Siguiendo el hilo de esa idea, la pornografía estaría jugando el papel de educador: cada vez más mujeres tienen acceso a la pornografía, se enteran y entienden más. El conocimiento trae consigo la libertad.
No obstante, como anotan pesos pesados del feminismo, el efecto puede ser completamente el opuesto.
Temen que ahora las mujeres se están viendo obligadas a hacer cosas que ellas no quieren hacer, y a comportarse y verse de una manera que concuerde con la imagen que muestran ese tipo de películas.
“Desde mi punto de vista, esa visión subestima la fortaleza de la mujer. Estas críticas provienen de una segunda ola de una posición feminista que considera a la mujer como una víctima. Para mí, ese punto básico del argumento es incorrecto”, opina Arrowsmith.
“Es cuestión de escoger: ¿Lo que se quiere es evitar que las mujeres hagan cosas o alentarlas a que se arriesguen?”, agrega.
“Además” -le dice a BBC Mundo- “muchas jóvenes hoy en día están más cómodas con su sexualidad y sabemos que en los países más liberales sexualmente las mujeres tienen más derechos sociales. Si yo mostrara un mapa del mundo con los lugares en los que la pornografía ha sido prohibida en otro color pero sin decir de qué se trata, se podría pensar que es un mapa de los países en los que los derechos de las mujeres son más restringidos”.
“Quienes alegan que ahora las mujeres están obligadas a hacer cosas que no quieren, se basan en que el sexo es malo. En mi opinión, es más complicado que eso: es malo pero también bueno y muchas otras cosas más, y tenemos que desarrollar mejor nuestra actitud en ese respecto”, concluye.
Democratización del cuerpo
“En tercer lugar, la pornografía democratiza el cuerpo. En contraste con cualquier otro género cultural tiene una apreciación muy amplia, especialmente de la figura femenina. Desafortunadamente, cuando es presentado por la industria mediática dominante, la imagen siempre es la de una rubia neumática con busto grande, etc.”.
En contraste con la imagen que se tiene de la estrella porno, un estudio publicado por el escritor Jon Millward en febrero del 2013, basado en la información comprendida en el Internet Adult Film Database, mostró que la estrella de porno promedio en Estados Unidos tiene 23 años, copa B y el cabello castaño.
“Además, lo que el radar no detecta es que el 50% del mercado esamateur, así que todos los tipos de cuerpos están representados”, asegura Arrowsmith.
“Yo siempre le digo a las mujeres que lo que sea que no les guste de su cuerpo, lo escriban en un buscador y agreguen la palabra ‘porno’ y encontrarán una cantidad de sitios visitados por gente que piensan que eso es lo más atractivo que existe”, aconseja.
“Los medios convencionales podrían aprender mucho de la pornografía en ese sentido y yo creo que las mujeres están representadas más honesta y equitativamente en la pornografía”.
Anna Span hizo porno para mujeres, una tendencia que ahora tiene su propio galardón, que se entrega anualmente en Toronto: el Premio al porno feminista. Y en el Festival de porno de Berlín cada vez se ven más cineastas mujeres.
“Estamos cambiando la industria desde adentro, de a poquitos. Cuando yo empecé, los actores eran no sólo pocos sino poco atractivos. Mucho de mi esfuerzo se fue en atraer nuevos actores”.
“Ahora, los actores porno sienten la responsabilidad de cuidar su cuerpo y verse bien, y esto es para el público femenino”.