26 de Mayo del 2020
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Coronavirus: la crisis que nos pega a todos

Por Viridiana Lozano / /
Coronavirus: la crisis que nos pega a todos
Foto: Central

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En CENTRAL llevamos dos semanas haciendo “home office”, nuestra dinámica de trabajo nos permite trabajar desde casa para no arriesgarnos a terminar contagiados y contagiar a nuestros familiares.

Los reporteros salen a coberturas indispensables, sobre todo a encontrar historias de cómo se desarrolla la vida en las calles durante este auto-aislamiento y el cierre de obligado de comercios.

Por turnos, dos más van a la redacción diario unas cuantas horas para ayudar con trabajo operativo y mantener nuestras oficinas abiertas hasta donde sea posible.

A partir de hoy el escenario ha cambiado para todos en Puebla. Hablo de lo que yo y mis compañeros vivimos en este momento de crisis por la pandemia, pues son ellos el único contacto directo que tengo con el exterior.

Luego de que se acabaran las charlas en el café y con la gente afuera, que me daban siempre otra visión de cómo se ve, por ejemplo, la inseguridad y el gobierno desde el ojo netamente ciudadano.

La crisis económica y la incertidumbre por la pérdida de empleos, como ya han escrito muchos, es casi peor que la enfermedad. Hoy Salinas Pliego declaró que: “No moriremos de coronavirus pero sí de hambre”.

El multimillonario empresario justifica así su decisión de mantener abiertas las empresas de Grupo Salinas pese a la contingencia, y dice de que las medidas que se han tomado a nivel mundial se fundaron en una premisa falsa: que el Covid-19 significa muerte.

Casi como lo hizo el presidente de Brasil, Salinas pide hacer vida normal para evitar detener el desarrollo económico y que la gente termine muriendo pero de hambre, por la falta de empleo.

Otros economistas, empresarios y sociólogos también han afirmado que el “aislamiento” es un privilegio de clases sociales. Porque realmente las personas con comercios, oficios o empleados, no tienen  más opción que salir a trabajar, literal porque si no “no comen”.

Las conclusiones sobre los efectos del aislamiento son muchas, otros más piensan que no hay nada más valioso que la vida y que es mejor aguantar un par de meses, pero conservar la salud para después salir a recuperarse.

Todos, absolutamente todos, tenemos una historia que contar sobre cómo la pandemia está afectando nuestras finanzas y la de nuestros seres queridos.

Una de mis tías, con un restaurante que abría los 365 días del año, se vio obligada a cerrar su negocio por primera vez en años, porque no hay clientes y es más cara la operación. Ha decidió mandar a sus empleados con medio sueldo a sus casas por al menos un mes y se ha alertado cuando algunas previsiones señalan que la crisis podría extenderse hasta octubre.

La mamá de una de nuestras compañeras, que es encargada de revisar la administración de tres locales en el Centro Histórico de Puebla también está sumamente preocupada, la falta de clientes los obligará a cerrar en el corto plazo y ella también podría perder su empleo.

Como muchos hacen, aunque está dada de alta en el IMSS, su registro es solo con el salario mínimo, por lo que en todo caso es ese sueldo el que su patrón estaría obligado a pagarle.

Otra compañera más tiene una hermana que apenas hace un par de meses abrió un salón de Yoga, con previsiones claras sobre en cuánto tiempo podría recuperar su inversión y comenzar a tener ganancias.

El virus la ha dejado sin clientes, a pesar de que su establecimiento no promueve la convivencia masiva de personas, con un contrato de renta por cumplir su situación es sumamente complicada, porque la mayoría de estos pequeños empresarios no tienen finanzas suficientes para sobrevivir más de un mes sin entradas ¿y, sin clientes, qué caso tiene?

Otros más creen que aunque el gobierno no los obligue a cerrar, será la propia dinámica de los ciudadanos los que los va a orillar a dejar de prestar sus servicios, cada vez son menos las personas que acuden a comprar.

Uno más, que trabaja en ventas de una empresa de seguridad, ha visto terminada toda su previsión anual, basada en que sus mayores ingresos vendrían de los eventos privados, como conciertos, que contratan sus servicios y que hoy ya fueron cancelados.

Las historias no se detienen, a todos de muchas formas les está afectado la crisis económica en el país y no tienen posibilidad de resistir.

Todo se empeora con el aumento del precio de la canasta básica.

Hasta ahora el gobierno de Puebla no ha implementado medidas para el apoyo a pequeños comercios, aunque Miguel Barbosa sigue atendiendo a 20 poblanos de forma diaria.

Los que sí ya se formaron desde hace días son los empresarios, que piden condonación del ISR, pagos de luz, agua, y hasta que Finanzas y el estado detenga las auditorías que están facultados a hacer.

No es que ellos no necesiten apoyo económico, pero esas medidas no alcanzan a la población más vulnerable.

Gobierno de Puebla

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