese a múltiples intentos, no lo logran. Mujeres que intentan quedar embarazadas y que se someten a tratamientos hormonales en pareja, en lo individual, que buscan donadores o las pocas que pueden financiar fecundaciones in vitro e inseminaciones que terminan de manera no exitosa. Mujeres que tienen toda la vocación y la elección de ser madres pero que no pueden llegar a serlo.

Hemos olvidado reconocer también a las madres que adoptan -oficial y extra oficialmente-, a las mujeres que por elección propia dan la oportunidad a un/a niño/a de tener acceso a una familia, al cuidado y amor de una madre. Olvidamos a estas mujeres que no gestan, pero que crían de igual manera con amor y compromiso.

Idealizar la maternidad y decir que sólo son madres aquellas que conciben y gestan en su cuerpo una vida, es dejar de lado el amor y la entrega de muchas otras mujeres que, aunque no son biológicamente madres, hacen la elección de serlo y hacen su mejor esfuerzo para criar niños felices.

Dar a las mujeres que son madres estas características absurdas de “abnegación” y “santidad” es quitarle el lado humano a la maternidad, es quitarles a las mujeres su multidimensionalidad y reducirlas a un solo rol cuando la maternidad no debería ser sinónimo de sacrificio de su vida personal, profesional, ni causa para olvidar sus necesidades. Las mujeres que son madres no tienen que ser incondicionales a nadie más, tienen que ser incondicionales primero a ellas mismas para sentirse plenas y así, poder enseñar a sus hijos a ser seres humanos plenos.

 Idealizar el 10 de mayo y la maternidad como si todas las mujeres que son madres hubieran tenido la elección de serlo, es invisibilizar a todas las niñas y adolescentes que se convierten en madres al ser víctimas de abuso, de violencia y víctimas también de un sistema jurídico que no permite el aborto más allá de casos extremos en la mayor parte del territorio nacional. De un país que sigue normalizando que un hombre de treinta y tantos años “se case” o “se junte” con una adolescente de 16 y que “formen una familia”. Me parece que hay mucho qué pensar al respecto de la maternidad en México.

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