Regularmente, la nota roja narra acontecimientos crudos, sangrientos, que no son aptos para todos los ojos. Pero en otras ocasiones, estos hechos se vuelven absurdos y, sin dejar de ser terribles, provocan o bien una sonrisa socarrona o una carcajada.
El 24 de mayo de 2001, la reportera de El Sol de Puebla, Mónica J. Franco informó que Mario Sosa García, policía auxiliar, quien tenía 18 años, perdió la vida cuando jugaba a “la ruleta rusa” o al “paso de la muerte”.

De acuerdo con la declaración de su esposa, Olivia Guzmán Vázquez, su marido había regresado de trabajar y descargó su arma, porque a ella no le gustaba que llevará su pistola a su hogar.
Cuando Mario Sosa se preparaba para dormir, su cuñado llegó a visitarlos.
Inexplicablemente, el policía auxiliar volvió a cargar su arma, introdujo cinco balas en el cilindro, lo cerró, y comenzó a jugar con ella. A manera de juego, Mario se metió la pistola a la boca y la sacó de inmediato.
Olivia intentó quitarle el arma a su marido, pero este no cedió; entre risas, dijo que iban a jugar al “paso de la muerte” o la “ruleta rusa”, y se puso la pistola en la sien.
Harta, Olivia salió de la recámara y en ese momento escuchó un disparo. No quiso regresar a ver, se echó a correr para pedir ayuda a un vecino mientras su hermano pedía a gritos una ambulancia.
Paramédicos de la Cruz Roja trasladaron a Mario Sosa al hospital de Traumatología y Ortopedia donde perdió la vida por un traumatismo craneoencefálico.

