19 de Abril del 2021

Signos de que no te estás haciendo cargo de tus emociones

Por Betzabé Vancini / /
Signos de que no te estás haciendo cargo de tus emociones
Fotos: Central

Tú, yo y el Ello...

Muchas veces, mientras transitamos por un estado de ánimo desfavorable, nos parece que la vida se pone difícil y podemos sentir que el actuar de las personas a nuestro alrededor nos afecta directamente de manera personal. En algunas ocasiones, esto puede tener un poco de realidad, pero en la mayoría de los casos, se trata únicamente de una visión sesgada en la sentimos como personales acciones o palabras que pueden no serlo. Esto se debe a que, durante estados emocionales desfavorables como la irritabilidad, la ansiedad, o la depresión, solemos proyectar nuestras emociones en el otro y hacerle responsable de nuestro bienestar o malestar. Esta falta de responsabilidad afectiva puede desgastar mucho tus relaciones interpersonales.

¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva es: ser capaces de reconocer nuestras emociones, darles un lugar en la conciencia –por ejemplo: acepto que estoy deprimida/o– y a partir de esto ajustar las expectativas sobre lo que esperamos de nuestros seres queridos en esta etapa por la que estamos atravesando.

Implica también pedirle de manera asertiva a las personas importantes en nuestra vida ya sea ayuda, o al menos, el reconocimiento y validación de nuestras necesidades. Hacerse cargo de las propias emociones ayuda a que el malestar se vuelva objetivo, tangible y por ende, transitorio. Es la mejor manera de poner nuestras herramientas intrapersonales y nuestros recursos internos a trabajar para salir adelante lo más pronto posible. Pero ¿qué pasa cuando las personas no se hacen responsables de sus emociones?

Estos son algunos de los signos de que no estás tomando tu responsabilidad afectiva:

1.- TE QUEJAS: te quejas constantemente de todo y de todos en tu vida. Tu manera de expresarte da la impresión de que nada va bien y sueles poner tu malestar en las circunstancias en lugar de reconocer tu irritabilidad. Las personas que se quejan constantemente de todo y de todos, se vuelven personas con las que es difícil convivir pues hay sólo una carga de pesimismo que podemos tolerar cuando somos personas más o menos integradas y sanas.

2.- CULPAS A LOS DEMÁS DE TU FORMA DE SENTIR: utilizas frases como “¿por qué me haces sentir así?” o “ya me hiciste llorar”, “es que siempre me haces enojar”, entre muchas otras. Esto implica que estás poniendo tu estado emocional en manos de alguien más o bien, que no estás haciéndote responsable de regular tus emociones o de la respuesta que tienes ante las situaciones en la vida o ante tus relaciones. Nadie tiene por qué cargar la responsabilidad de adivinar tus necesidades ni de tratarte “con pincitas” para que no reacciones mal.

3.- TE ENCAPRICHAS: es frecuente que alguien que no está tomando la responsabilidad de sus afectos o de su inestabilidad, entre en un modo de “todo o nada” y comience a exigirle a sus seres queridos que cumplan sus expectativas o exigencias y, cuando esto no ocurre, entran en una disposición de rechazo casi pueril de “ya no quiero nada.” Por supuesto, estas actitudes desconciertan a quienes les rodean, especialmente, si se trata de un adulto. Esto constituye una forma de manipulación y de forzar a los otros a cumplir tus necesidades devaluando sus ocupaciones, sus responsabilidades, decisiones o incluso, su propia voluntad. El mensaje que das es este: mis necesidades son mucho más importantes que las tuyas y tienes que satisfacerlas ahora, o habrá consecuencias. No suena nada sano.

4.- NO TE ABRES A LAS OPCIONES: puede ser que ante el problema que estés viviendo, tus seres queridos te den opciones de solución o busquen ayudarte de alguna manera a encontrar un punto medio, sin embargo, la respuesta a todas estas propuestas es “no, porque esto o aquello” y entonces, no escuchas alternativas que podrían ser aceptables o bien, no permites que los demás te ayuden o te reconforten. Al hacer esto, le quitas todas las ganas a tus seres queridos de ayudarte pues, si vas a decir que no a todo, de nada sirve que se esfuercen.

5.- TE AISLAS: empiezas a sentirte mal y automáticamente dejas de escribir, te ausentas, te metes en tu cueva y, esto puede funcionar unos días en lo que te reajustas, sin embargo, cuando te aíslas también emocionalmente y no le comunicas a los otros tu necesidad de afecto o de contacto, no pueden acercarse para ayudarte tampoco. Debes saber que, si decidiste aislarte, entonces sé consciente de que nadie va a adivinar tus necesidades ni tus pensamientos para hacerse presente cuando le necesitas. Los seres humanos no leemos la mente.

6.- TE SABOTEAS: puede ser que estés pasando por un periodo complicado en varios aspectos y, por alguna razón, decides hacerlo aún peor. Comienzas a actuar de manera irritable en tu relación de pareja o con tu familia, gastas dinero en cosas que no necesitas cuando estás pasando por un bache económico, te pones en situaciones de riesgo, llegas tarde a trabajar poniéndote en peligro de ser despedido/a, entre muchos otros ejemplos. Esto sólo hará que la situación sea mucho peor. Este sabotaje tiene la función de que la persona en cuestión, refuerce ideas como “todo está mal”, “nadie me entiende”, “ahora, además de todo, no tengo dinero”, entre muchas otras, y esto sólo abona a que siga victimizándose.

7.- TE COMUNICAS DE MANERA PASIVO-AGRESIVA: recuerdo mucho el caso de una amiga que pasó por un periodo difícil en el que terminó una relación de años y se quedó sin empleo en el mismo mes, ella decidió entrar en este modo de comunicación con las personas que le rodeaban y frecuentemente hacía comentarios como “qué bueno que ti sí te va bien…”, “pues qué padre que ustedes tengan una relación bonita y no estén de la fregada como otros…”, “qué bueno que te puedas ir de viaje, no todos podemos aliviar nuestros problemas con vacaciones”, y más comentarios de este tipo que se fueron volviendo muy molestos, pues lejos de mostrar alegría genuina por el bienestar de quienes le rodeaban, manifestaban este constante malestar por el hecho de que ella estuviera pasándola mal y los demás estuvieran en un mejor momento. Esto es el más puro ejemplo de la envidia, y en la envidia, solemos creer que la felicidad es limitada y que alguien más se está robando nuestro pedazo. Esto no es así. Es importante que sepas que, no porque tus amigos/as o familiares la estén pasando mejor que tú en este momento, quiere decir que te roban la posibilidad de que tú estés bien. No es lo mismo ser solidarios que tener que ser miserables también.

8.- TE TOMAS TODO PERSONAL: cualquier gesto, comentario, actitud o lo que sea de quienes te rodean, se vuelve un gesto inequívoco de que quieren dañarte o bien, de que no te quieren lo suficiente. Cuando entras en esta disposición es fácil sentirte agredido/a, decepcionado/a por tus seres queridos por cosas tan simples como que no te guardaron un pan para cenar, porque no te dijeron de algún plan que tenían, porque no te ofrecieron ayuda pese a que “notaron tu cara triste”. Esto es asumir que la vida de quienes te rodean tiene que girar en torno a tus necesidades o pensar que estas personas se levantan todos los días pensando de qué manera afectarte. Créeme, todos tenemos necesidades, emociones, situaciones, etc., que nos hacen estar más enfocados en nuestra propia vida que en fijarnos si cada diminuto detalle va a hacer sentir mal a alguien más. Bien dirían los budistas que NADA EN ESTA VIDA ES PERSONAL. Aprende esa lección y vas a vivir más en paz.

Si la estás pasando mal, lo único cierto es que hay sólo una persona que puede remediar eso: tú. Incurrir en estas conductas de aventarle tus necesidades afectivas a otros y esperar que te resuelvan o te saquen del hoyo, lejos de producir el efecto que esperas, es probable que produzcan rechazo y que la gente a tu alrededor se aleje después de haber intentado varias veces acercarse a ti sin recibir una respuesta favorable o asertiva. No le eches más leña al fuego y mejor ve haciéndote responsable de tus emociones, de tus necesidades y de expresarle ASERTIVAMENTE a los otros, lo que deseas de ellos o la manera en que pueden ayudarte. El malestar puede ser transitorio, pero el daño que estas conductas pueden causar en tus vínculos interpersonales puede ser para siempre.

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