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Pablo Fernández del Campo es el claro ejemplo de la estulticia.
Es un monumento al personaje disperso, al que vive en otra realidad, en otro mundo, en una vida paralela.
Es aquel sujeto que no sabe qué le pasó un tren encima y se queda callado, sonríe.
Es como un pordiosero que se azota en los carros en pleno bulevar 5 de mayo y sonríe si le mientan la madre.
Es aquel al que le están pegando que ha puesto a su partido en ridículo y actúa como si nada.
El que un día sí y otro también se ha convertido en el payaso de las cachetadas y que pone su carita como si todo estuviera bien.
No le avisaron que terminó de defenestrar al PRI en todo el estado.
Es literalmente Pinky, el tierno ratoncito de los animaniacs.
Él y no otro es el principal responsable de la caída del Revolucionario Institucional. Y saben qué, Pablo, sonríe ante las cámaras como si nada.
Si su partido quedó en ridículo, para él no pasa nada.
Si su partido será una minoría en el Poder Legislativo y que seguramente conocerá lo que es una aplanadora parlamentaria, no pasa nada.
Si todos los días es motivo de risas y burlas, no pasa nada.
La realidad es que en la reciente contienda él fue uno de los principales responsables de la terrible derrota del otrora partido en el poder.
Eso sí, cobrará su dieta como diputado.
El problema es que los priistas tienen la autoestima tan, pero tan baja que no podrán impedirlo.
Los priistas determinaron que el ratoncito Pinky fuera su líder y esas son las consecuencias.
Así que no se quejen.
Blanca Alcalá Ruiz lo impuso y ahí están las consecuencias.
Claro, con estos tristes resultados para el partido tricolor en Puebla, la senadora de forma inteligente y perversa ahora puede asegurar su precandidatura a la gubernatura porque sus correligionarios están tragando sapos, tratando de entender qué pasó en las elecciones.
Ella, en cambio, ya está en campaña.
Por ello, ella fue una de las primeras en defender a su ahijado, porque sabía que teniendo a un pelele en la dirigencia.
Blanca Alcalá ganó perdiendo.
Se deshizo de los incómodos (incluido Enrique Agüera) para así allanarse el camino.
Sólo le queda aprovechar la derrota para reconquistar priistas.
El camino por el que atravesará el PRI será sinuoso, oscuro, terrible.
No sabrán lo que es el poder en Puebla hasta dentro de cuatro años ocho meses.
Conocerán el ostracismo.
No se quejen, nunca impidieron que Pinky los dirigiera, nunca lo evidenciaron, así que ahora asuman sus consecuencias.
Y sigan así.
Los priistas tienen, hasta eso, una oportunidad histórica. El ser una minoría en el Congreso les dará la libertad y el derecho del pataleo.
El encanto de ser oposición es que pueden quejarse, molestarse y hasta inmolarse, para ello necesitarán hacer algo que quizá ya no están acostumbrados y que se les olvidó: estudiar.
Es la oposición el único lugar en donde se construyen liderazgos, donde la crisis puede ser usada como oportunidad.
El problema es que con esa minibancada, sólo Víctor Giorgana y Silvia Tanús pueden hacer un papel respetable, porque con Pablo Fernández del Campo, un ratoncito tierno y con las aspiraciones políticas que trae Juan Carlos Natale, sólo van a seguir haciendo el ridículo.
Y es que esas aspiraciones son muy caras y son muchas.
Lo que vivirá el PRI será terrible, insistimos.
Y lo peor es que ni los priistas aún han confrontado su futuro.
Ahí están ellos y sus tristes asesores de campaña que no sirvieron para nada.