Es lo que le pasó a un valet de Mónaco, a quien su curiosidad por oír el rugido del motor de un Lamborghini Aventador le costó muy caro, ya que al momento de revolucionar el ajeno y costoso auto, éste todavía la marcha y se fue a estampar contra una camionetita.
Seguro andaba bien emocionado por la propinota que le daría el dueño del Lamborghini, pero para su desgracia ese billetito tendrá que ir a cuenta de lo que le cueste quitarle el besito que quedó marcado en la nariz del carrazo… y de paso de la camioneta de enfrente.
Quizá lo peor del asunto era que todo mundo estaba muy al pendiente de cómo el valet maniobraba la lujosa máquina… no, definitivamente lo peor es lo que tendrá que pagar.