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¿De quién fue la mano que estuvo detrás de las acusaciones contra el rector de la BUAP la semana pasada? ¿Quién estuvo azuzando en redes y a los “estudiantes” en movilizaciones afuera del edificio Carolino?
Durante la visita del presidente Enrique Peña a Puebla en la inauguración del Hospital del Niño Poblano un grupo de estudiantes principalmente de Ciencias Políticas y de Economía de la BUAP que pertenecen a la Asamblea Universitaria ya habían programado con antelación su manifestación.
Ni el rector ni nadie de la administración central de la casa de estudios se opuso a que los estudiantes participaran en las movilizaciones, aunque estaban informados de las actividades programadas. Tampoco alentaron a los inconformes, simplemente no se metieron. Ni la rectoría ni nadie de la universidad maneja ni tiene influencia sobre los policías, por lo que ellos jamás ordenaron la represión estudiantil.
No obstante, una voz fue quien dio la orden de dirigir los ataques hacia la casa de estudios y manipuló a los universitarios porque primero emitió un boletín en el que no definía una postura clara de apoyo a sus alumnos detenidos. Esa voz, según señalan algunos, ya fue identificada. Tiene nombre y apellido: Guillermo Nares Rodríguez.
Y tres operadores del ex director de la Facultad de Derecho de la BUAP calentaron el ambiente. Los dos primeros son funcionarios de la Secretaría de Gobernación: César Bermúdez “El Gallo” y Gabriel López, quienes apoyaron a la gente para que al otro día de la visita del presidente a Puebla, fueran al Carolino a manifestarse y a exigir una “postura más rígida de parte del rector Alfonso Esparza”.
La tercera a quien señalan como narista es a la actual coordinadora de Comunicación Social de la Universidad Iberoamericana, Flora Molina, de quien señalan que fue la responsable de estar evidenciando en las redes, el famoso primer comunicado de la BUAP que mostraba una actitud, según ellos, “tibia”.
De esta última especie no tenemos certeza al cien por ciento, puesto que Flora Molina también es académica de la BUAP, pues da clases a Ciencias Políticas y a Economía, coincidentemente, eso sí hay que subrayarlo, a algunos de los alumnos que son parte de la Asamblea Universitaria y que participaron en la manifestación.
Lo que sí es cierto es que “El Gallo” aún no procesa estar fuera de la estructura universitaria. Saber que ya no es porro en la BUAP le causa agruras. Lo malo de todo esto es que -de ser cierta esta versión- todo apunta a Nares como la mano que mece la cuna.
No es de extrañarse.
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Y ya que hablamos de exiliados universitarios, cuentan que en las oficinas de Juan Carlos Lastiri están muy molestos con Damián Hernández y con Juan Manuel Alonso “El Oso” ahora que están operando para los candidatos panistas, Ángel Trauwitz y Mario Rincón, por los distritos 12 y 7 respectivamente.
Y es que usted ni yo lo sabíamos, pero una vez que el agüerismo quedó fuera de la jugada, Lastiri, en el ánimo de apoyar a los cuadros priistas que se quedaron sin chamba, generó un recurso económico a través del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social.
Ese fondo es el que administra los recursos del Ramo 33. En dicho fondo metieron a tres operadores que son gente del “El Oso”: Héctor Moreno, un tipo al que le dicen el Moroco y la señora Cony.
Una parte del dinero que recibían tanto Moreno, Moroco y Cony lo tenían que reportar a su jefe directo Juan Manuel Alonso.
Y es por eso que en la Sedesol federal ya ven con malos ojos ese apoyo que enviaban, pues ahora saben que tanto Damián Hernández como El Oso están apostados por Acción Nacional.
Incluso pretenden mandar a hacer una investigación a Juan Manuel Alonso porque curiosamente ya es dueño de una preparatoria y amplió el jardín de niños de su esposa, pues piensan que el dinero lo ha desviado para su beneficio personal.