Delincuencia
#Archivo Negro: ¡De película! Asaltan el Sears de la 3 Poniente y se llevan un botín de 2 millones y medio de pesos, en febrero de 1980
Las autoridades y el personal administrativo sospechaban que los responsables del atracó eran un grupo de exempleados debido a que tenían conocimiento del lugar en donde se encontraba la caja fuerte y porque sabían que el almacén no contaba con un sistema de alarma en su interior
Por Eloy Rodríguez Linares/@linares_eloy
Era la madrugada del 29 de febrero de 1980 cuando unos sujetos ingresaron a una tienda Sears por el tragaluz del segundo piso para llevarse un botín de dos millones y medio de pesos en productos del departamento de joyería.
Es probable que los ladrones habían sido trabajadores de esta tienda departamental, pues sabían que el almacén no contaba con un sistema de alarma, y que afuera solo un policía bancario resguardaba la fachada.
Al parecer, el objetivo principal de los maleantes era hurtar el dinero que resguardaba la caja fuerte, pues tenían la confianza de que podían dar el gran golpe, y, que sus rostros, al otro día, no iban a ocupar las primeras planas de los diarios como sucede con la clásica banda de asaltantes improvisados que falla en su intento por robar el botín que cambiaría sus vidas.
El asalto
Existen muchas historias de asaltantes inexpertos que fueron detenidos cuando iban a cometer el atraco que les ayudaría a salir de sus apuros económicos, pues su mente se nubló y no supieron cómo actuar en un escenario imprevisto. Sin embargo, quienes entraron al Sears que se ubica en la 3 Poniente 109, parecía que no tenían motivos para ponerse nerviosos, porque mientras intentaban abrir la caja fuerte comían botanas y bebían refrescos, como si estuvieran disfrutando de un partido de futbol.
El primero de marzo de 1980, el periódico El Sol de Puebla informó que una banda de ladrones ingresó a robar al Sears que se ubica a unos metros de la Catedral de la ciudad de Puebla. Las autoridades sospechaban que los maleantes habían sido algunos trabajadores de la tienda departamental o un grupo de exempleados.
De acuerdo a los datos que proporcionó el diario local, los asaltantes, al ingresar a la tienda departamental, forzaron los candados de las cortinas del taller del comercio para sacar un soplete y unos tanques de oxígeno y acetileno, que ocuparon para cortar los candados de varias puertas y para abrir la caja fuerte.
Pero después de varios esfuerzos por hacer un boquete a la caja fuerte, los maleantes optaron por huir con 250 relojes, 70 juegos de brillantes y alhajas, botín con un valor de 2 millones y medio de pesos, que guardaron en una maleta del establecimiento, y que los empleados reportaron como uno de los objetos robados.
Al día siguiente
La mañana del 29 de febrero de 1980, los trabajadores de la tienda Sears se llevaron una gran sorpresa, pues cuando ingresaron al almacén, observaron que los aparadores del departamento de joyería estaban vacíos; entre los pasillos encontraron envolturas de botanas y envases de refrescos, y en las escaleras se toparon con un súplete y unos tanques de oxígeno y acetileno.
Rebeca Pérez Legorreta, empleada de la tienda departamental, denunció ante las autoridades el atracó y explicó a los agentes de la Policía Judicial y de los Servicios Especiales que los delincuentes no pudieron robarse el medio millón de pesos y las joyas finas que había dentro de la caja fuerte.
Asimismo, el personal administrativo del almacén proporcionó a los policías una lista con los nombres de los trabajadores que en los últimos meses fueron despedidos de la empresa, pues tenían la sospecha de que un exempleado había sido el responsable del atraco.