Puebla, 23 de abril del 2024

Tropiezo organizacional – directivos de sangre azul

Por Cesar Rios Hernández / /
Tropiezo organizacional – directivos de sangre azul
Fotos: Central

inte ElefanteBlanco

Cuando una empresa ha crecido y empieza a manejarse por áreas o departamentos, inicia un momento riesgoso (organizacionalmente hablando), pues el dueño o socios ya no tienen toda la visibilidad de los procesos y, por necesidad, se crean posiciones gerenciales o equivalentes, ¡bienvenido a la selva!, dirían algunos. Requiriendo para ello varias “cabezas”, según la complejidad de la empresa, pues es muy difícil que una sola persona domine las finanzas, mercadeo, producción o servicios, calidad, recursos humanos, compras y aspectos legales entre muchos otros. A menos, claro, que sea Tony Stark o Bruce Wayne, uno nunca sabe.

Es precisamente en esta etapa de transición (de taller a empresa funcional o de empresa a corporativo) en donde radica “la semilla” de los que formarán el cuerpo gerencial, pues en muchos casos no sólo se estará buscando la especialidad de algún conocimiento, sino la capacidad de una persona para tomar decisiones y saber manejar gente (don de mando).

Parece simple, pero en muchas empresas (y aún en las dependencias de gobierno), no se cuida este aspecto y, como suele suceder, llegan a los puestos de alta dirección, primeramente “los cuates”, luego los recomendados y finalmente “los especiales” (con un conocimiento muy específico necesario en la empresa). Esto no es ningún delito ni violación a la ley, la empresa no siempre es una democracia (se espera que el lector lo haya comprendido hace mucho, de no ser así, puede ir al psicólogo para “digerirlo”), PERO, si las personas seleccionadas, cuentan al menos con la capacidad, son responsables y manejan la empatía, se tiene asegurada cierta estabilidad en el crecimiento organizacional y financiero de la empresa.

Una vez comprendido “el proceso” de selección de los directivos, pasamos a la cruda realidad, donde los hechos nos demuestran lo descuidadas que están las organizaciones (privadas o de gobierno) en su estructura jerárquica, provocando perdidas o ineficiencias en las empresas. Cada vez son más comunes los ejecutivos que presentan el síndrome de Hubris o adicción al poder, las personas que padecen este trastorno, se sienten capaces de realizar grandes tareas, creen saberlo todo, por lo que actúan yendo un poco más allá de la moral ordinaria, ¿conoce usted a alguien así? Hace unos años se publicó un estudio que confirma que los empleados no abandonan buenas empresas, sino a los malos jefes (que se sienten de “sangre azul”).

El médico y político británico David Owen identificó este síndrome y refiere a la descripción de un acto en el cual un personaje poderoso se comporta con soberbia y arrogancia, con una exagerada autoconfianza que lo lleva a despreciar a las otras personas y a actuar en contra del sentido común. Owen considera que el síndrome de Hubris suele mezclarse, en muchas ocasiones, con el narcisismo y trastorno bipolar. Para que la persona pueda “curarse”, simple y sencillamente basta con que pierda su poder. Piense en algún gobernador o alcalde que ya está por terminar su gestión (todo “desinflado”, pero sin duda a punto de sanar) o algún ejecutivo empresarial recién despedido. Algunas personas no tienen que ser gerentes o políticos para presentar este síndrome, sino que “sólo se subieron a un ladrillo y se marearon”, ¡que lamentable!

El Diálogo de hoy: ― Fragmento del libro “Quo Vadis” (Una Historia de la Época de Nerón) / H. Sienkiewicz 1896 ―

Nerón: Soy el César y el mundo es mío. Puedo hacerlo todo. Pero la música me abre nuevos horizontes… Parece como si a mi alrededor girase todo el Sistema planetario… me siento en tales ocasiones como un grano de arena. ¿Lo creerás?

Petronio: Sí. Solamente los grandes artistas tienen la facultad de sentirse pequeños en presencia del arte.

Nerón: Me han contado que Diodoro y Terpenos tocan el arpa mejor que yo. Pero dime, tú que eres siempre sincero: ¿tocan ellos mejor que yo o tan sólo están a mi altura?

Petronio: De ninguna manera. Tú tocas con más dulzura y mayor intensidad. En ti se advierte con palmaria evidencia al artista; en ellos, al ejecutante experimentado. Y el hombre que los escucha primero a ellos, comprende mejor quién eres tú.

Nerón: ¡Si ello es así, que vivan! Nunca podrán imaginar qué importante servicio acabas de prestarles en este momento. Por otra parte, si yo hubiera condenado a esos dos, me hallaría en la necesidad de tomar otros que los sustituyeran.