24 de Septiembre del 2018

La reforma educativa… ¿vale la pena mantenerla sin cambios? (I)

Por Martín Ochoa / /

lalampara interiores

Este artículo es el primero de una serie en donde abordaré la reforma educativa con el objetivo de informar sus particularidades y la intención de que usted mi querido lector evalúe si es correcto el discurso de que la reforma educativa, tal y como está planteada, puede impulsar a nuestras futuras generaciones hacia un futuro más preparado.

Una reforma cuestionada desde su origen:

Imagine por un momento mi querido lector que se encuentra laborando en una institución en donde su forma de trabajo es constantemente modificada, a veces por el deseo del patrón, en otras por el de sus clientes, donde usted supone que está trabajando bien pero que realmente no tiene certeza de la efectividad de su labor diaria porque incluso la sociedad le recrimina resultados que tampoco están en sus manos.

Una situación desesperanzadora ¿verdad? Bueno pues vale la pena mencionar que esta es la realidad que vive actualmente la docencia en México, si así es, históricamente los docentes se han visto envueltos en una profesión donde la sociedad que una vez los admiró –especialmente por la labor de actores políticos como lo fueron Lázaro Cárdenas-, actualmente es blanco de burlas y desprecio por otros actores mediático-políticos. Si, desde los medios televisivos donde programas como “cero en conducta” hasta los noticieros pasando por los medios tradicionales de comunicación, la imagen del profesor ha sufrido niveles de degradación impensables para grandes impulsores de la educación en nuestro país como lo fueron Pedro de Gante o José Vasconcelos.

Por supuesto que habrá quien pueda pensar que esto no es cierto, que los noticieros cumplen con su labor de informar y que los programas cómicos son sólo una extensión jocosa de un anecdotario cotidiano en el aula. Infortunadamente no es tan trivial y mucho menos es un problema banal. Parece increíble que aún y cuando sabemos la importancia estratégica que tiene la educación en nuestra sociedad y el impacto que ésta tiene en el futuro de nuestros hijos, tanto las políticas públicas como los medios de difusión de la información se han limitado a declarar que el actuar docente –indistintamente del nivel educativo del que se trate-, está motivado por no perder el empleo, por no querer capacitarse, por no querer actualizarse y un gran conjunto de argumentos.

El magisterio se ha visto criminalizado, evidentemente por los tiempos políticos este esfuerzo se ha diluido porque es más importante seguir a los candidatos presidenciales, y precisamente por esta circunstancia, el discurso oficial se ha modificado prefiriendo mantener a raya cualquier esfuerzo por agraviar a quienes durante todo el sexenio se dedicaron a ofender, ahora, la moneda de cambio se llama voto y -hay que aceptarlo-, el voto del magisterio pesa y bastante.

La retórica oficial se ha dedicado a pregonar que el nuevo modelo educativo –producto de la reforma educativa-, es mejor, que gracias a él ahora las escuelas cuentan con más recursos económicos, con maestros de calidad quienes enseñan bajo un enfoque innovador y que impactará de manera trascendente en la educación de nuestros hijos, todo esto como se da por hecho como si no supiéramos que, para empezar, el modelo educativo inició como una reforma laboral cuyo principal interés fue especialmente político y económico y que hasta el año pasado –y después de tantas críticas-, por fin la Secretaría de Educación Pública emitió una serie de documentos dirigidos a explicar la operación didáctica y pedagógica del actual modelo.

Al gobierno del presidente Peña no sólo le faltó visión, sino también tiempo para poder instrumentar el nuevo modelo educativo, la reforma educativa se inició desde el aspecto laboral, afectando directamente a uno de los principales actores del proceso de enseñanza-aprendizaje generando en ellos incertidumbre y molestia, el argumento de que el sindicato era el que regía la operación del proceso educativo (un argumento correcto por cierto, pero que al mismo gobierno se le olvidó convenientemente mencionar que esa fue una concesión presidencial desde la etapa de Calderón), esto sirvió como pretexto para comenzar con una serie de acciones que desembocaron en movimientos magisteriales que –de manera justa-, solicitaban la revisión de las nuevas propuestas laborales.

Este primer momento considero que fue determinante para dificultar la instrumentación del nuevo modelo educativo ya que de inicio este no estaba aun claramente definido, para entonces el gobierno sufrió mucho desgaste puesto que, aunque a la vista de la sociedad la imagen de la maestra Gordillo no era apreciada, también existía la sensación de que no todos los maestros eran revoltosos, flojos ni que vivían solamente al amparo del sindicato. Un par de mensajes enviados por parte del gobierno: el primero la elección del nuevo líder sindical a modo y la segunda fue la aprobación del modelo educativo sin que de existiera evidencia de que escucharon a los intelectuales, investigadores y la planta docente fue formando un caldo de cultivo que con el paso de los meses transformó la percepción de la sociedad.

A la par de las marchas, plantones, cierres de carreteras y demás acciones emprendidas por el magisterio especialmente en el sur del país, los medios de comunicación sirvieron para mantener enrarecido el ambiente en contra de la planta docente. Opinadores profesionales, lectores de noticias y hasta actores de la farándula dedicaron ese tiempo a atender la agenda gubernamental. Extrañamente apareció en ese tiempo una organización denominada “los niños primero” para golpear mediáticamente a los magisterios de Oaxaca, Guerrero y Michoacán y posteriormente la fundación “Mexicanos Primero”, quienes acapararon los tiempos de radio y televisión para gritar a los cuatro vientos que la educación en México era un desastre, argumento apoyado en los resultados de las pruebas PISA y ENLACE donde el tono de la información era indicar que el principal culpable de esto era el maestro.

Este clima de criminalización tuvo un desafortunado clímax: el 26 de septiembre de 2014 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa fueron abordados por el crimen organizado y los desaparecieron, hecho donde estuvieron coludidos no sólo criminales sino también elementos de la fuerza pública. Si de por si el hecho de que se demostrara en este caso una vez más que no hay división entre el hampa y los cuerpos policiacos, indignó aún más a la población que por una parte fueran jóvenes y por otra futuros maestros quienes deseaban trabajar en sus comunidades rurales enseñando a hijos de campesinos.

La mesa estaba servida para cuestionar el actuar del gobierno en un tema en donde convergieron tanto el conflicto magisterial como su papel como protector del orden social, infortunadamente las respuestas de tanto de la secretaría de gobernación como de la misma presidencia no fueron lo suficientemente contundentes para generar un clima de confianza en la sociedad civil, a partir de este punto se marcó un claro rompimiento entre el discurso oficial relacionado con la educación y la sociedad.

Juan Nájera

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