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Viernes, 29 Marzo 2013 13:00

La renuncia al cielo

En el año 2009, el politólogo y especialista en asuntos islámicos Hamed Abdel-Samad, publicó su autobiografía con el título "Mi despedida del cielo". Escenas de la vida de un musulmán en Alemania.

Por : El Sol de Puebla

El autor nació en 1972 en un suburbio cercano a El Cairo, como hijo de un imán. Igual que su padre, podría haber sido predicador de una mezquita, pero el joven Hamed quería conocer el mundo moderno y cambió la carrera de Teología por la de Lenguas Modernas.

Aborrecía y admiraba a la vez la cultura occidental, igual que la mayoría de sus compatriotas; estaba convencido de que el Islam era la única religión verdadera y la cultura musulmana, por lo menos en lo espiritual, superior a todas las demás, pero también le fascinaban los avances tecnológicos y el esplendor del occidente.

Hamed conoce a una mujer alemana dispuesta a casarse con él y decide emigrar a Alemania para estudiar Ciencias Políticas. Cuando va a la embajada a solicitar su visa, piensa que sus compatriotas y él sufren de esquizofrenia:
 
Cuántas veces hemos condenado al occidente responsabilizándolo de nuestra miseria. Y al final no nos queda otra salida que esperar delante de las puertas de sus embajadas para que nos dejen entrar.
 
Hamed Abdel-Samad logra establecerse en Alemania, donde tiene éxito profesional como politólogo e investigador en Ciencias Islámicas, primero en la Universidad de Erfürt y actualmente en la de Múnich. Aunque es un intelectual musulmán de prestigio en su nueva patria, para él nunca ha sido fácil vivir entre dos culturas tan distintas. Parece que la mentalidad del musulmán tradicional es incompatible con la del occidental moderno. Abdel-Samad provoca la indignación del primero rompiendo los tres tabús del mundo islámico: "Religión, sexualidad y política". Una visión más crítica de su fe le causa al autor ciertos trastornos psicológicos: tiene que admitir que el Islam (igual que otras religiones) tiene algunos aspectos negativos que explican ciertas actuaciones inhumanas de sus creyentes. A veces la religión aparentemente tan perfecta que aprendió en su infancia le causa vergüenza: 
 
"Mi padre y mis dos hermanos me avergüenzan porque golpean con regularidad a sus mujeres. Me avergüenza la azora 4 del Corán que aprueba la violencia contra la propia esposa. Me avergüenza que las figuras más famosas de mi cultura contemporánea no se llamen Ghandi, Dalai Lama o Martin Luther King, sino Khomeini, Bin Laden, Sadam Hussein..."
 
El autor rechaza la violencia de muchos musulmanes de ahora. Le entristece la decadencia del Islam que hasta en los siglos XII o XIII había sido más tolerante que el cristianismo, y era parte de una cultura superior a éste. Aún hoy día se utiliza el argumento que en el plano moral y espiritual el Islam es superior a la cultura occidental que sólo brilla por sus logros tecnológicos. Pero Abdel-Samad no cree que el Islam pueda salvar a la humanidad en lo espiritual, sin embargo reconoce muchos aspectos positivos de la religión de su infancia. De niño conoció a un eremita sufí cuya tolerancia y sabiduría lo marcó para el resto de su vida. Para los sufís no es pecado, sino virtud, dudar de la existencia de Dios. La mayoría de los hombres suelen creer en Dios por costumbre y comodidad; no les gusta cuestionarlo porque así tendrían que buscarlo. En Alemania Abdel-Samad empieza a entender que un hombre bueno puede vivir sin fe en Dios. Admira a las personas que sin sentirse mal pueden decir que no creen en nada. Cita a un profesor suyo quien le dijo: "No necesito creer en nada, e incluso, si Dios existiera, su existencia no tendría significado para mi vida". 
 
El ateísmo es un tabú que no se rompe fácilmente: cuando el autor publicó su libro en Egipto recibió amenazas de muerte. Otro tabú que toca Abdel-Samad es el sexo. La sociedad musulmana actual da poca libertad a las mujeres. Todavía existe en Egipto y en otros países musulmanes la cruel costumbre de la ablación, que consiste en cortar a las mujeres el clítoris e impedir así el gozo sexual. Es una costumbre que tiene su raíz en tiempos preislámicos y que se ha mantenido hasta la fecha. En todos los pueblos las tradiciones son muy arraigadas y es muy difícil cambiarlas. El autor describe cómo su propia hermana se molesta con él por no aceptar la ablación de su bebé. Sin embargo, a pesar de todas las resistencias, el número de ablaciones disminuye lentamente en Egipto. Con el nuevo régimen de los hermanos musulmanes en El Cairo, no se sabe cuál será el rumbo de la sociedad actual.
 
El subtítulo del libro de Abdel-Samad indica que el tema principal de la obra es la vida de un musulmán en Alemania, pero a pesar de ello el autor dedica mucho espacio a su infancia y adolescencia en su país de origen. Nos describe primero la vida tranquila, sin electricidad, en su pueblo natal, donde su padre, el predicador principal de la mezquita, era una persona de gran autoridad. Una metrópoli como El Cairo le ofrece al joven estudiante universitario Hamad nuevas perspectivas y ya no quiere regresar a su aldea. Allí conoce a compañeros marxistas y de otras ideologías para los cuales la salvación de Egipto consiste en una renovación del Islam. El joven no sabe cómo orientarse y decide estudiar en Alemania, de donde nunca regresa. La vida en este país le abre enormes perspectivas, pero a la vez le causa serios problemas psicológicos. Le resulta insoportable vivir entre dos mundos: el musulmán y el cristiano, el oriental y el occidental. La búsqueda de su identidad le causa conflictos de personalidad con frecuentes estancias en clínicas psiquiátricas. Encuentra de nuevo su equilibrio escribiendo su autobiografía, donde trata abiertamente sus conflictos personales, y así el muchacho que había memorizado casi por completo el Corán, y quien aparentemente había sido predestinado a ser imán igual que su padre, se presenta ahora como un escéptico y crítico de su propia religión.
 
Al parecer su problema principal es provenir de una cultura en la cual no se conocen la Ilustración ni el racionalismo. Estaba acostumbrado a aferrarse a la religión musulmana como una verdad única, pero tuvo que admitir que no existía una verdad absoluta y que cada hombre tiene que buscar su propio camino hacia Dios, así como lo había hecho el eremita sufí de su juventud. Rompe tabús y causa polémicas sobre todo en Egipto. Empieza a luchar por un Islam más humano que trate mejor a las mujeres, viéndolas como iguales. 
 
Podríamos comparar su labor con la de la holandesa Ayan Hirsi, de origen africano, quien llegó a Europa como refugiada por negarse a un matrimonio arreglado. En sus escritos critica duramente la ablación, que es muy común en Sudán. Ella tuvo que esconderse en Estados Unidos, mientras Abdel-Samad sigue viviendo tranquilamente en Alemania, con una segunda esposa de origen danés-japonés.
 
Abdel-Samad se dio a conocer primero con un libro titulado "El ocaso del Islam", en el cual critica la mentalidad de los gobernantes e intelectuales musulmanes, que según él no tienen futuro en nuestro mundo moderno marcado por el progreso.