Puebla, 02 de agosto del 2021

El “arte” de robar arte

Por Cesar Rios Hernández / /
El “arte” de robar arte
Fotos: Central

inte ElefanteBlanco

No es fácil entender las razones por las cuales alguien robaría un objeto sólo para contemplarlo. El ser humano tiene necesidades básicas que satisfacer y, generalmente, busca usar o consumir lo que puede obtener, incluso divertirse, pero, ¿cómo explicar el tener algo sólo “por gusto”, sin ninguna utilidad aparente (exceptuando los adornos)? ¡Sin duda la definición de locura debe ser actualizada!

Lamentablemente, el robo de arte en el mundo es una gran industria que genera muchas ganancias, sólo por detrás de las armas, drogas y el tráfico humano. Según la UNESCO, en 2019, este comercio generó a escala mundial un volumen de transacciones cifrado en casi 64 mil millones de dólares (fuente: https://es.unesco.org/courier/2020-4/traficantes-arte-traficantes-almas), y ahora con la pandemia, el robo y saqueo de arte ha aumentado significativamente.

Al llegar hasta aquí, se estará preguntando por qué se habla de este tema en una columna que está enfocada en los sectores industriales y empresariales. La razón principal es que son precisamente los hombres de negocios, altos directivos de empresas y alguno que otro político sin escrúpulos, los grandes compradores de arte robado, en donde, según el mismo reporte de la UNESCO, muchas veces son terroristas los que “mueven” este negocio para financiarse o lavar dinero.

Sin embargo, no cualquiera puede vender arte (robado), sea pinturas, estatuas u objetos de arqueología. Se requiere cierto perfil y conocimientos de cultura general, además de los contactos indicados. O sea, es necesario saber conducirse y codearse con la “crema y nata” de la sociedad, ¡los “nacos” y “corrientes” no entran en este “negocio”!, puro delincuente fino de cuello blanco. Habría que agregar, por supuesto, que si el comprador es un “Huicho Domínguez”, la venta estará asegurada.

En ocasiones, a falta de “talento y valor” para robar arte, otros han buscado atajos más seguros, como vender falsificaciones o copias de lo ya existente. Claro, los “requisitos” para vender esto son los mismos, además de tener o buscar gente con “habilidades” para falsificar una obra de arte.

El caso más reciente ocurrió hace unos días en Cholula, Puebla, donde el excandidato a alcalde, Ángel Pereda, fue detenido por vender arte falso (fuente: https://www.periodicocentral.mx/2021/pagina-negra/delincuencia/item/12297-excandidato-detenido-pereda-ny-arte-falso). ¿Acaso el no haber obtenido la alcaldía de Cholula lo obligó a buscar “otras opciones” para subsistir?

Pero si de creatividad se trata, otros han buscado robar objetos “valiosos”, pero no necesariamente catalogados como arte, como balones de futbol o pelotas de beisbol (autografiados por grandes jugadores), o camisetas y artículos personales de algún actor o cantante famoso.

De plano, ¡si no hay cultura queda la idolatría por el hombre o mujer del momento! ¿Sabe cuánto cuesta una camiseta autografiada por Maradona o Leo Messi o cuál es el valor de un objeto personal de Michael Jackson o Rihanna? Con esto podemos darnos una idea de la “madurez” de la sociedad en este siglo; pues no sería nada extraño que alguien prefiriera comprar (robado) un balón firmado por Pelé, en lugar del “penacho de Moctezuma”, pero mejor ahí nos detenemos, pues estaríamos fomentando otro programa como “el precio de la historia”.

Nada hay nuevo debajo del sol, la historia siempre se repite. En 1911, el famoso cuadro de Leonardo Da Vinci desapareció del Museo del Louvre. El robo de la Gioconda, sin duda la obra más famosa del genio italiano, fue catalogado como el robo del siglo. En esos días, un “talentoso” pintor vendió varios “originales” de la Gioconda a los ricos de esa época, jactándose de que él la había robado. Pero cuando apareció el culpable y la pintura original, nadie pudo reclamar nada, pues no se podía uno quejar de haber sido estafado al comprar robado. “Ladrón que roba a ladrón”.

El Diálogo de hoy:  – en la estación de policía –

P.- Comandante, ya detuvimos al culpable del robo al museo (ayer en la noche) y recuperamos lo robado.

C.- ¿Qué se robó ese atrevido?

P.- Un tanque de gas, una estufa sencilla y una pequeña televisión, todo esto era del velador.

C.- ¿Pero y las obras de arte? ¿Hablaron con el director del museo?

P.- El director dice que todas las obras están en su lugar y no sonaron las alarmas (porque no había alarmas); pero además, el ladrón cometió el atraco con una pistola muy singular.

C.- ¿Qué tenía el arma de especial?

P.- Era una pistola alemana, usada en la Segunda Guerra Mundial por el ejército Nazi. La pura pistola vale 50 veces más que todo lo robado.

C.- De plano, en esta ocasión ¡la ignorancia estuvo de nuestro lado!