Dos mil siete, dos mil nueve, dos mil trece. La historia se repite, usaron el método shakespeareano para dejar la vida de la mano de su ser amado. ¿Locura compartida? ¿Amor ciego? ¿Codependencia? Quién sabe. Lo cierto es que se llevaron su amor, su historia, hasta la tumba.
Vírgenes suicidas
Abril del 2009
A Fernando Flores Salgado y Jenny Anahí Galicia Fernández en el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (Cenhch) se les conocía como la pareja perfecta de adolescentes aplicados, nunca fueron violentos, tampoco probaron las drogas. “Disculpen, pero queremos estar juntos”, decía la carta póstuma de los muchachos. Fue escrita por Jenny e iba con dedicatoria a su suegra. El 18 de abril del 2009 se colgaron del barandal de una escalera.
El miércoles por la noche el abuelo de Fernando llegó a su domicilio. Eran las siete y media de la noche cuando entró a la casa número uno de la calle Luis N. Morones, en Geovillas Los Encinos. Jenny y Fernando pendían de un lazo desde el barandal de la escalera. Saltaron juntos. Murieron a consecuencia de asfixia mecánica por ahorcamiento, según indicó la constancia de hechos número 168/2007. El reconocimiento de los cadáveres corrió a cargo de familiares de ambos.
En ese entonces la historia del doble suicidio se volvió un escándalo. La entonces titular de la Agencia Metropolitana Norte, Rocío Montero Valencia tuvo que dar detalles muy gráficos a insistencia de la prensa.
Fueron encontrados colgados al cuello de un mecate (sic) y sujetos a una escalera fija del inmueble. Se encontró un mensaje póstumo, escrito por la persona de sexo femenino, que se lo dirige a la madre del jovencito (…) el mensaje dice que ellos tomaban esta decisión de quitarse la vida y que ellos querían estar cerca y juntos”.
El peritaje indicó que los menores tenían dos o tres horas de haber muerto cuando fueron encontrados. Se temió lo peor. Un embarazo no deseado, antecedentes de drogas, historias cruentas de bullying que en ese entonces no era un término de moda. Pero los dictámenes sobre algún probable embarazo de Jenny o de uso de drogas en ambos resultaron negativos. No hubo mayor señal. Es más, había pruebas que indicaban que ambos cuerpos jamás tuvieron contacto sexual alguno.
El examen psicológico mostró que ambos estaban afectados por sus relaciones familiares. Los padres de Fernando estaban por divorciarse, mientras que Jenny fue criada solamente por su madre. La ausencia de un padre le hizo buscar cariño en su propio salón de clases. Habían tenido un noviazgo corto y nadie se explicaba el porqué. La noticia provocó que se buscaran responsables, se buscó a los directivos de la escuela, a los padres.
Entre las investigaciones se perdió otra carta dirigida a una de las hermanas de Fernando: “El otro es para mi hermana”, decía el mensaje póstumo, pero en la escena del levantamiento de los cadáveres, como reportó el agente del ministerio público José Ávila García, jamás se halló ningún otro recado al cual pudiera estar haciendo referencia.
En tumbas separadas, contrario a sus deseos, descansan hasta hoy los cuerpos de ambos jovencitos, los vírgenes suicidas.
Una pareja de prestamistas
Octubre del 2009
Rufina y Maurilio hacían negocios prestando dinero, hasta que un día no pudieron más. Tampoco pudieron vivir con tantas deudas. Ambos, irónicamente, por problemas económicos sintieron el agua al cuello y prefirieron poner fin a sus problemas.
No fue enfermizo ni loco amor. Los apuros económicos ya no los dejaban descansar. Así como corretearon a muchos con las deudas, las deudas los persiguieron a ellos.
Ante la fuerte presión económica, según dijeron en varios recados póstumos, se quitaron la vida con un tiro en la cabeza.
Maurilio Cuevas Luna y Rufina Ramírez Huerta, de 53 y 48 años de edad, vivían en unión libre. Sus hijos los encontraron dentro de su casa en la calle Hombres Ilustres número 31 de la junta auxiliar de San Francisco Ocotlán, perteneciente al municipio de Coronango.
Fue el domingo 11 de octubre del 2009 a la una de la madrugada cuando los hijos descubrieron los cadáveres, al ingresar a la recámara que compartían los vieron tendidos en un charco de sangre.
Para cuando fueron encontrados ya era muy tarde. Los servicios de auxilio dieron cuenta que la muerte fue casi de inmediato. Se habló de un doble homicidio, por lo que los policías municipales de Coronango hicieron guardia hasta la llegada del agente del Ministerio Público de San Pedro Cholula. Los familiares no podían creerlo. Se habían quitado la vida por apuros económicos que jamás quisieron admitir en público.
Según las cartas póstumas, Maurilio Cuevas Luna fue el encargado de dispararle a su esposa. Y luego, él se suicidó. En sitio se encontraron cuatro recados póstumos explicando la asfixia que les dejaban los problemas económicos.
Las cartas fueron dirigidas una, a los vecinos de su lugar, una más para el cura del pueblo y otras dos más para sus hijos, deslindando a Maurilio de cualquier sospecha de homicidio, según quedó asentado en la constancia 2524/2009 de San Pedro Cholula. Las autoridades consideraron suficiente prueba las cartas para definir el caso como un doble suicidio y jamás se siguió investigación del tema. Hasta la fecha ronda la duda si en verdad fue un final al estilo Romeo y Julieta o la salida secreta a algún problema que ya nunca se supo, ni se sabrá.
Boda de ultra tumba
Enero de 2013
El lunes 14 de enero del 2013, Néstor Macuil fue encontrado colgado en el patio trasero de su casa en San Martín Zoquiapan, Coronango. Antes del mediodía se ordenaban los detalles del sepelio del joven de 18 años. Al sitio asistió su novia Zayra Huitzil, quien estuvo sumamente callada.
Tras el velorio Zayra salió de su casa, ubicada en el centro de Coronango con un lazo en la mano. Caminó hasta los campos de fútbol, buscó un árbol y se colgó, su cadáver fue encontrado alrededor de las cinco de la tarde.
El porqué de la muerte de Néstor, jamás se supo. De Zayra se confirmó, gracias a un recado póstumo, que amaba tanto a Néstor que quería acompañarlo. Quería estar siempre con él, dijo en la nota póstuma y aprovechó para pedir a sus padres que dejaran de pelear, que no culparan a nadie de su muerte.
Tras el doble suicidio en Coronango, las familia decidió dar gusto en su deseo final. Los enterraron juntos y además los casaron para sellar así el amor que se tuvieron en vida.
El jovencito de 18 años de edad y la chica de 17 años emprendieron una luna de miel de ultratumba, como en una película de Tim Burton. Las familias en común acuerdo terminaron las exequias con los novios juntos en Zoquiapan, donde primero velaron a Néstor llegó después la novia ataviada con su propio ataúd. La vistieron de blanco, y a él de gala. El deseo de las familias fue tal que hubo víbora de la mar, tocaron vals y danza del guajolote. En el panteón de San Martín Zoquiapan fueron sepultados juntos un día después, para ser felices por siempre.