Puebla, 19 de octubre del 2021

Salvemos el Atoyac

Por Ricardo Gali / /

Inden interior SeamosClaros

“Todas las ciudades importantes del mundo se han fundado cerca de los ríos, esto ha ocurrido así, por dos motivos principales, el primero porque es una fuente de agua para el consumo de sus  habitantes y el  segundo, porque es un drenaje que permite llevarse todos nuestros desechos, sin embargo, hemos abusado totalmente de esta situación en Puebla entorno a la explotación y contaminación que hemos ejercido sobre el Río Atoyac”

El ser humano por su naturaleza es inherente que sea víctima de sus errores, y sin duda, uno de los más grandes errores de los cuales seremos víctimas (si decidimos no hacer algo para remediarlo), será el no habernos involucrado en solucionar la crisis del agua que se nos avecina, pues el agua de nuestro país y de nuestro Estado ¡Se está acabando!

Muchos de los que están leyendo estás líneas dirán “que esto es exagerando” e incluso se cuestionarán “¿Cómo es posible que se acabe el agua, si la composición de nuestro planeta es de tres cuartas partes de agua?”.

Lo anterior se ha generado, porque utilizamos agua para prácticamente todo lo que hacemos; en promedio un mexicano utiliza al día entre 330 y 400 litros de agua, la cual, posterior a su uso la regresamos contaminada a los ríos sin él tratamiento adecuado (esto sin cuantificar el agua utilizada de manera indirecta a través de nuestra ropa y alimentos que consumimos).

La escasez es una realidad que se encuentra a la vuelta de la esquina, ya que, diversos estudios señalan que, en nuestro país para el año 2030, ya no habrá agua potable, haciendo que la disputa por el líquido vital del que todos necesitamos para vivir se convierta en un problema social cada vez más grave.

Si hacemos cuentas, de aquí al 2030 solo contamos con 9 años para remediar la situación, no para planear, sino para verdaderamente implementar las políticas públicas que resuelvan esta situación y evitar quedarnos sin agua y, como consecuencia, comprometer la calidad de vida y desarrollo tanto de nosotros como el de las generaciones futuras.

En México, penosamente cerca del 80% del agua dulce de los ríos, se encuentra contaminada, una situación preocupante, que responde a múltiples factores como lo es la deforestación, el cambio climático, nuestros hábitos de consumo, pero sobre todo la debilidad institucional que impera en nuestro país que se traduce en  la falta de políticas públicas sustentables, transversales y con visión de futuro, pues si bien en los dichos se habla de un compromiso con el medio ambiente y de cuidar el agua, en los hechos podemos observar que no es así, pues del 3% del PIB que debería asignarse presupuestalmente para atender la problemática del agua, en nuestro país solo se asigna menos del 0.5%.

Ahora bien, ¿por qué deberíamos de preocuparnos como poblanos? La respuesta es simple y es porque el futuro hídrico de nuestro Estado depende sustancialmente del líquido vital que corre dentro del Río Atoyac, un río que cruza nuestra ciudad y que lamentablemente, hoy en día, es el segundo río más contaminado del país; un río que esta 8 veces más contaminado que lo que permite la legislación ambiental vigente en México y 800 veces más contaminado de lo permitido en Estados Unidos.

Si lo aterrizamos al tema del Río Atoyac, podemos advertir que no existe presupuesto para efectos de monitorear a las más de 8,000 empresas que hoy contaminan el río, por lo que es necesario aumentar el presupuesto para sancionar a los agentes económicos tanto públicos como privados que están contaminado el Atoyac y a su vez, implementar las obras necesarias para instalar los equipos y plantas tratadoras que permiten que el agua que regresemos no esté contaminada y evitar así seguir con su destrucción.

No podemos seguir tolerando que las plantas tratadoras de agua no trabajen conforme a la norma aplicable y que la mayoría ni siquiera estén funcionando por falta de presupuesto. No podemos actuar con tibieza y debemos sumar esfuerzo gobierno, empresarios y ciudadanos para atender esta problemática, limpiar el río debe de ser una responsabilidad en la que cada uno de nosotros ponga su granito de arena.

Hoy en día, el Río Atoyac, es un río muerto, el mismo, no tiene suficiente oxigenación para mantener vida en su cauce; el Río Atoyac, es un río al que le hemos dado la espalda por años y en el que año tras año cada gobierno que transita por el poder, decide dejarlo de lado como un problema heredado para el que sigue, pero sobre todo un problema heredado para las generaciones futuras.

La contaminación es un problema histórico que tenemos que solucionar, ya que, actualmente afecta a más de 2 millones de personas que viven a sus alrededores y dentro del mismo se han detectado más de 50 contaminantes, entre los que figuran compuestos y elementos cancerígenos para las personas de acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer.

Los poblanos tenemos que hacer consciencia, debemos comprender que el río es de vital importancia para nuestro futuro y, por ende, debemos de alzar la voz y exigir a nuestras autoridades tomen acciones que perduren en el tiempo, que hagan a un lado sus egos políticos y verdaderamente lleven a cabo las acciones necesarias para fortalecer a las instituciones y que la limpieza del Río Atoyac sea una realidad.

En esta columna quisiera agradecer de forma a especial a mi hermano y amigo Carlos Tapia, quien es presidente de la Asociación Civil “Dale la Cara al Atoyac”, y quien me proveyó de diferente información para poder plasmar lo que hoy están leyendo en la columna. Quisiera invitar a todos los lectores a que se sumen a esta iniciativa y que exijamos conjuntamente políticas públicas que verdaderamente respondan y solucionen la problemática, que nuestra presión obligue a las autoridades municipales y estatales a darle la cara a al río, que hagan a un lado sus egos políticos y que de una vez por todas alguien decida dar el primer paso para resolver este problema que nos atañe a todos, aunque eso implique no ser quien salga en la foto cuando el objetivo se cumpla.  

La contaminación del agua no es un asunto que solo le compete al gobierno, es un asunto que nos corresponde a todos.

BUAP