23 de Septiembre del 2018

Prevenir el suicidio

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Aquella noche la había yo designado como la última. Ya no quería bajo ningún motivo continuar viviendo. Estaba por terminar una relación que me aturdía demasiado, observaba mi futuro colapsarse y observaba la destrucción de cada cimiento que había yo creado, mis demonios aparecían ya no como susurros sino como sendas declaraciones de que todo iba mal, aparecían esas imágenes de mi niñez fracturada por un adulto, aparecían esas imágenes de mis compañeros de la escuela golpeándome en el estómago y repitiéndome mil y un veces que era maricón, observaba las burlas de quienes según era mis amigos y terminaron dándome la espalda y observé que mi interior estaba lleno de vicios, de vacío, de hartazgo.

Aquella noche quería arrebatarme la vida y cuando ya estaba dispuesto a hacerlo una llamada de teléfono sacudió mi universo. Mi madre preguntaba si estaba bien porque me había visto mal aquella tarde, me había sentido desesperado y lo único que hice fue decirle (lo que podía decirle porque estaba con el alcohol en el tope) que todo iba a estar bien, que la iría a ver pronto y contarle lo que me sucedía.

Cuando colgué, recuerdo, caí al suelo y las lágrimas me cubrían todo el rostro pero, de alguna manera me sentía tranquilo…Me decía hasta quedarme dormido que aun no era el momento de irse de este mundo.

Desde aquella noche ese pensamiento se volvió constante y latente. De niño lo tuve pero mi imaginación hizo que todo fuera un poco más llevadero y aun así, recuerdo bien, en algunos sueños perdía la vida. Se intensificó el pensamiento en mi adolescencia hasta aquella noche y después, ha sido difícil olvidarlo. Para personas que convivimos con este tipo de pensamiento, terminar un día en la cama durmiendo con cierta tranquilidad se vuelve una increíble victoria.

Han sido la terapia psicológica, la meditación, la música y la escritura sendos caminos de aceptación, de sanación y también, superpoderes que me han ayudado a decir, “sí, estoy sobreviviendo y me siento bien” y créanme que no ha sido del todo fácil. De alguna forma, el infierno interno aparece y hace que todo parezca terrible. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, la vida parece una lucha de nunca acabar.

Hace un par de artículos comenté que aquellos que se encargan de ser sacerdotes de la felicidad no tienen ni la más mínima idea de lo que es vivir con el martirio constante que los demonios pasados encausan. En mi caso, como dije anteriormente, terminar el día “bien” es un milagro.

Recuerdo algunos conocidos que, al abordar el tema, me decían que el suicido era una cobardía y otros que deseaban constantemente tener algún trastorno psiquiátrico y se inventaban enfermedades mentales porque, palabras de ellos, “todos los intelectuales lo tienen”. Claro que mi respuesta interna (fui cobarde, claro, nunca se los dije de frente) era que no tenían ni la más jodida idea de lo que es vivir con el colapso del espíritu y de la mente. En mi caso, hablar de mi problema era terrible. Siempre preferí el silencio porque, “ojo”, tener tendencias suicidas implica ser “cobarde”, “loco”, “pecador” o “mala influencia”, según la sociedad. Y así, estas tendencias del silencio crean esos tontos comentarios cuando el suicidio ocurre. Comentarios como “si se veía tan feliz, ¡quién iba a imaginarlo”.

Así como el cáncer que no sabe uno que lo tiene hasta que el problema es casi imparable, estas ideas son tan poderosas que no sucumbir a ellas es, como lo dije anteriormente, una victoria.

Recuerdo que a algunas personas con las que pude abrirme para contarles este problema me decían que alguien como yo no tenía derecho a sentirse así, juzgaron mis múltiples encierros de cuarto donde no paraba de llorar y una que otra persona llegó a decirme, textualmente “ay, pobrecito, nadie te quiere”.

Cuento esto porque el 10 de septiembre (ayer) se conmemoró el día mundial para la prevención del suicidio y leer que la tasa ha subido en un 60% según la OMS, me parece aterrador.

Mucho se habla en escuelas sobre la prevención de embarazo, el cuidado sexual, el prevenir enfermedades sexuales, el no caer en alcoholismo o en drogas pero poco, muy poco, se toca el tema de la prevención del suicidio. Sepan ustedes que el suicidio no distingue edades, hay adultos mayores que deciden quitarse la vida y también sucede en niños (es cierto, hace poco una niña, hija de amigos de la familia, se quitó la vida).

El tener episodios depresivos y pensamientos así son grandes alertas. Mi psicóloga la primera vez que me dio terapia me preguntó cuántos días de la semana solía vivir con el desgano total y al decirle que todos inmediatamente la siguiente pregunta fue ¿cuántas veces has pensado en quitarte la vida?.

Si conocen personas que viven constantemente estas batallas internas que no se traducen en breves pasajes de melancolía o de tristeza, sino en episodios latentes de tristeza o de desolación, por favor, no juzgue e inmediatamente haga todo lo posible por ayudar a aquella persona que siente que la vida lo está aplastando.

Recuerdo mucho a una chica que me dijo que como siempre estaba triste no le funcionaba como hombre, que ella lo que quería era, prácticamente, un macho todopoderoso que desconociera totalmente la tristeza… bueno, creo que ni Thanos es así.

Si alguien padece de depresión aguda recomiendo ampliamente ir con un psicólogo y pedir la ayuda necesaria con la familia y amigos que rodean. A mí me sucedía mucho la vergüenza y creo que por esa vergüenza dejé pasar mucho tiempo y estuve cerca de atentar contra mí. Nunca es demasiado tarde y nunca estamos totalmente solos, eso es cien por ciento seguro.

Información del IMSS nos dice lo siguiente:

Si alguien habló de suicidarse, pero actualmente ya no lo hace ¿aún hay riesgo de que se suicide?

VERDADERO: Cuando alguien habla de suicidarse o ya intentó hacerlo, es muy probable que tenga la misma idea o vuelva a intentarlo. Es aconsejable que reciba atención psiquiátrica o psicológica.

Quien se suicida está decidido (a) a terminar con su vida:

FALSO: Cuando alguien piensa que la única salida a sus problemas es el suicidio, no desea morir sino dejar de sufrir. Es importante hacerle saber que existen otras opciones y que acudir al médico o al psicólogo podría ser de gran ayuda.

Una persona estaba muy angustiada y hablando de suicidarse pero ahora está muy tranquila y feliz, ¿eso significa que ya pasó la crisis?

FALSO: Cuando una persona decide suicidarse, puede verse tranquila porque piensa que ya encontró la solución a sus problemas, pero en realidad está en mayor riesgo de atentar contra su vida.

Los suicidios son imprevistos y no se puede hacer nada para prevenirlos.

FALSO: Un suicida da muchas señales, empieza a planear su muerte arreglando sus asuntos, regalando sus pertenencias, despidiéndose, haciendo testamento o escribiendo notas suicidas. Si alguien a tu alrededor presenta estas señales, es muy importante hacerle saber que cuenta con tu apoyo y que existen opciones de ayuda.

Las personas suicidas son personas malas, pecadores o son cobardes.

FALSO: No es correcto juzgar como buena o mala a una persona suicida. Es alguien que sufre emocionalmente más de lo que puede tolerar, casi siempre debido a una depresión de fondo y requiere diagnóstico y tratamiento.

Para más información: http://www.imss.gob.mx/salud-en-linea/infografias/prevencion-suicidio

Juan Nájera

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