Thursday, 21 de November de 2019

Feliz 15 de Septiembre

Por Yonadab Cabrera / /

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Ya les he dicho mis queridos amigos que pocas cosas me dan pena y es que tantas veces la he embarrado que una rayita más al tigre no me preocupa.

Y a propósito del 15 de Septiembre estaba recordando una anécdota que me sucedió hace mucho, mucho, mucho tiempo, no el suficiente para sentirme ñoño y un poco tonto.

En realidad iba en tercero de secundaria, o sea tenía unos 14 años, una vida por delante y una adolescencia en efervescencia. A los 14 años los Reyes Magos ya no te traen juguetes, ya sabes que Santa no existe, ya no sales a pedir “Calaverita”, no juegas con tus luchadores, a la bici, con la tierra, o al papá y la mamá... bueno, sólo los precoces.

Sí, a los 14 años de edad cuando ya tienes peluche en el estuche, ya alcanzas el timbre y das tus primeros besos, no juegas a la “Escolta”, menos si eres de la “Escoltaaaaaaaa”, nadie nunca en la vida, solo yo.

Ahora que lo pienso es un poco vergonzoso que a esa edad juegues a esas tonterías y con niños de primaria, pero como en la secundaria no me dejaron ser el abanderado, una vez más manipulé a mi hermana y a uno de mis primos para que en nuestra “Escolta” yo llevara la Bandera y ellos fueran mis lacayos.

Lo sé, doblemente tonto a mi edad.

Pero lo peor aún no pasaba, lo triplemente tonto estaba por venir. Otra prima me haría la entrega de la Bandera —nuestra Bandera era una de esas que venden en los mercados, de palito de madera como de 20 centímetros, y con una punta de plástico amarilla— al recibir al Lábaro Patrio me emocioné tanto que lo jalé fuertemente contra mí y entonces sucedió.

La punta amarilla de plástico se impactó contra mi ojo derecho, sí, me piqué el ojo con la Bandera de ornato y casi lo pierdo.

Me dolió, empecé a chillar, me desmayé y todo lo que se les pueda ocurrir. Corrí de un lado a otro, grité, me desesperé, sentía que era las brujas de la película de Hércules persiguiendo su ojo por todo el piso, poniéndoselo y pegándoselo con cola loca. Por supuesto, me llevaron al doctor a Urgencias, me hicieron lavativa, vendaron la cabeza y taparon el ojo con una gasa, por lo que quedé como pirata.

Lo malo muy malo.

Que en mi primer desfile como “Escolta” de la secundaria iba con mi ojito descomchabadito y tapadito, parecía un pirata, y sentía las miradas de la gente aterrorizada, imagino que pensaban que había sufrido una mutilación.

Moraleja: actúen como gente de su edad y no sean ridículos.

¡Claro! Chinguen al guapo.