Sunday, 17 de November de 2019

Confirmado, de enfermero me muero

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

¿No les pasó que de pubertos y adolescentes querían ser todo?

Doctores, ingenieros, contadores, abogados, psicólogos, veterinarios, sobrecargo, políticos y un sinfín de profesiones. Incluso, hasta las menos comunes como astronauta, investigador del FBI, etc.

Y con el paso del tiempo vamos descartando cada una de esas opciones de acuerdo con nuestras aptitudes y cualidades, hasta que por fin encontramos algo para lo que somos buenos, o algunos desde muy chavitos ya saben qué quieren ser y descubren que tienen talento para ello.

Así yo, por mucho tiempo quise ser arquitecto o ingeniero, pero es la fecha en que no puedo hacer una línea completamente derecha o un círculo completamente redondo, ni las matemáticas se me dan.

En la secundaria y en la prepa estuve en dibujo técnico e industrial, pero los resultados fueron pésimos.

También quise ser doctor y químico, pero tampoco podía desarrollar las fórmulas de la química, aprenderme todas las partes del cuerpo, ni dar respiración de boca a boca, inyectar o al menos cuidar. Y justamente, lo más fácil, cuidar a un enfermo es algo que se me complica demasiado.

Anteriormente les conté cuando me tocó cuidar a mi abuelito: salió volando de la camilla, lo lastimé y terminó diciéndome que solo lo fuera a visitar, que ya no era necesario que lo cuidara.

Pues la teoría de que soy pésimo cuidador se confirmó el fin de semana pasado.

Verán:

Me tocó cuidar de noche a mi muy querido y adorado Osy doc alias Arturo Rueda, luego de que tuvo un proceso quirúrgico de rutina. Llegué en punto de las 9 de la noche para instalarme, me puse mi traje de enfermera: faldita sexy, guantes blancos, ligueros, y el gorrito típico de enfermera que no sé cómo se llama.

Ayudé una vez a Osy doc o bueno intenté ayudarlo pero él ya había quitado el carrito de su cena, quise ayudarlo a levantarse para ir al baño, pero él ya se había levantado y solo le jalé el suero para que pudiera caminar libremente.

Salió del baño, quise ayudarlo a sentarse en el sillón reclinable.

Pero ¿Qué creen?

Sí, ya se había sentado. Incluso, solito acomodó el sillón, lo puso en el ángulo exacto como le gusta, acomodó el suero, subió los pies y a pesar de que no tenía fuerzas se reclinó para echar hacia atrás el respaldo.

Realmente no necesitaba mi ayuda, él solito podía hacer sus cosas, él se valía por sí mismo.

Lo único que pude hacer para ayudarlo fue poner una película “Estación Zombi”, de origen coreano.

Después de que empezó a correr, tendí mi camita, acomodé las cobijas, la almohada y:

Osy: ¡Está muy padre la película amigo Yona!

Yona: ¡Sí Osy, está buení……. Zzzzzzz, zzzzzzzz, zzzzzz!.

Ni siquiera terminé de decir la oración, me quedé dormido.

Y en mis sueños a lo lejos, escuchaba los quejidos de Osy doc pidiendo agua, sus malabares para levantarse al baño, sus dolencias, sus estornudos de que estaba destapadito y por más que mi mente le decía a mi cuerpo que se levantara para poder ayudarlo, el cuerpo no respondía.

—¡Chingada madre! ¡Me lleva! ¡Aaaaah ya tiré el suero! ¡Ya se me zafó la aguja!— eran algunas de las expresiones que escuché en todo la noche y no pude si quiera moverme para cambiar de posición, mucho menos podía ayudar al Doc en su agonía.

Y de manera inconsciente y autómata, mi mente intentó usar la programación neurolingüística para ayudarlo —¡No tienes frío! ¡No te morirás sin el suero! ¡No te gana del baño! ¡No tienes dolor!— pero como nuestras mentes aún no están conectadas, por supuesto los mensajes nunca le llegaron.

Y quedé profundamente dormido en un sueño del que no pude despertar hasta al día siguiente a las 10 de la mañana y con mucha pesadez. Ya estaba su siguiente cuidador, Héctor Hugo quien había llegado desde las 8 de la mañana para auxiliarlo.

Ya lo había llevado al baño, hasta se la había sacudido, limpiado la cola, ya habían entrado las enfermeras a revisar el suero, sus signos vitales, ya lo habían revisado los doctores y hasta lo habían dado de alta y yo seguía durmiendo.

Moraleja: nunca me pidan que los vaya a cuidar.

¡Claro! Chinguen al guapo.

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