El caso del niño Antonio de Jesús López, quien falleció un año y medio después de una lesión causada por sus compañeros de escuela, llegó a las páginas del diario internacional El País.
El pasado lunes 2 de marzo, el niño de 13 años murió debido a las graves lesiones que le ocasionaron sus compañeros de la Escuela Secundaria Industrial No. 10 “Galileo Galilei”. El menor fue golpeado por varios de sus compañeros en las inmediaciones de la escuela el 28 de octubre de 2013.
El estado de salud del niño fue bastante crítico pues tuvo que soportar 9 operaciones a manos de especialistas del Distrito Federal.A mediados de 2014, los médicos informaron que tenía muerte cerebral parcial y había perdido 60 por ciento de la vista, debido a los golpes en la cabeza tampoco tenía control de esfínteres y no podía realizar movimientos básicos de manos y piernas, además de que perdió capacidad lingüística.
La madre del menor, María de Jesús Monje Tapia señaló que hasta el año pasado todavía no había levantado una denuncia penal ante la Procuraduría General de Justicia (PGJ) por los hechos que a la larga le costaron la vida de su hijo.
Esta es la nota publicada en la versión electrónica de El País:
La vida de Antonio de Jesús López se interrumpió este lunes después de un año y cinco meses de agonía. El 28 de octubre de 2013 un grupo de estudiantes de 15 años lo abordó en la escuela y lo atacó. Él tenía entonces 12. Los jóvenes arrastraron al pequeño y lo golpearon hasta provocarle varias lesiones cerebrales. Fue sometido a nueve cirugías, entró en coma y al despertar había perdido la movilidad en la mitad del cuerpo, parte de la memoria y el habla. Tras una intervención a mediados de 2014, los doctores aseguraron que Antonio presentaba muerte cerebral parcial y había perdido el 60% de la vista por los golpes.
La agresión se produjo en las inmediaciones de una escuela secundaria del municipio de Amozoc (77.000 habitantes), a 30 minutos en coche de la capital del Estado mexicano de Puebla, en el centro del país. La madre de Antonio denunció en su día que el menor había sido víctima de bullying antes. “Fui a la escuela y le dije al director que los niños más grandes abusaban, que lo habían encerrado en el baño, pero el señor se lavó las manos y no me hizo caso”, declaró María de Jesús Monge Tapia al diario El Universal.
Aunque las estadísticas en México son endebles, su caso no es una excepción. El año pasado, la muerte de un niño de 12 años en Ciudad Victoria, Tamaulipas, puso de nuevo el problema sobre la mesa. En aquella ocasión, Héctor fue columpiado por varios compañeros antes de que lo arrojaran contra una pared. Permaneció en coma varios días y después falleció. Las autoridades mexicanas, incluyendo al presidente de la República, se pronunciaron en contra de la violencia en las aulas. “A veces el acoso escolar refleja el nivel de violencia que se registra en las calles. Esto es lo que tenemos que combatir de manera decidida”, dijo entonces Enrique Peña Nieto.
Días después, la Secretaría de Educación Pública anunció la creación de un programa piloto contra el bullying y en una decisión sin precedentes, un juez federal ordenó al Ministerio proteger a una niña de 11 años que denunció agresiones sexuales y acoso escolar en un colegio de primaria en la capital.
Según datos recogidos en el informe TALIS (Estudio Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje), México presenta los niveles más altos de los países de la OCDE en robos y agresividad verbal y física de los alumnos de educación secundaria. Además, el 24% de los estudiantes de primaria sufre burlas y el 17% ha sido lastimado por otros alumnos.