Para contrarrestar la indefendible actuación de la policía poblana frente a la manifestación pacífica de los pobladores de San Bernardino Chalchihuapan, el procurador de justicia de Puebla, Víctor Antonio Carracá, intentó mostrar las supuestas agresiones que los manifestantes realizaron contra los granaderos. Así que faltando al respeto de cualquier ciudadano y de los policías que tienen una trayectoria incorrompible y que realmente arriesgan su vida, Carrancá utilizó el caso de Mario Tomás González Ricaño para victimizarlo frente a la opinión pública.
Resulta que fue el mismo procurador quien detuvo a González Ricaño tras capturarlo el 8 noviembre de 2011. El policía que fue acusado de trata de menores y vinculado con once casos de abuso, mágicamente aparece ahora como un justiciero que representa la valentía de quienes velan por nuestra seguridad. Hay muchas preguntas que nos ayudarían a entender cómo paso de policía a implicado en trata, de nuevo a policía y ahora víctima hospitalizada, pero siguen irresueltas. Para dar respuesta, el procurador respondió: “El hecho de que el policía tenga o no tenga ese precedente, que no constituye antecedente, pero de lo que haya ocurrido en otra ocasión con relación con su persona, en nada cambia la agresión de la que fue objeto, en nada cambia los golpes que recibió y el peligro de perder la vida”. Así que entre la desarticulación de ideas y la velación de realidades, no queda claro como hacen de un posible criminal un héroe.
Si lo que se pretende es reivindicar la figura de los policías y recolocarlos como un referente de seguridad y confianza, buena deuda con ellos ha generado ahora Carrancá. Su intención era en definitiva crear imágenes que a los ojos sensibles de los mexicanos pudieran equiparar el asesinato del niño José Luis Alberto Tehuatlie, para proteger a su gobernador Rafael Moreno Valle, al secretario de Seguridad Facundo Rosas y al secretario de Gobierno, Luis Maldonado. De igual forma, hay una clara responsabilidad de los legisladores que votan sin leer siquiera las propuestas de leyes que admiten armas de fuego contra la libre expresión, o aquellos que las aprueban con la firme convicción de que los manifestantes se asemejan a criminales y los granaderos son siempre vulnerables ante su violenta reacción.
No es con héroes confeccionados desde los gobiernos como la dignidad de nuestras policías debe recuperarse. Justamente, las leyes, lineamientos y criterios establecidos para la acreditación de policías en el país, prohíbe que permanezcan en las corporaciones agentes con antecedentes penales, pero por lo visto esto no resulta un impedimento para el gobernador de Puebla y su procurador de justicia.
Durante los últimos años, las encuestas entre la población reflejan la desconfianza de sus ciudadanos por sus policías. En enero pasado, casi el 70% manifestó “poco” o “nada efectivo” el desempeño de policías estatales o municipales, según una encuesta del propio gobierno federal. Este nivel de desconfianza no responde únicamente a deficiente desempeño de algunos de los uniformados que abusan de sus funciones e incluso delinquen desde su encargo, sino que también tiene como causa la falta de protocolos, capacitación y sobretodo de sensatez en las instrucciones que estos policías reciben de parte de sus autoridades. Entre ellos debe haber muchos policías como los que soñamos: honestos, valientes, cautelosos y respetuosos de la vida y la integridad de todas las personas. La delgada línea entre el uso legítimo de la fuerza pública y el abuso de la fuerza no es fácil de dibujar. Requerimos que los especialistas en seguridad y derechos humanos nos ofrezcan propuestas que sean asumidas por las autoridades.
La desesperación de un gobierno que coloca entre sus prioridades el control de las voces y el silencio de las consciencias, tiene ya como saldo un niño sin vida y suma a esto la desconfianza hacia las instituciones de justicia y los organismos de derechos humanos. Esperemos que su fallida caricaturización de un policía lastimado por ciudadanos, no haga más estragos sobre la confianza que merecen quienes con su vida y trabajo velan por nuestra paz e integridad.