12 de Diciembre del 2018

Sí al pasado

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

No podemos vivir en el pasado, el presente resulta ser lo más cierto pero muchas veces me he preguntado cómo lidiar con mi memoria, con mis recuerdos, sean estos buenos y/o malos.

Tengo una mente que trabaja demasiado, vivir siempre me ha dado una ansiedad incalculable. Vivir el día a día me supone trabajar con y contra mi mente que está en todos los sitios y todas las profundidades y esto me ha sucedido desde chico, desde que tengo consciencia.

A veces me asusta y me parece demasiado arriesgado decir que la vida es únicamente hoy, ahora y que el pasado y el futuro no deben suponer un problema. El budismo y los sacerdotes de la felicidad designan el presente con todo el valor posible y lo demás es pasajero o inverosímil.

Como dije, este pensamiento me asusta demasiado y todos mis días, la mayoría del tiempo, revivo ciertas memorias por una u otra razón o contemplo el futuro sin tener idea de lo que estoy contemplando.

No tengo ni la menor idea de por qué decimos que debemos desprendernos un tanto del pasado. Para mí es demasiado complicado y es que, de una o de otra manera, a mi pasado desastroso o privilegiado le he tomado un enorme cariño.

En todo este año he vuelto a ver una de las caricaturas que más me han gustado. Los Caballeros del Zodiaco me pareció siempre una serie con un contenido bastante entusiasta y, casualmente, durante este año que reviví ciertas emociones de niño, descubrí la carga positiva que la caricatura y los desarrolladores le imprimen al pasado. El culto del pasado como un gran puente al presente para conseguir aquella meta que nos parece imposible. Las escenas con los personajes son casi similares, un caballero del zodiaco puede estar casi muerto pero un recuerdo lo revive, le fortalece su cosmo y lo imposible se vuelve posible. ¿No es esta una imagen maravillosa?

Hay cosas que en mi caso yo no desearía recordar pero esos sucesos que aparecen en mi consciencia, en momentos fuertes de mi vida, me han hecho seguir adelante, llámese por una cuestión de orgullo o de fuerza espiritual.

No sé quien dijo esa frase tan acertada, “recordar es volver a vivir” y creo que los recuerdos nos sirven en el presente como señales de advertencia o como indicios para valorar y reconocer nuestro camino y nuestro destino.

Si le prestamos atención a la muy aclamada y muy vista película “Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos” coincido con la postura de que no nos duele tanto ver la culminación de una relación amorosa como nos duele el hecho de ser espectadores del cómo los recuerdos de esa pareja se borran, se anulan... y sin embargo, ocurre una ligera esperanza por mantenerlos aun cuando resulta imposible para el protagonista echarse para atrás. La escena es maravillosa. El protagonista en el auto ve cómo los recuerdos van desapareciendo, cómo se van para siempre esos momentos de vida que le brindaron tristeza y felicidad y aun así, desea aferrarse porque es lo único que le queda.

De alguna forma todos acudimos a nuestros recuerdos cuando la vida nos coloca en momentos complejos, cuando tenemos que tomar una decisión. A veces acudimos a ellos también para salvarnos porque sabemos la poderosa fuerza energética que nos brindan, que nos brinda el pasado.

Yo no conozco a una persona que sea capaz de decirme que vive sin pasado. Es imposible y también creo que hace mucho daño decir “ya lo pasado pasado”.

Depende del temple de cada quien pero, repito, en mi caso, el pasado me es inevitable ya que también soy una construcción de lo que aconteció en mi vida.

Si bien el aquí y el ahora es importante ¿por qué desestimamos aquello que nos sucedió? ¿Por qué se nos niega de una o de otra forma recurrir a nuestras memorias?

Me resulta demasiado vanidoso el decir que sólo el presente es importante.

Desconozco el por qué está esta tendencia de nulificar el pasado. Hasta las máquinas tienen memoria.

Recordar nos da fuerza, recordar nos salva y claro, no podemos vivir atados en el pasado pero siempre es válido, como el título de García Márquez, vivir para contarla.

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