12 de Diciembre del 2019

Padres en juicio

Por Betzabé Vancini / /
Padres en juicio
Foto: Especial

Tú, yo y el Ello...

"Los niños crecen en amando a sus padres, más tarde los juzgan y, a veces, los perdonan."
-Oscar Wilde

Es el ciclo de la vida, cuando somos pequeños idealizamos a nuestros padres y son nuestros héroes; cuando llegamos a la adolescencia queremos diferenciarnos de ellos y vemos todos sus errores; cuando llegamos a la vida adulta les juzgamos por el papel que hicieron como padres. A veces somos capaces de entender sus razones para haber sido como fueron y a veces es imposible no sentenciarles bajo el título de “malos padres”.

No obstante, el juicio hacia los padres dificultará nuestra adaptación a la vida adulta, pues juzgar a los padres nos llevará muy lejos de la auto aceptación.

Cuando juzgamos a los actores de nuestra historia de vida se promueve un sentimiento de rechazo hacia las circunstancias en las que crecimos y esto suele fomentar que carguemos con un rencor eterno, y el rencor nunca es sano.

No hay padres perfectos y sí, también hay pésimos padres pero es importante considerar que si nuestros padres no hubieran actuado como lo hicieron, no seríamos las personas que somos ahora. La opción más sana será siempre el perdón. Dejar ir todos aquellos errores, malas actitudes o equivocaciones que pudieron cometer los padres y saber que, en la mayoría de los casos, había amor en el fondo de sus actos.

¿Cómo poder perdonar?

La mejor estrategia es ejercitar la compasión: saber que hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas internas y con las circunstancias en las que estaban. Es decir, si se juzga a un padre o una madre por su egoísmo o su distancia afectiva, habría que considerar que el egoísmo implica una falta de recursos internos como la empatía o la generosidad, que por alguna razón no está dentro de sus recursos internos. Si pensamos en padres poco afectivos o distantes, de igual manera encontraremos en su historia de vida que probablemente nadie les enseñó a manifestar su afecto o que ellos mismos fueron niños no queridos.

Nadie puede dar lo que no tiene, querido lector, y pese a que conozco pésimos ejemplos de padres y madres, en la mayoría de los casos lo que veo son personas tratando de hacer el mejor papel dentro de sus posibilidades. Todo padre o madre en su sano juicio, quiere que sus hijos/as tenga una mejor vida que la que tuvo. Si bien hay muchos padres inconscientes que tuvieron hijos casi por mero instinto sin conciencia de lo que podían darles, pensar en que alguien trae una vida al mundo solo para torturarle implicaría una actitud profundamente perversa.

El punto es que si queremos tener una vida adulta plena y feliz debemos ser capaces de hacer las paces con nuestra historia y eso implica perdonar a nuestros padres. O mejor aún, no juzgarles. Y si tuviste la fortuna -como yo- de tener padres amorosos, preocupados y presentes, al no juzgarlos podrás disfrutar una etapa maravillosa en la vida que es tener una relación de adultos, de mutuo cuidado. O bien, podrás disfrutarlos viendo su rol de abuelos.

En todo caso, dejar ir el rencor será lo más liberador para ti. Si eres papá o mamá no te claves en “no cometer los errores” que cometieron tus padres, mejor enfócate en hacer tu mejor esfuerzo desde el amor para que tus hijos sean personas felices.

Como siempre, espero tus comentarios y preguntas vía Twitter @betzalcoatl

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