Puebla, 22 de septiembre del 2021

Terremoto organizacional 10.0

Por Cesar Rios Hernández / /
Terremoto organizacional 10.0
Fotos: Central

inte ElefanteBlanco

Siguiendo la inercia de las noticas sobre el reciente sismo (en donde sin duda el lector ya está “empachado” y embotado), retomamos el tema, pero en otro sentido… esta vez, en relación con un miedo-pánico que casi ningún empresario o alto directivo se atreve a confesar, nos referimos nada menos que al sabotaje organizacional. De por sí ya es desgastante lidiar con la corrupción interna y el robo “hormiga” como para que todavía deba uno andarse cuidando de un sabotaje por parte de algún empleado resentido o “pagado” por alguien; esto nos confirma, que ser empresario o alto directivo no es fácil (aunque duerma sobre un colchón “Sognare”).

No importa si la empresa es pequeña o grande, desde el momento en que se contrata personal para laborar, empieza el riesgo, claro, también existen otras situaciones que obstaculizan el crecimiento de una empresa, tales como, una mala calidad del producto o servicio, una estrategia equivocada de mercadeo, una competencia feroz o simplemente una mala administración interna.

Pero nada supera al daño que un sabotaje pueda hacer, el equivalente a un terremoto, que de igual forma, estos no se pueden predecir (bueno, algunas veces, con algunos segundos de antelación, sobre todo para que se arrepienta de sus pecados), pero el daño es similar.

Lamentablemente, los sabotajes en las empresas son constantes (a veces menores), pero rara vez salen a luz pública, pues la gran mayoría de las veces solo queda en rumores entre de los empleados.

Entre los casos más recientes que no se pudieron ocultar, ocurrió con el gigante Tesla (hace un año), en donde un empleado había saboteado maliciosamente una parte de la fábrica, pero también en 2018, otro empleado exportó grandes cantidades de datos de la compañía altamente confidenciales a terceros desconocidos, “su motivación”, es que él quería un ascenso que no obtuvo. (fuente: https://www.eluniversal.com.mx/autopistas/tesla-despide-empleado-que-intento-sabotear-sus-operaciones-internamente).

Un caso similar, pero nunca confirmado como sabotaje, ocurrió con la empresa La Costeña (en 2016), luego de que se difundiera la foto de uno de los empleados de la empresa que orinaban sobre chiles antes de ser enlatados, la firma ofreció disculpas y aseguró que la higiene de los productos nunca estuvo comprometida, ¿una “broma pesada” o sabotaje deliberado?, al final no importó, la empresa perdió mucho dinero.

En otras entregas de esta columna, se ha hablado del peligro de un ambiente laboral toxico que en muchas ocasiones son el detonante para un sabotaje, pero rara vez se vigila este aspecto; pues un empleado resentido sustituye la apatía por el deseo de hacer todo el daño posible a su empresa. ¿Motivos? No siempre se sabe, un ascenso truncado, un salario por debajo de lo esperado, o el insulto de un supervisor inmediato, sea cual sea la situación, el empleado encuentra un nuevo estímulo en dañar a la organización.

Es muy común y normal que las empresas manejen varios indicadores o métricos, como eficiencia, calidad, ventas, y productividad entre muchos otros, pero rara vez se mide el ambiente laboral y todavía más raro que se evalúe la percepción del personal en los supervisores o gerentes más eficaces (que dan buenos resultados), pero que nadie cuestiona “como lo lograron” (a veces por liderazgo y otras “por aplastamiento” a otros). ¡Mucho ojo! ¿Ya identifico a alguien?

En conclusión, el sabotaje organizacional si se puede evitar o detectar, pero se requiere un buen enfoque de seguimiento con el personal, no solo “mayor” vigilancia, sino concientización. Si desea saber más sobre el tema, se recomienda la siguiente lectura: Sabotage in the Workplace (libcom.org).

El Diálogo de hoy: – en la empresa/ afuera de la sala de juntas –

E1.- ¿Qué hacen ahí, pegados en la puerta? ¿Están espiando a los jefes?

E2.- Es que recién llegaron los altos jefes y juntaron a varios administrativos, sospechamos que acaban de correr al “kraken” y a la “medusa”.

E1.- ¡Ah! Ya sé. Se refieren al gerente de finanzas y la gerente de planeación, ¿verdad?

E2.- Así es… ¿y ahora qué va a pasar? ¿Qué hacemos?

E1.- ¡Pues una fiesta! Tal vez sin saber, los directores acaban de “enfriar” un sabotaje.

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