23 de Febrero del 2024

Tener dos papás gays o ser una hija homoparental

Por E. Sarah Goza / /

queperra ident

Guuuuau, guauuuuu, guauuuuuuu.

Estoy muy feliz de que mis papás humanos hayan cumplido dos años de matrimonio.

Por favor, todos ayúdenme a brindarle un fuerte aplauso a Edmundo Velázquez y su gran amado “Poco Yayito” —o sea mis padres—.

Yo no puedo, los perritos no podemos aplaudir, nuestras patitas no se hicieron para eso y menos las de los Pug.

Guauuuu, guauuuuuuu, guauuuuuuuu.

Hay muchas ventajas de ser hija de papás gays. Por ejemplo, te dan permiso de hacer todo, aunque no sabes quién es la mamá...

Bueno sí, Mi papi Sigis (Edmundo Velázquez), porque es el que siempre me anda correteando para que coma las feas croquetas, para que me bañe, hasta para que me cruce.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuuu.

Pero quiero contarles algo muy chistoso y que nunca han querido que salga a la luz pública, porque les da pena. Estuvieron a punto de quedarse sin contraer nupcias.

Pero no piensen que por alguna zorra, trepadora de hogares, o una gata mal habida... bueno, me refiero a un zorro, trepador, o gato de esos que abundan en el ambiente gay y que se dedican a destruir hogares.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuu.

Más bien, fue porque para variar se les hizo tarde. No saben, todos los días se les hace tarde para todo, apenas a mi papi Mundo —a quien siempre me dirijo como mi mamá humana en columnas anteriores— se le olvidó echar sus calzones y un pantalón en su maleta del gym.

Tuve que correr todo el Periférico para llevarle su ropa.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuu.

El caso es que ya estaban todos en la boda celebrada el 16 de abril de 2016, o sea hace dos años. Estaban los invitados, el juez, los padrinos, la familia que vino desde Huauchi —sí, hasta la familia que vino desde tierras lejanas a tres horas de Puebla, llegó temprano— la amiga trans que imitó a Gloria Trevi.

Jessica, la ex reina de belleza de la Prepa, Benito y muchos amigos que venían de otras partes del estado y de México.

Sí, ya estaban todos, menos los novios.

Primero, no encontraban sus moños, días antes le empacaron a los tacos y ya no les quedaban sus trajes. Se subieron a la limosina y el chofer los llevó por las calles con más tráfico.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuuuu.

Por si fuera poco, se encontraron con una manifestación de la 28 de octubre, otra de Antorcha Campesina, la Marcha de las putas, un ganado, una pata con sus patitos atravesando la calle.

Y todos seguían esperando.

“¿Dónde están los novios?”

“¿Por qué no llegan los novios?”

La gente se empezaba a desesperar. Ni siquiera podían pensar que uno de ellos había dejado plantado al otro, pues estaban juntos. Nadie daba con su paradero.

“Tal vez se agobiaron de tanto desmadre que armaron para casarse y optaron por irse a las Vegas o a Tecamachalco para que se casen frente a desconocidos”, dijo una voz muy armoniosa que identifiqué como la del tío Yona.

Guauuuu, guauuuuuu, guauuuuuuuu.

Y por fin llegaron, una hora después pero llegaron, lloraron, volvieron a llorar, nos chutamos las palabras interminables del señor que dio el brindis, nos chutamos a la trans que imitó a Gloria Trevi, el interminable vals de los novios, los magos, los payasos y hasta que por fin, llegó el chupe y la fiesta, a las dos de la mañana.

Y aunque siempre se les hace tarde a todo, son tan sweets, tan chispas, tan gays que los adoro.

P.D. una vez me dejaron olvidada en una cafetería petfriendly.

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