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Ahora que salió a relucir cómo el gobierno estatal intenta imponer a un morenovallista llamado Víctor Cánovas en el Instituto Estatal Electoral, vale la pena rememorar uno de los casos más escandalosos que vivió dicho organismo, bueno en ese entonces era Comisión y no Instituto, pero ya desde esa época era pura faramalla. Y es que no sólo de Cánovas se alimenta el morbo, mientras la prensa nos concentramos en el actuar del hijo consentido del morenovallismo, muchos perfiles pasan desapercibidos, como lo que ocurrió en 1998.
Así que sin más preámbulos vamos pues al:
Terrible caso de los Prócoros y los dos melones y las sandías que quieras.
El escenario era el gobierno de Manuel Bartlett Díaz (un torvo y autoritario gobernador), una mayoría priista aplastante, un panismo disminuido y enfrentado con Bartlett, un perredismo dividido, una sociedad apática.
1998, era el año. El Oscar lo había ganado la película Titánic, se escuchaba poco grounch en la radio, Britney Spears conquistaba con su figura en MTV. La generación X se había apoderado de la escena.
La cita fue el 13 de marzo de 1998 en el Congreso del estado. Era un viernes y sería la última sesión del primer periodo ordinario. Es decir, esas sesiones donde avientan todo lo importante en el orden del día y terminan tardísimo los diputados.
El punto más importante de esa sesión era la conformación de la desaparecida Comisión Estatal Electoral (la cual presumían los priistas, en ese entonces, que era de avanzada, bah, qué hueva).
Eran como las doce del día y los priistas con esa aplanadora que tenían votaron a favor de dos personajes totalmente desconocidos: Prócoro Carvajal y Joel Cruz Carvajal, bautizados como Los Prócoros por Mario Alberto Mejía en su quintacolumna.
La votación fue extraña, rara. Los priistas votaron a favor junto con la entonces perredista Laura Roldán Rubio. Los panistas, por su parte, votaron en contra junto con el voto del perredista Alejandro López Bravo. El PT se abstuvo. La demás chiquillada fue con el PRI.
La Comisión había quedada integrada. Los priistas y su prensa cómoda, que era la mayoría, festejaban al organismo ciudadano. Los panistas se miraban molestos, irritados, desconcertados. El perredista López Bravo salió corriendo de la sesión sin dar explicación de por qué el voto diferenciado de su partido.
Dos panistas pusieron en duda la conformación de este organismo, Luis Enrique Palacios en ese entonces el secretario de Acción Electoral (le llamaban el Morfín Patraca del PAN) y el diputado Jorge Ellingher Coughlan.
Ambos le dieron una declaración a quien esto escribe, sugiriendo la compra de la diputada Roldán por el PRI. En ese entonces un servidor era un humilde reportero de Radio Oro, en el noticiario En Confianza que dirigía Fernando Canales.
El propio Ellingher fue más duro y acusó directamente a Laura Roldán de venderse con el PRI para llevar en la lista a ese par de desconocidos llamados Prócoros.
Al principio nadie se subió al tema, ni El Universal de Puebla, pues minimizó esa nota llevándola a interiores el 14 de marzo.
Por su parte la cuestionada Laura Roldán acusó de misoginia al panista y le exigió una disculpa pública. La cual nunca llegó.
En el noticiario En Confianza no dejamos de sacar información sobre la supuesta compra de diputados, pese al enojo del PRI y Manuel Bartlett.
Unas dos semanas más tarde, El Universal de Puebla entró al tema, pues el reportero de política de aquel entonces, ahora director de Sexenio, Mario Alberto Mejía, olfateó el cochinero que se preparaba. Y en una columna llamó Prócoros a los Prócoros. Tal fue el escándalo que el entonces presidente del organismo electoral don Sergio Reguero Placeres, pedía de manera muy decente: “ya no le digan Prócoros a los Prócoros”.
El escándalo subió de tono. Jorge Ellingher presentó su licencia como legislador al no recibir apoyo en su partido.
La Comisión Electoral había empezado a sesionar pues ese año se elegiría a gobernador, diputados y presidentes municipales.
Entonces, Alejandro López Bravo, el perredista que votó en contra de la conformación, dio una declaración a El Universal de Puebla y a En Confianza. En donde acusó al entonces secretario particular de Mario Marín Torres, Javier López Zavala, de intento de soborno con dos millones de pesos y la compra de su compañera de partido Laura Roldán Rubio.
Marín en ese momento era el presidente estatal del PRI, by the way.
Un día antes de ese fatídico 13 de marzo. Zavala llamó a López Bravo y le dijo que votara por Los Prócoros. Que lo remunerarían. Que su compañera ya había aceptado que sólo faltaba él.
Al otro día en la mañana, desayunaron en el Sanborns del centro y ahí fue la oferta de Zavala: “Mira Laura Roldán ya aceptó. Para ti hay dos melones (dos millones) y las sandías que quieras”.
El escándalo manchó al organismo. La elección estaba echada a perder desde el principio.
Los Prócoros, por cierto, actuaron de la mano del PRI y de lo que ordenara José María Morfín Patraca. Ellos hicieron una rueda de prensa de desagravio, por cierto, en contra de Mario Alberto Mejía y un servidor.
A mi me cambiaron de fuente en el noticiario por ese tema, a Mario Alberto lo mandaron a cubrir el PRD, por andar de reportero revoltoso. Puebla siguió apática, el Titánic de James Cameron se hundió, Britney Spears seguía buenísima inundando las pantallas de MTV; Manuel Bartlett continuaba de autoritario y no se imaginaría convertirse en perredista.
