23 de Febrero del 2024

Qué perro Nacho Alvízar

Por E. Sarah Goza / /

queperra ident

Estas caminatas matutinas por los lugares más concurridos de la plebe siempre me gustan porque me entero de buenos chismes. ¡Bendito Firulais! Que a veces me sacan a hacer popo al Parque Juárez, a la laguna de Chapulco o al Ecoparque Metropolitano.

Y mientras hacía popo detrás de un arbolito —porque por muy perras que seamos algunas somos unas damitas y nos da pena que nos vean— escuché con mis orejitas de Pug que tienen buen alcance, a un padre de familia de escuela pública quejándose amargamente de los funcionarios de la SEP, en especial de ese tal Nacho Alvízar que de maestro no tiene nada, que es subsecretario de Educación Básica y un verdadero patán.

Guauuuuuuu, guauuuuuuu, guauuuuuuuuuuu.

Hasta parece que los gobernantes se esmeran en colocar en los cargos públicos a gente como este muchacho Nacho Alvízar. Este chaparrito, bigotón, es más conocido por el gran papel que hizo como diputado de Movimiento Ciudadano, aplaudiéndole todo a Moreno Valle, celebrándole todo a Moreno Valle, hasta llevándole las pantuflas a Moreno Valle.

Ni yo que soy perra me atrevo a llevarle las pantuflas a mi mamá humana, es lo más denigrante que le pueden pedir a un perro. Perdón más denigrante es que nos asocien o nos comparen con tipos como estos. Ni los gatos merecen tremenda comparación, más bien son como sanguijuelas o garrapatas que nadie se puede despegar o quitar, pero cómo chupan sangre.

Guauuuu, guauuuu, guauuuuuu.

El caso es que escuché que el día de la “Quema de Bandera” el 24 de Febrero. Hubo una súper ceremonia en la 25 Zona Militar a la que fueron decenas de niños de distintas primarias de la capital. Pobres niños, cual acarreados los levantaron desde la madrugada, les dieron su frutsi, su torta y se los llevaron al lugar. Allí los tuvieron parados y parados sufriendo las inclemencias del tiempo.

No le veían fin a la ceremonia y sus vejigas inexpertas empezaban a causar estragos en su cuerpo. Por fin concluyó la dichosa ceremonia y los cientos de niños corrieron al baño, hicieron una larga fila como la de las tortillas a las 2 de la tarde, como la del banco en día de quincena o la de Prospera en día de pago.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuu.

El caso es que a este señor que seguramente llegó 10 minutos antes de que iniciara la ceremonia, poco le importó que los pobres niños estuvieran despiertos desde las 4 de la mañana, que no hayan desayunado, comido y que les ganara del baño. Claro, era más importante lo que tenía que hacer que los centenares de niños para los que trabaja y que en teoría debe cuidar.

Se saltó la fila, empujó a varios niños, los aventó con sus manos y caderas, los quitó, les hacía cara de fuchi y hasta se compactó para que no lo rozaran. Por supuesto, un padre de familia indignado le reclamó:

—¿Qué no se puede esperar a que pasen los niños? ¡No sea mal educado e insensible!— le gritó el padre muy enojado al ver como a su niño estaba a punto de reventársele la vejiga y a Nacho Alvízar le valía.

—¿Pues qué no sabes quién soy yo?— respondió Nacho Alvízar en tono prepotente y retador.

—No, no me interesa, así sea el Papa, el presidente o el gobernador, primero debería dejar que los niños pasen al baño— espetó el padre de familia muy molesto y nada atemorizado.

—Pues soy el subsecretario de Educación Básica por si no lo sabe y hago lo que quiero y si no le parece hasta puedo reprobar a su hijo— le dijo el déspota funcionario público y se pasó al baño.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuu.

Así, de esta talla los funcionarios estatales y luego dicen que la perra es una.

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