Lo que comenzó como una plácida tarde de inocentes juegos típicos de un niño de seis años de edad, se convirtió en una pesadilla de tres horas que sólo los bomberos pudieron darle fin gracias al uso de lubricantes para desatascar a una niña cuya cabeza quedó prensada entre dos paredes.

Durante el juego, la pequeña intentó atravesar los muros para esconderse como parte de sus juegos y quedó atorada para no salir en más de tres horas en lo que las que el cuerpo de bomberos luchó para sacarla sin lastimar su frágil cabeza.
Ante la preocupación e intrigada mirada de todos los mirones, la niña, ya exhausta de llorar e intentar zafarse por sí sola, se reunió con su preocupada familia.

El evento nos recuerda la ocasión en que un chino borracho intentó hacer lo mismo y quedó bien atorado entre dos paredes que tuvieron que ser destruidas para desatascar a tan noble y desafortunado beodo.
Alguien en la planeación urbana china debe hacer algo para evitar que más gente quede atorada entre dos paredes pues lo único que generará esta incipiente tendencia es mucho dolor y vergüenza.
