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Empezó siendo una promesa de la política poblana.
Algunos lo veían como un sucesor natural a la alcaldía y en algún momento intentó ser el que continuaría después de Eduardo Rivera, pues coqueteó con la precandidatura.
Otros le miraban con un toque de académico y, al final de sus días, su carrera se consolidaría en el análisis, los ensayos, los artículos en la prensa desde el punto de vista de un analista.
Era como el niño bien portado de la escuela. Ése que siempre levantaba la mano para responder las preguntas del profesor. El que era intachable desde su vestimenta y qué decir de su comportamiento.
Era como el Martin Price de Los Simpson.
El nerd de la clase.
El niño bueno de Rafael Moreno Valle Rosas.
Ese ejemplo a seguir que todo mundo detestamos por su perfección, porque en la escuela siempre sacó 10, porque seguramente tenía la colección completa de Star Wars y toda empaquetada. Porque casi es un hecho que él fue de los primeros que estrenó Atari, Nintendo, Nintendo 64, la primera consola Xbox y la primera de Play Station.
Porque era un experto en los juegos de rol, porque quien sabe por qué y cómo tenía todos los datos de historia y los manejaba al dedillo.
Su llegada a la esfera política local fue vista con envidia y recelo para muchos, pues le veían potencial, creían que podría quitarles la chamba.
Venía de ser un buen promedio en el Centro de Investigación de Docencia y Economía (CIDE) y ser funcionario de primer nivel en Indautor.
Sí en el Instituto que está ligado con los intelectuales y artistas de México, principalmente.
No obstante, pese a tener esas credenciales terminó convertido en un roba macetas.
Y por favor regresen en este instante a leer el párrafo anterior, en su computadora vayan al you tube, busquen en los tags: Mercado de Lágrimas y La Carabina de Ambrosio y reléan la frase: “¡Un Roba macetas!”.
O si lo quieren hacer más dramático digan en voz alta: “¡Ro-ba-ma-ce-tas!”.
Piensen ahora en una mujer que se lleva las manos a la cara y grita un “¡Noooooo!”, pues sí: un ro-ba-ma-ce-tas.
Pues sí, en eso se convirtió después de que en este diario por Internet fuera revelado el misterioso caso del robo de las macetas de talavera.
Y lo peor fue cuando uno de sus compañeros diputados dijo que no fueron sustraídas sino guardadas pues son “para los actos de lujo”.
Uno puede imaginarse a nuestro personaje llamando a su asistente:
-¡Beto! ¡Beto! ¡Con una chingada, Beto!, ¿dónde andas?
-Se-se-se-señor, fui a echarle agua a sus macetas.
-Ah, sí, las macetas. A ver Beto, ya que hablas de las macetas. Va a venir el gobernador a un acto protocolario y viene con Luis Maldonado.
-Sí. Sí, señor.
-Pues quiero que saques las macetas de Talavera, las que compramos y por las que nos madrearon esos ojetes de Central.
-Mmmm, este… eh, es que… este.
-Este qué, este qué.
-Se las llevó a casa de sus suegros, señor. A una comida, señor.
-¡Puta madre!, es verdad.
-Sí, señor, quiere que vaya por ellas, señor.
-Estás pendejo. ¿Quieres que me divorcien o qué? No mira, vete en chinga aquí al mercado y cómprate unas pinturas blancas y azules y ponte a pintar esas chingadas macetas, pero a la voz de ya.
-Sí, señor.
-Ah y pon a los diputados estos que les pagamos. Ya sabes, a Zenorina y compañía. Que desquiten algo de lo que les damos.
-Sí, señor.
-Ah y a ese periodista, al que siempre me anda echando flores al final de sus columnas con que soy un joven talentoso con oficio político y la chingada. También que desquite.
-Sí, señor.
-Pos pícale mijo, que no tenemos todo el día.
En eso terminó ese joven talentoso que inició en lo divino y terminó en lo profano.
Ahora sueña con ser el próximo secretario general del ayuntamiento.
Lo más contradictorio es que al inicio de la administración muchos le veían tamaño en materia política y no un tipo que terminó como en la plomería del sistema.
En poco tiempo, y aunque muchos de la actual administración no lo ven así, comienza la cuenta regresiva de este sexenio, pues un día más será un día menos.
Y en eso el tiempo es inexorable.