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Si el PRI manda a Blanca Alcalá o a Enrique Doger en el 2016 (la mini gubernatura) sugen varias preguntas:
¿A quién mandará Rafael Moreno Valle en ese 2016?
Y el PRI en el 2018 ¿a quién enviará? ¿a Juan Carlos Lastiri? Le conviene quemar dos cartuchos buenos por uno malo.
En el juego del ajedrez, la Reina es lo que más se mueve con tal de proteger al Rey. Los peones son los primeros que se arriesgan. Son los soldados. Son los primeros en salir. Son los primeros en morir. Aunque si un peón llega al final del tablero (cosa que casi nunca ocurre) estos se coronan incluso como reinas.
Lo mismo ocurre aquí en la política local: qué piezas del ajedrez del gobernador son reinas o alfiles. Quién será la torre para enrocar al rey. Quiénes son los caballos que en movimiento de L confunden al contrincante, que peón avienta el gobernador para que lo golpeen o incluso se lo coman fácilmente, para que el contrincante caiga en la trampa y sea devorado.
El PRI enfrenta un problema interno que es su falta de liderazgo y no pienso hablar ahorita de Pablo Fernández del Campo, porque ya da hueva.
No hay un liderazgo fuerte que una a la base priista.
Blanca Alcalá ya arrancó su trabajo y su campaña. Doger, no. Ambos, eso sí tienen varios cadáveres en sus respectivos closets. Ambos fueron alcaldes de Puebla y dejaron a varios con adeudos o simplemente no les cumplieron. A otros tantos ningunearon.
De ambos, Blanca Alcalá es quien tiene más fuerza al interior del priismo, pero de mandarla en el 2016 sería aventar a una pieza grande del tablero del ajedrez, que si gana, el espacio para el 2018 será llano, pero si pierde, es como echar a una Reina a los lobos, difícilmente se recuperarían.
No obstante, todo lo que se diga ahorita es mera especulación.
Aunque ya comenzaron los movimientos. Blanca Alcalá ya arrancó campaña ya sea para la mini o para la de seis años, pero ella ya se adelantó.
El rector, manual para un gentil hombre
Quizá muchos no lo noten porque ha mantenido hacia fuera de la universidad un bajo perfil. Se ha promocionado poco en los medios locales y ha esperado los tiempos.
No ha usado la matraca y el confeti como parte de su estrategia de promoción.
Sin embargo, uno no tendría la capacidad física y el aguante que trae Alfonso Esparza como rector de la BUAP, pues todos los días, a todas horas está atendiendo asuntos internos, ya sean académicos, administrativos, culturales o de extensión y de relaciones interinstitucionales.
La semana pasada, solamente nos apantalló con la presentación de su Plan de Desarrollo Institucional. Incluso destacó el folleto que repartieron con su realidad aumentada para smartphones.
Este lunes pasado, por ejemplo, el rector Esparza participó en la XXVIII sesión del Consejo Centro Sur de la Anuies. Ahí, como dato curioso, el rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, Javier Saldaña Almazán en su discurso le dijo que valoraba que por fin dejara un poco las actividades en la propia BUAP para ir a la sesión de Anuies.
Si lo dijo fue por algo.
Resulta que Esparza todo el tiempo está metido en las actividades de la máxima Casa de Estudios. A diferencia de otros rectorados, este es el primero que pone por encima la imagen de la BUAP que la personal.
Y eso que es una línea muy delgada, pero que ha sabido controlar.