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No es que uno sea chismoso, verdad, es que los periodistas vivimos del chisme y eso no hay manera de detenerlo, alguien, a algún atrevido se le ocurrió decir: “el periodista, después de todo, no es más que un chismoso ilustrado”.
Vamos, es cierto, aunque en Puebla son pocos los ilustrados, pero los hay. Otros nomás quedaron como chismosos, pero bueno de eso no se trata esta columna.
El chisme que nos acontece este día es el que se soltó la semana pasada: que Enrique Agüera sí será el candidato a la alcaldía de Puebla y por el PRI.
Y como chisme hay que contarlo, porque ya hay muchísimas especulaciones al respecto: que quien lo manda es Enrique Peña Nieto y que tiene la venia del gobernador (lo primero suena lógico, lo último no es creíble).
Dicen que Moreno Valle puede perder la ciudad pero no el Congreso. Eso no es lo creíble, porque él sabe, nosotros lo sabemos, ellos lo saben, vosotros lo sabéis, que en Puebla el ejercicio del voto diferenciado es tan real como las imágenes que proyecta un adolescente masturbándose en el baño de su casa. Es decir, sólo son imágenes mentales que no llegan a nada.
Lo que sí podría ser cierto es que Peña Nieto lance de candidato a Agüera porque ahorita es quien tiene los números más altos en las encuestas, según lo han dado ha conocer en varios estudios levantados, por ejemplo, los que ha venido publicando el diario Cambio, desde hace meses.
Lo que no es cierto y no es creíble es que Moreno Valle esté dispuesto a perder la ciudad de Puebla. Y siempre que actúa tiene estrategia y sino la tiene la inventa en el momento.
Simplemente no es creíble que el mandatario esté dispuesto a arriesgarse y pensar que perdiendo la ciudad gana el Congreso. Pero bueno, como chisme se cuenta y como es de interés público pues ahí está.
El siguiente punto es que si va Enrique Agüera ¿quién contra él? ¿Quién se arriesgaría tomando en cuenta que los números lo favorecen?, es un hecho, quien lo haga tendrá que ir con una muy pero muy buena estrategia y tendrá que hacer la diferencia entre la UAP y Agüera, porque como dicen las viejitas: “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. No meter a los universitarios en la guerra de ajos y cebollas, para que quede claro, ya que de hacerlo sería contraproducente.
¿Qué pasaría, entonces, con José Chedraui Budib? ¿Qué pasaría con Enrique Doger?
Otras preguntas más: ¿Agüera estaría dispuesto a enfrentarse al gobierno local? ¿Se atrevería a criticarlo en la campaña? ¿Cómo sería Agüera en el proceso electoral? ¿Un crítico priista que cuestione a sus diputados por “agachones” con un gobernador panista?
¿Alguien quien cuestione el trabajo desarrollado por la administración estatal? ¿No temería a las consecuencias?
¿Qué pasará con la prensa y empresarios que vivieron de él, se refugiaron en Pepe Chedraui? ¿Los recibiría nuevamente como si nada?
Por eso, señores, todo esto hasta ahorita como un chisme que se soltó la semana pasada. De ser cierta la especie, entonces, sí agárrense porque esto se va a poner bueno.
Hay algo que sí es cierto, Enrique Agüera encabeza las encuestas y les guste o no a sus críticos está muy bien posicionado. Además, la guerra sucia a finales del 2010 no lo tumbó, ya sus críticas sólo se convirtieron en cartuchos quemados.