Academia
El día en que “la marea blanca” inundó las calles de Puebla para exigir justicia y un alto a la violencia
Miles de estudiantes de medicina salieron a las calles de la capital poblana cansados de la delincuencia de la que son víctimas todos los días, y para indignarse ante el asesinato de 3 de sus compañeros tras asistir al Carnaval de Huejotzingo
Los alumnos de la BUAP despertaron. Después de ser víctimas todos los días de la delincuencia y de que el pasado 23 de febrero asesinaran a tres estudiantes de Medicina que asistieron al Carnaval de Huejotzingo, miles de universitarios salieron a las calles. Vestidos con sus batas blancas inundaron las principales vialidades de la capital poblana clamando justicia y exigiendo seguridad #NiUnaBataMenos fue la consigna.
El asesinato de los colombianos, Ximena Quijano y José Parada quienes estaban de intercambio en la UPAEP, así como de Francisco Xavier Tirado de la BUAP y Emanuel Vital, conductor de Uber, la noche del domingo 23 de febrero tras asistir al Carnaval de Huejotzingo, sacudió a los universitarios, los armó de valentía e incitó a que se organizaran para salir a las calles.
Los sueños de juventud construidos a lo largo de la carrera de medicina les fueron arrebatados a Ximena, José y Francisco, en un abrir y cerrar de ojos, después de disfrutar del ambiente carnavalesco de Huejotzingo. Los colombianos fueron felices en México, el país en el que querían salvar vidas, el país que les quitó la suya.
El color que es símbolo de la salud, paz y armonía, se convirtió en una gran “Marea blanca”, que rápidamente inundó las calles de la capital poblana. Pero ahora, las manchas al rojo vivo tiñeron algunas de las batas de este nueva generación de estudiantes de Medicina y Enfermería.
La mega marcha estudiantil fue un reclamo contra la inseguridad y la falta de acción por parte de las autoridades, impulsados por el hartazgo de vivir con miedo pic.twitter.com/a4FU4pK9N2
— RevistaRayas (@RevistaRayas) February 27, 2020
Por la calle 5 Poniente, frente al Congreso del Estado, en el boulevard 5 de Mayo y en la 14 Oriente frente a Casa Aguayo, se dejó ver esta “Marea blanca”; miles de estudiantes de Medicina marchando, exigiendo un alto a la delincuencia de la que son víctimas todos los días. Los drones y fotógrafos captaron en tomas aéreas, las movilizaciones de los futuros médicos que no cabían en las vialidades, que con coraje salieron a clamar justicia.
El luto invadió los edificios de las facultades de salud de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Los accesos se vistieron con veladoras, moños negros a puertas cerradas y salones vacíos, mientras se hacía el pase de lista con los nombres de las víctimas, seguido de un ensordecedor grito de “presente”.
Durante los paros y las marchas, las lágrimas no fueron suficientes para dejar ir el dolor que cada hombre y mujer sintió al enterarse de que las víctimas de la terrible tragedia en Santa Ana Xalmimilulco, Huejotzingo, eran sus amigos, colegas y futuros héroes.
Ser estudiante es un peligro”, sentenciaron las voces de los contingentes; “Ni una bata más”, se leía en los carteles; “¡Justicia!”, el coro de la rabia en el contingente conformado por miles de universitarios.
Señor, señora, no sea indiferente, se matan estudiantes en la cara de la gente”, invitó a los poblanos y poblanas a unirse al reclamo, porque nunca se sabe cuándo alguien puede vivir la tragedia de cerca, porque si no es un asalto, un robo con violencia, incluso un feminicidio.
Quebrados, desgarrados, pero fuertes, los manifestantes pisaron las inmediaciones de Casa Aguayo en busca de respuestas por parte de las autoridades del estado de Puebla, y ahí pasaron lista por aquellos que ya no están en cuerpo, pero sí en la memoria de millones de mexicanos.
La mega marcha estudiantil realizada el martes 25 de febrero y las del 26, fueron un reclamo en contra de la situación de inseguridad, de la falta de acción por parte de las autoridades, impulsados por el hartazgo de vivir con miedo en la entidad poblana y, al mismo tiempo, fue una de las más grandes muestras de empatía, solidaridad y cariño hacia sus compañeros asesinados, así como sus respectivas familias.
La violencia duele, la corrupción duele, la impunidad duele, tres estudiantes y un hombre trabajador asesinados en Puebla… duelen.
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