15 de Septiembre del 2019
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Un “techo de cristal” y prejuicios impiden a las mujeres crecer en la investigación científica: UNAM

- Foto: Especial

Aún existen prejuicios a los que se tienen que enfrentar las mujeres al momento de elegir su campo de estudio, pues hay carreras que son asociadas sólo con el sexo masculino. Este problema radica desde la educación primaria, donde a las niñas y niños no se les enseña que tienen un abanico de posibilidades en la rama científica para estudiar, sin importar su género pues el cerebro humano tiene la misma capacidad.

Por SinEmbargo /

Las mujeres constituyen el 20 por ciento de los investigadores en el mundo, así lo señalaron investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes apuntaron que aún continúan subrepresentadas en la investigación y el desarrollo en todas las regiones.

En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia que se conmemora este lunes –proclamado Asamblea General de las Naciones Unidas–, académicos de la máxima casa de estudios destacaron que el problema radica desde la educación primaria, donde a los niños no se les enseña que existen disciplinas científicas a las que se pueden dedicar.

Por consecuente, al llegar a la licenciatura, son pocas las mujeres que eligen una carrera científica debido a los prejuicios que envuelven a las asignaturas, pues unas son asociadas al sexo femenino y otras al masculino. Si bien, explica la UNAM, las mujeres ya son mayoría en carreras como química o medicina, otras como cómputo y física aún no.

“No sé por qué [se siguen asociando las carreras al sexo], porque nuestro cerebro es igual, y la única diferencia está en nuestra manera de atacar problemas, de resolverlos, lo que en realidad debería ser muy bueno para complementarnos y desarrollar trabajo en equipo”, dijo Gloria Delgado Inglada, especialista en Astrofísica, maestra y doctora en Ciencias por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE, Puebla)

Detallan que para las mujeres existe el llamado “techo de cristal” en el que su presencia es menor a medida que se eleva el nivel de estudios, a diferencia de los varones, que van en ascenso siempre. Ejemplo de ello es el embarazo, que cuando se presenta se registran bajas de las ahora mamás, algo que no sucede con los hombres. “Es curioso que ese hecho, que es cosa de dos, en principio sólo afecte negativamente a la mujer”,  dijo Delgado Inglada.

De acuerdo con un estudio realizado en 14 países, para las mujeres la probabilidad de que terminen una licenciatura es de 18 por ciento, para una maestría es de 8 por ciento y culminar un doctorado es del 2. Caso diferente para los estudiantes masculinos que alcanzan el 37 en el nivel superior, 18 en la maestría y 6 por ciento en el doctorado.

Gloria Delgado Inglada informó que el porcentaje de investigadoras oscila entre el 28 y 30 por ciento, un número que, aunque ha crecido, todavía se tiene que trabajar en él.

Para Alejandro Frank, coordinador del Centro de Ciencias de la Complejidad, este problema tiene las horas contadas: “Es cuestión de tiempo, y no demasiado, para que veamos un equilibrio y hasta un dominio femenino en algunas áreas que tradicionalmente eran masculinas”, analizó.

No obstante, las cifras arrojan otro datos. Según el Instituto de Estadística de la UNESCO, únicamente uno de cada cinco países ha logrado la paridad de género, al lograr que entre 45 y 55 por ciento de sus investigadores sean mujeres, en el caso de México la cifra es de 33 por ciento.

En nuestro territorio las investigadoras generalmente trabajan en los sectores académico y público, mientras que los hombres predominan en el sector privado, que tiende a ofrecer mejores salarios y oportunidades”, destaca la UNAM.

En 2016, se registraron al Sistema Nacional de Investigadores 15 mil 992 hombres frente a 9 mil 080 mujeres, cifra que si bien ha ido cortando la brecha a través de los años, aún es distante.

Ahora con la finalidad de terminar con esta desigualdad en la ciencia, se creó el programa PAUTA, un proyecto se dedica a crear esos espacios en donde los pequeños puedan echarse un “clavado” y descubran “lo maravilloso que es la ciencia, entender, comprender, y que las ciencias no son espantosas, sino emocionantes y maravillosas”, anunció Alejandro Frank.

El programa recorre zona rurales con ferias, becas y actividades para informar a niñas, niños, adolescentes y sus padres sobre la oportunidad que les brinda la ciencia y se motiven a experimentar, a curiosear.

Hace falta la organización de más talleres en comunidad, de trabajo en conjunto”, culminó Carolina Keiman, técnica académica en el IA.

SinEmbargo

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Selene Rios

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