Thursday, 04 de June de 2026

Crónicas marxianas

Domingo, 28 Octubre 2012 21:26
Zeus Munive

Pongámonos un poco solemnes.

Por :
  • Imprimir
  • Email

Columnas Anteriores

El reciente debate generado por las demandas en contra de dos trabajadores uno de El Heraldo de Puebla y otro de Contraparte Informativa y una supuesta denuncia a una larga lista de reporteros y periodistas surge un tema más profundo: la vida interna de los medios de comunicación y sus códigos de ética.

Ética es estética.

Uno de los problemas que más adolecemos los que trabajamos en esto de la tecleada es la falta de preparación: el analfabetismo funcional es el pan nuestro de cada día. Los reporteros, no todos aclaro, no leen, no escriben, no se preparan, no debaten. No observan.

Eso no sólo es problema de los propios reporteros, es también de sus jefes de información, de sus directivos, de los dueños de las casas editoriales. No les exigen nada. Les medio pagan un salario y los empleados medio trabajan. Hay lugares en donde les pagan 50 pesos por nota.

Y eso los obliga a ser maquiladores más que reporteros y periodistas. Maquilan, inventan, “chacalean”. Transcriben lo que traen en sus grabadoras. No les preocupan ni las primicias ni las notas de ocho columnas ni realmente lo que están escribiendo. Se vuelven máquinas o robotes.

Mientras, en el negocio de los medios se genera el esquema de empresarios ricos y empresas pobres. Vemos a los directivos comer diario en restaurantes y a los reporteros en fonditas. Pocos, muy pocos dueños de medios o directores le invierten a su gente en preparación o en equipo de trabajo.

Se abusa de las columnas, digo no me espanto, todos los que estamos en Puebla caemos y hemos caído en excesos, pero nadie nos dice nada. Somos buenos para denunciar, acusar y a veces porque nos dijeron un chisme le creemos y lo escribimos. No corroboramos la fuente, no comprobamos los dichos, a veces por la dinámica propia del diarismo y a veces por la flojera de reportear.

Nuevamente aclaro, no todos, hay gente que sí es responsable.

No estamos profesionalizados. Las universidades tanto públicas como privadas no se preocupan por mandar gente preparada, salvo la Upaep que tiene una carrera de periodismo, no ha existido una comunicación entre las universidades y los medios de comunicación para analizar qué necesitan, cómo los necesitan a sus trabajadores y qué pueden aportar para ello.

Entonces, más allá del propio tema de quién será denunciado y quién no (por supuesto no nos gusta que demanden a nadie de los compañeros sobre todo cuando hay gente valiosa entre ellos) hay que hacer un análisis interno real, auténtico.

El sexenio pasado nos maleducó. Nos corrompió. Nos echó a perder. Tal fue la cantidad de lana que se repartió que se cayó en autocensura. Se creó el statu quo de actuar de manera servil al poder se veía bien.

Y pocos se salvaron de ello.

Es cierto, los propios medios de comunicación somos contradictorios: exigimos hacia fuera, pero no pedimos nada hacia dentro. Los directores y dueños prefieren llevarse las ganancias que invertirlas en su negocio y hacer de su trabajo un verdadero negocio.

Es ese estado de confort que lleva a la mediocridad informativa. Si de esta polémica que vivimos se genera una verdadera política de periodismo de investigación qué bueno, pero si se genera que sólo se reúnan los periodistas para quejarse del actual sistema, no se va a llegar a nada. Son patadas de ahogado.

Y para debatir necesitamos prepararnos. Para exigir necesitamos estar listos y ser listos. No podemos combatir si llegamos con nada. Estamos en un esquema de oferta y demanda informativa y lamentablemente los medios escritos no hemos entendido que el neoliberalismo ya nos alcanzó. Que sino sabemos ofrecer nuestros medios y competir en el libre mercado, tendemos al fracaso. Calidad informativa exige la sociedad ante la desconfianza y falta de credibilidad.

Y es que en esta polémica, bajo sus honrosas excepciones, los aliados del pasado son los enemigos del presente y todo parecería que fuera por un tema de pesos y centavos y falta de convenios más que de libertad de expresión.

Aclaro e insisto se sugiere este tema en generalidades no en alguien en particular.

Así que para entrarle al tema de la ética hay que hablar de estética y de esa, en general, carecemos.

La imagen fue extraída de Clases de Periodismo