“No te detengas, mi niño, esto lo tengo que superar algún día. Gracias Dios por prestármelo”, gritaba la mamá de Josué Onassis de la Rosa Sánchez al mismo tiempo en que se negaba a soltar un listón blanco que amarró a la caja de su hijo para no separarse de él mientras era bajado poco a poco a su tumba.
La caja blanca de Josué Onassis, quien luchó tres años contra el cáncer, llegó al panteón Puerta del Cielo minutos después de las 15:00 horas del lunes19 de agosto. Ahí, ya era esperado por el mariachi y antes de bajar el féretro, dos agentes de la Policía Estatal que lo acompañaron hasta el camposanto e hicieron guardia.
Tu sonrisa en mi mente he guardado, tus caricias nadie las borró, tengo el corazón hecho pedazos
pero estoy confiado en que todo acabó. No perdiste, supiste ganar, mil batallas pudiste enfrentar pero Dios te quería con cariño y por eso mi niño te quiso llevar. Descansa mi amor, descansa mi bien, descansa campeón, que todo está bien…
Era la canción que cantaba el mariachi mientras el papá y tío de Josué cargaban su féretro hasta dejarlo frente a un padre, quien realizó una misa de cuerpo presente. Arriba del ataúd colocaron dos fotografías del pequeño: una de él sonriendo y otra con una bandera de México en la 25 Zona Militar cuando cumplió el sueño de ser “Soldado por un día”.
Su padre abrazaba a su madre, quien parecía contener el llanto y en ningún momento soltó una gorra azul de Capitán América, la favorita de Josué.
Durante la misa y el sepelio se lanzaron cohetes que llevó la propia familia de Josué.
La despedida llegó. El padre que ofició la misa echaría agua bendita a la caja de Josué, pero su familia prefirió que se abriera para que fuera el propio pequeño quien recibiera la bendición. Ahí estaba Josué, dormido como un ángel, el ángel que fue para sus padres, quienes decidieron que se llevara con él el uniforme de militar que tanto soñó ser.
Antes de ser sepultado, su madre abrazó la caja, soltó en llanto y dijo: “Gracias Dios por prestármelo”, mientras su esposo, haciéndose el fuerte, intentaba reconfortarla a pesar de que también estaba destruido.
Cuando el personal del panteón amarró unas cuerdas en la caja para bajarla a la tumba, la mamá de Josué amarró un listón blanco que nunca soltó. Después, ella se derrumbó, soltó en llanto y se hincó frente a la tumba de su hijo: “No te detengas hijo, esto lo tengo que superar algún día”.
El sacerdote también intentó dar consuelo a la familia y les hizo saber que Josué ya estaba gozando de la plenitud y el descanso.
Pero las palabras no daban aliento alguno a la mamá de Josué, quien era detenida por su esposo pues por momentos, parecía que quería arrojarse con su hijo.
Mientras la retroexcavadora echaba la tierra, los primos de Josué lanzaron globos blancos y también echaron burbujas: “No me dejes”, gritaba llorando un niño que también era abrazado por su mamá.
La madre de Josué, con las dos fotografías de su hijo abrazadas, la gorra azul y el listón blanco, se hincó nuevamente y con la cabeza abajo lloró hasta que comenzaron a colocar las flores y decidió acostarse a un lado de su hijo.
Para ese momento, su esposo también estaba destruido, así que se acercaron dos mujeres para auxiliarla, quienes le dieron a oler alcohol y la abrazaron.
El mariachi, en total silencio y sabiendo que no hay palabras que den consuelo en ese momento, se retiró.
Después, en una bocina pusieron el audio donde la 25 Zona Militar reconoció a Josué Onassis de la Rosa como soldado honorario del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana.
“El día de hoy, el personal de generales, oficiales y tropa se complacen en recibir la visita del niño Josué Onassis De La Rosa Sánchez, quien a partir de esta fecha, se reconocerá como soldado honorario del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana. Deseamos hacer saber a nuestro distinguido visitante que los aquí presentes sentimos un gran respeto por su determinación y actitud demostrados al enfrentar con valor los obstáculos que la vida ha puesto en su camino, siendo constante en la lucha por sus sueños, cual soldado en el cumplimiento de una misión que, debo manifestar también al soldado De La Rosa, su actitud ante la adversidad nos motiva e inspira a poner nuestro mejor esfuerzo en las actividades que llevamos día a día”.
En diciembre de 2016, a Josué Onassis de la Rosa le diagnosticaron un tumor en el cerebro. El pequeño de entonces 9 años de edad soñaba con ser soldado, como su papá y el 2 mayo de 2017, la 25 Zona Militar en Puebla le hizo realidad ese sueño.
Para ese entonces, Josué ya se encontraba en etapa terminal y tres meses antes ya había sido intervenido quirúrgicamente pero para el 10 de mayo, tenía programada otra cirugía.
En aquella ocasión, sus tías explicaron que Josué era un niño muy deportista que incluso, ganó medallas. Pero la enfermedad lo estaba debilitando pues casi al final de su recorrido por las instalaciones de Escuela de Sargentos, Josué se comenzó a sentir mal y vomitó, pero quiso terminar de ver el desfile que se presentaría el 5 de mayo.
Al final, sus padres lloraron de alegría y agradecieron infinitamente el permitir que Josué no se fuera de este mundo sin cumplir el sueño de ser militar, a quienes admiraba gracias a su padre.
Después de casi tres años, este 17 de agosto, los médicos del Hospital Militar de la Ciudad de México decretaron la muerte de Josué. Con todo el dolor, en ocasiones su madre asentaba la cabeza ante las palabras del sacerdote: “Josué dejó de sufrir”.
