20 de Enero del 2021

La soledad del Gobernador

Por Fernando Montiel T. / /

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"Si Moreno Valle hubiese estado en Oaxaca no termina" me dijo un oaxaqueño de cepa hace algunos años. Y tenía razón: la sociedad oaxaqueña no tiene y nunca ha tenido la intención de acomodarse al gobierno en turno: tomas de instalaciones, bloqueos carreteros y plantones por las agendas e intereses más diversos son cosa de todos los días (aunque sólo sean noticia nacional cuando involucran instalaciones estratégicas).

¿Y en Puebla? Aquí es diferente: la sociedad está permanentemente midiendo la dirección del viento para colocarlo a su espalda: muchos de los mismos que aplaudieron a Mario Marín aplaudieron a Moreno Valle. Sólo abandonaron al primero cuando cayó en desgracia -y sólo entonces, porque ni siquiera su amistad y cercanía con pedófilos demostrados bastó para disuadir a los acólitos del poder. ¿Y con Moreno Valle? No fue diferente: militantes de todos los partidos lo siguieron por un pequeño sueldo, una posición, su cercanía y beneplácito, lo que fuera, sin importar que fuera un majadero, un ladrón, un asesino, racista y torturador.

¿Dónde están ahora todos esos corifeos y sicofantes? Muchos alcanzaron a salvar su posición, otros se retiraron tras la muerte del senador y los más, aguardaron un momento ¿esperando qué? Que soplara el viento.

Y el viento sopló y aquellos para los que nunca se había gobernado salieron y votaron y con su voto removieron a los que se veían como los dueños del estado ¿las clases altas? No -dicen los que perdieron- eso es vulgar, nosotros estamos más allá porque aquí en Puebla lo que hay es clase baja, media, alta y nobleza.

¿El resultado? Ganó López Obrador, y en su estela Miguel Barbosa se hizo gobernador. ¿Y luego? Acercamientos tímidos, repudios inmediatos. Barbosa se peleó con la presidenta municipal, torpe, se peleó con los medios de comunicación, terco, se peleó con los empresarios, grosero, se peleó con sus colaboradores, solipsista, se peleó con la ciudadanía. Y es en ese contexto que recibió el repudio presidencial, un desprecio que no es sino una orden clara al partido y a la militancia.

El gobernador está solo.

Algo tenían Marín y Moreno Valle que les permitió llegar, hacerse a sí mismos y deshacer a todos los demás: equipos monolíticos. Tuvieron fracturas, sí, pero tuvieron la capacidad de subsanarlas apostándole tanto a la codicia de sus cercanos como a la administración del terror. Y es que al poblano promedio le gustan así sus gobernadores: tiranos, controladores, con dominio de las estructuras y sin miedo a usarlas: el Leviatán de Hobbes.

¿Y Miguel Barbosa? No parece al mando, los gestos que él creé de autoridad son leídos como caprichos y berrinches; se le ve reactivo, sin un plan claro o dirección, despachando a gritos y manazos las cosas del día como se van presentando. Poco rastro queda del legislador algunas de cuyas intervenciones en tribuna, ya como diputado, ya como senador, recuerdo no sólo como lúcidas e informadas, sino incluso elegantes.

¿Y los adictos al poder? Como las hienas, han olido la sangre del que creían líder, riéndose se miran las unas a las otras: lo van a despedazar.

Puebla GOb

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