19 de Febrero del 2019

El duelo y el día de muertos

Por Betzabé Vancini / /
El duelo y el día de muertos
Foto: Especial

Tú, yo y el Ello...

De todas las festividades que tenemos en México, sin duda, el Día de Muertos es mi favorita. No sólo porque está llena de colores y sabores sino porque es un día en el que nos damos la oportunidad de conectarnos con la trascendencia y con nuestros seres queridos que ya no están con nosotros.

En muchos países y en muchas culturas existe la creencia de que una vez que alguien muere, ya no vuelve jamás. O peor aún, si vuelve, lo hará de manera siniestra o atemorizante. Sin embargo, en México, desde tiempos ancestrales, creemos que nuestros seres queridos vienen al mundo terrenal el 2 de noviembre para convivir nuevamente con nosotros, comer sus platillos favoritos y observar el amor con el que les recuerda su familia. Muchos se enamoraron de esta tradición hasta ver la película “Coco”, pero lo cierto es que hemos estado haciendo esto por mucho tiempo.

Contrario a lo que los manuales de diagnóstico psicológico podrían indicar, la tradición de día de muertos es una forma sana de expresar y cerrar el proceso de duelo por un ser querido que ha fallecido. Es una forma de honrar su memoria con cariño, de recordarle cómo era en vida y no en sus últimos días o en el momento de su muerte. La festividad de día de muertos dignifica a la persona, a su familia, sus diferentes formas de ser y sus costumbres.

Existen varias etapas en el proceso de duelo: la negación, el enojo, la tristeza, la aceptación y la integración. Cuando alguien cercano fallece, pasamos inevitablemente por cada una de ellas. Primero no podemos creer que ya se haya ido, nos enojamos con la vida o con la persona por a ver muerto, entramos en una etapa depresiva en la que le extrañamos mucho; aceptamos nuestra vida cómo es ahora sin esa persona y finalmente, podemos integrar su existencia, su memoria y su partida a nuestra vida cotidiana con mucho menos dolor que al inicio. Cuando nos quedamos “estacionados” en una de estas etapas por mucho tiempo perdemos la oportunidad de disfrutar la vida y de agradecerle a ese ser querido por todo lo que nos dio y que ahora forma parte de quiénes somos.

Colocar el altar de muertos es una bella forma de decir: “sé que ya no estás físicamente aquí, pero sé que siempre estás conmigo”. El proceso de elegir las fotografías, las flores, la comida y cualquier otro elemento que llevará la ofrenda es una bella manera de recordar la existencia de nuestros seres queridos, rememorar anécdotas en familia, encontrar objetos de valor sentimental e incluso reírnos al recordar las peculiaridades de su personalidad. Visitar el panteón en estos días llevando comida, flores y veladoras, también es una forma de aceptación e integración de la partida de nuestros seres queridos. Ya no están en este mundo y no están ni siquiera en ese lugar físico al que vamos a visitarlos pero estarán siempre en nuestros corazones. Integración significa poder recordarlos con más cariño que con dolor, con más ilusión que melancolía.

A mi altar de muertos para mi abuelo paterno, se unió mi abuela paterna y este año, mi abuelo materno. Así que estos días mi ofrenda tendrá tres fotografías y los nombres de Juan, Carmen y Emilio hechos de pétalos de flores, acompañados de una buena cerveza, un spaghetti a la boloñesa y un pay de limón que eran de sus cosas favoritas.

“No morimos cuando nos vamos, sino cuando nos olvidan”, dice el papá de Mamá Coco en la película. No sé si eso sea verdad, pero creo que cuando olvidamos a nuestros seres amados que han muerto, muere también una parte de nuestros corazones. Así que te invito a que estos días de muertos pongas al menos una velita, unas flores y una hojaldra para esas personas que se nos adelantaron en el camino. Conecta tu corazón a la huella que dejaron en tu vida y trae a tu mente todos esos buenos recuerdos de momentos que vivieron juntos. Te aseguro que será reconfortante.

Como siempre, estaré atenta a tus comentarios y preguntas vía Twitter. Puedes encontrarme como @betzalcoatl.

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