21 de Marzo del 2019

Cultura

La Biblioteca Histórica José María Lafragua resguarda uno de los ejemplares de la primera traducción integral de la biblia al español

- Foto: Especial

Conocido como “la Biblia del Oso”, este texto cumple 450 años de su publicación

Por Central /@CentralPuebla /

La Biblia, que es, los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento. Trasladada en español es el título de uno de los textos más valiosos de la Biblioteca Histórica José María Lafragua de la BUAP: la primera traducción completa de la Biblia de los idiomas originales (arameo, hebreo y griego) al español. Publicado en 1569, este volumen es uno de los mejor conservados de los 32 que quedan en el mundo, sobrevivientes de un tiraje de 2 mil 600 ejemplares. De acuerdo con Mercedes Isabel Salomón Salazar, directora del recinto universitario, la conocida “Biblia del Oso” guarda en sí toda una historia.

El responsable de esta traducción, Casiodoro de Reina, religioso jerónimo del Monasterio de San Isidoro, de origen sevillano, comenzó su proyecto 10 años antes de que su trabajo se materializara en papel. Debido a su simpatía con los ideales del protestantismo, durante ese lapso se vio obligado a huir por distintas ciudades de Europa, como Frankfurt, Londres, Ginebra y Amberes, perseguido por la Inquisición de la Corona Española bajo el reinado de Felipe II. Tras una estancia en Frankfurt, Alemania, Reina se trasladó a Londres tras la coronación de Isabel I, quien abrazó al protestantismo en su país. El religioso gozó incluso de una pensión por parte de la monarca, la cual perdió en el momento que contrajo nupcias.

Ante el acoso que sufría por espías españoles, Reina se vio forzado a huir nuevamente, refugiándose en Amberes para luego regresar a Frankfurt, no sin antes entregar su manuscrito al Obispo de Londres. Se cree que estando en Frankfurt le fue devuelta la traducción. Cerca de 1564, bajo la protección de la duquesa Renata de Montargis, tres teólogos -Antonio Del Corro, quien le insistía a Reina completar su traducción; Marcos Pérez, un financiero español, y el mismo Reina- estuvieron protegidos en el castillo de Montargis cerca de Fontainebleau, lo que les permitió tener tiempo suficiente para concluir en 1566 la traducción y reunir los fondos para su impresión. Sin embargo, todavía le tomó un año más al traductor completar sus notas y algunas otras correcciones.

En 1567 se mudó a Basilea donde finalmente la culminó y solicitó los permisos correspondientes para que pudiera imprimirse en un idioma distinto al latín, griego, hebreo y alemán. Un año después obtiene el permiso de imprimir, pero el encargado del taller de impresión, Johan Herbst, había fallecido. Ante este nuevo obstáculo, Thomas Guarin decidió asumir la responsabilidad que implicaba en aquel entonces imprimir el libro de un autor perseguido por la Inquisición.

Para impedir que el tiraje fuera condenado por la Corona Española -y a modo de seudónimo-, se decidió colocar en la portada una ilustración “cripto simbólica […] para hablar un poco del autor sin mencionar nunca su nombre”, comenta Salomón Salazar, basándose en un artículo de María Dolores Alonso Rey (Universidad de Angers, Francia).

Así, el ejemplar que resguarda la Biblioteca Lafragua mantiene en sus primeras páginas la imagen de un oso que, con las patas delanteras recargadas en un árbol, lame la miel que cae de un panal.

“El árbol representa la solidez de la iglesia católica, pero de una de las ramas está colgado un mazo que golpea el tronco. Ese golpeteo simboliza el protestantismo: está representado como un golpe a la estructura de la Iglesia Católica […] el mazo rompe el panal, de donde sale la miel que cae en la boca del oso”, afirma la especialista.

Asimismo, la escena se complementa con abejas alrededor del panal, un recurso característico del emblema del impresor. En conjunto, la imagen representa el versículo 9 del capítulo 10 del libro del Apocalipsis donde se menciona: “Toma, comételo, porque te amargará las entrañas, pero tu boca será dulce como la miel”. Este pasaje da cuenta de lo que este libro implicó para Casiodoro de Reina: a pesar del aprendizaje que le trajo la traducción de las escrituras de su religión, quedó con las entrañas amargas tras la persecución de la cual fue sujeto.

Llegada a Puebla, una incógnita

Al igual que muchos de los libros que resguarda la Biblioteca Histórica José María Lafragua, no se conoce con precisión cómo llegó este volumen al Fondo Restringido del recinto. Tras su publicación, solo se conservaron 32 ejemplares en todo el mundo, de los cuales dos están alojados en Puebla: además del que posee la BUAP, existe otro en la Biblioteca Franciscana, proyecto conjunto de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México.

El ejemplar posee un sello de tinta del Colegio del Espíritu Santo, el cual a veces crea ciertas dudas pues se ha visto que a varios ejemplares se les aplicó dicho sello, cuyas fechas de edición son posteriores a la expulsión de los jesuitas de Nueva España. Dicho sello aún prevalece bajo custodia de la biblioteca. Por ello, no se ha podido determinar en qué momento ingresó. Adicionalmente al sello, el volumen cuenta en portada con una anotación manuscrita que da cuenta de un antiguo poseedor: “Rotterdam 1708”, la cual vincula el ejemplar a alguna región de los Países Bajos.

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