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Inició el proceso de cicatrización en el PAN. La intención es evitar a toda costa el regreso del PRI en la ciudad. Rafael Moreno Valle lo sabe. Eduardo Rivera, también.
En el fondo no sólo es pelear los Ayuntamientos que tendrán el periodo más largo de sus vidas (cuatro años y medio), sino el Congreso del estado. Un Congreso opositor al gobierno estatal representaría un retroceso.
Una parálisis. Con un primer priista en Los Pinos el riesgo es muy grande.
El Yunque lo sabe aunque lamentablemente quienes manejan dicha organización incrustada principalmente en Acción Nacional a veces prefieren negociar con un priista que arriesgarse a un verdadero cambio.
Y es que todo está claro: si existe una mayoría de diputados priistas que durarán cuatro años y ocho meses podrán presionar a un gobierno.
Es mejor cicatrizar las heridas que arriesgarse a perder todo.
El gobernador ya mandó el mensaje de paz a sus correligionarios. Algunos ya entendieron que más vale aceptar la tregua y fumar la pipa de la paz.
A la larga todos saldrán ganando, porque habrá posiciones para las familias custodias y habrá posiciones para los seguidores del gobernador. Sólo es cosa de ponerse de acuerdo.
El mensaje de paz fue el mismo grito de Independencia. Ya no hubo manotazos ni malas formas de ambos grupos.
Eduardo Rivera por su parte sabe que tampoco le conviene un Congreso priista porque podría haber represalias en sus cuentas públicas. Y no es que lo acusemos de malos manejos, lo que sí es que no existe una administración químicamente pura y cien por ciento limpia. En ocasiones hay transas, en la mayoría de los casos hay muchos errores administrativos que no es lo mismo.
Los panistas están buscando la reconciliación después de la guerra. No todos lo han entendido así, por ello las declaraciones recientes a la revista Proceso.
La intención, después de todo, era sacar de la dirigencia a Juan Carlos Mondragón, que ya se va.
Viene otro proceso difícil: las candidaturas tanto para alcalde como la planilla de regidores así como las diputaciones.
Seguramente habrá gritos y sombrerazos, pero tendrán que ponerse de acuerdo porque tampoco dejarán ir la oportunidad de tener posiciones ambos grupos, pero al final viene un proceso aún más complicado: colocar a todos los panistas que trabajaron para el Gobierno federal y que en muy poco tiempo se quedarán desempleados.
Muchos, se espera, abulten la nomina municipal, pero otros buscarán el cobijo del gobierno estatal.
Serán muchos los desempleados y estos que no se metían en la grilla local lo harán para ganar algo.
Ese tema es una bomba de tiempo, pues ahora la necesidad los hará cargarse de un lado o de otro.
Es como los juegos del hambre.
Y esos son los peores, porque la lealtad se constriñe a cuánto ofreces y si eso alcanza para comer.