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Martes, 26 Noviembre 2013 23:04

Dalia, retrato íntimo de una víctima de la maquila sexual

El mismo día que fue rescatada de su propia madre, una niña poblana de 14 años, víctima de trata de personas, fue notificada de su embarazo de cinco meses, de que tenía virus de papiloma humano e inicios de cáncer cervicouterino por el excesivo uso que dieron de su cuerpo.

Por : Edmundo Velázquez / @mundovelazquez , Ciudad de Puebla

Dalia tiene 14 años y está embarazada, seguramente uno de los hombres por los que su madre recibía el pago de sus servicios sexuales es el padre de su hijo. El día que se enteró que tenía cinco meses de embarazo fue gracias a un médico de Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia en Puebla. La habían rescatados de su propia madre, quien llevaba ya más de un año prostituyéndola aprovechando que sus formas ya eran las de una mujer más madura.

Dalia no solamente se enteró de su embarazo. También supo que tenía los genitales de una mujer bastante mayor debido al excesivo uso que dieron de su cuerpo. La noticia de un bebé quizá le habría ilusionado, pero los constantes encuentros sexuales le habían dejado otro regalo: virus del papiloma humano. Los médicos especialistas de la PGJ también indicaron que a sus catorce años tenía indicios de ser candidata a un seguro cáncer cérvicouterino. Todo, cortesía de su madre, quien fue una de las 32 personas detenidas durante en este año por las autoridades poblanas por el delito de trata de personas.

Dalia es una de las 64 víctimas rescatadas por la PGJ en Puebla durante este 2013. Dalia es el nombre que este periódico digital le da para proteger su identidad. El caso sacudió a peritos y funcionarios de la Unidad de Seguimiento a Víctimas de Trata de Personas de la Procuraduría General de Justicia en Puebla. Pero mayor es el shock en que son encontradas las víctimas.

Cadena de la trata

La madre de Dalia es una de los 32 procesados en Puebla por el delito de trata de personas en su modalidad de explotación sexual. Irónicamente las mujeres en Puebla forman parte de la larga cadena de violencia contra su propio género. Tres de cada diez detenidos por trata de personas son mujeres.

La mecánica de esta cadena de pesares inicia por lo regular con un enganchador. En el caso de Dalia fue su madre, pero, en la mayoría de las investigaciones se ha descubierto que el modus operandi de las bandas dedicadas a la explotación sexual arranca con un enamoramiento fugaz. Quince días le bastan al enganchador para que su víctima caiga.

De acuerdo a psicólogos que participan en la atención a víctimas rescatadas, el autoestima de las mujeres que son enganchadas suele ser bajo, y previamente han sorteado en el seno de sus familias a facetas graves de violencia económica, sexual o física. Al enfrentarse a un hombre que las trata con detalles, lujos o promesas bajan sus defensas sicológicas y se entregan al cien.

El segundo paso que dará el enganchador será una propuesta, una invitación a que se escape con él, a que vivan juntos, o formen una familia un hogar. La chica abandonará todo por amor y lo acompañará a donde sea. En el caso de los hombres que enganchan a otros hombres la situación se basa usualmente en promesas económicas. En un mejor ingreso o un trabajo fácil.

El traslado a otro sitio, a una localidad apartada, a otro estado o municipio será el siguiente paso. Aquí otros actores entran coludidos con el enganchador, usualmente las redes se robustecen de aquellos que trasladan a las víctimas a nuevos sitios. Seguirá después el aislamiento de la personas a quienes al llegar a otro lugar les retirarán documentos oficiales.

El retirar la identidad, el retirar documentos, arrancárselos es en parte un acto simbólico contra las víctimas”, especifica el titular de la Unidad de Seguimiento al Delito de la Trata de Personas, Ricardo Herrera Zaldívar.

La violencia física y verbal continuarán por lo menos una semana más en la situación de encierro. Los captores de la víctima harán uso de ella por primera vez con la intención de doblegarle el espíritu. Tras una vida de abusos, esta etapa es la que termina pulverizando el amor propio de las mujeres y hombres que son víctimas de trata de personas. Después vendrá el precio y los primeros servicios. Según la declaración de algunas de las personas rescatadas, en un día común llegan a tener de 30 a 40 encuentros sexuales.

Síndrome de Estocolmo

El repetitivo modo de vida de abuso y violencia provoca que en poco tiempo las víctimas vean con normalidad todas las vejaciones que sufren. Es más, sumado al constante trato con la persona que las explota seguramente terminarán con un cuadro psicológico grave.

Terminan con Síndrome de Estocolmo. Creen que estarían muertas de no ser por sus explotadores. Comienzan a quererlos, comienzan a verlos como ese hombre u hombres que amablemente cuidan de ellas”, relata Herrera.

Lo cierto es que algún día el cuerpo de estas mujeres dará de sí. Al no poder con más servicios sexuales o escalar entre las bandas dedicadas a la explotación sexual, buscarán su propia independencia victimizando a más mujeres.

Las mujeres que sufren trata de personas terminan viendo esto como un trabajo más y entonces de víctimas se vuelven victimarias. (…) Del total de los casos en Puebla aproximadamente el 30 por ciento de los procesados y detenidos son mujeres”, detalla Herrera.

Por el caso de Dalia fueron detenidas dos personas. Su madre y el cliente que regularmente solicitaba sus servicios.El cliente finalmente aseguró a las autoridades que desconocía la edad de Dalia.

Pero si tú la hubieras visto, era obvio que sabías que era una niña. El problema es que los clientes en Puebla argumentan que desconocían que contrataban encuentros con mujeres explotadas. Lo cual se vuelve atenuante si la declaración del cliente va en ese sentido”.