20 de Septiembre del 2018

Creer conocernos y vivir conociéndonos

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Mucho hemos escuchado o leído la frase “cree en ti mismo para lograr lo que te propongas”. Creo que desde niños encontramos ese argumento para mantener los sueños a pie y de alguna forma crecemos con ello y sin embargo ¿qué es eso de creer en nosotros mismos? O ¿quién nos enseña a creer en nosotros mismos?

Para quienes tienen un autoestima favorable, la frase se reproduce constantemente en sus acciones que los llevan a alcanzar lo que se proponen pero para quienes día a día tenemos que luchar con complejos, absurdos, con una mente que van de un lado a otro inagotablemente, auto sabotajes y un largo etcétera, resulta, probablemente, una ficción abrumadora o una duda que nos ata a todos nuestros miedos.

Cuando uno crece con una niñez desde el abuso y por lo tanto, una infancia fracturada, esa frase es sumamente dolorosa y poco creíble e incluso me parece una frase sospechosa, llena de ambición y de charlatanería.

Tanto en la secundaria como en la universidad asistí a pláticas en las que ciertos personajes se colocaban como los estandartes icónicos de esta frase y la repetían hasta el cansancio. Me abrumaban porque poco decían sobre su vida y no dejaba de parecerme un argumento doloso y ambicioso. La cuestión era que no decían ni cómo hacerlo ni cómo lograr eso de creer en uno mismo al cien por ciento.

Leía ciertos libros y veía algunos videos sobre lo que significa creer en uno mismo y en realidad, en vez de acercarme a la respuesta, me situaban en todas las dudas posibles.

Crecí viendo Jerry Maguire y esa película me daba ciertas respuestas cada vez que  la veía pero ni con el cuan tan mencionado lograba acercarme a aquello que deseaba ver o escuchar. Cuando estaba desempleado, en televisión ponían casi todos los días la película protagonizada por Will Smith “En busca de la felicidad”  y con cierto recelo y amargura apenas podía visualizar la respuesta a esa frase tan icónica, sospechosa y ahora trascendente.

Después de haber prácticamente probado el abismo y el vacío decidí levantarme con ciertos apoyos. La idea de creerme súper héroe y que todo lo podía la dejé a un lado y busqué ayuda. Por aquellos ayeres no únicamente me encontraba en el camino del fracaso, también en el de la desesperación, de la humillación y con las heridas abiertas. Era un poco más joven y mis sueños se desvanecían.

Busqué acercarme a Dios de la forma más directa, desde la biblia y desde los impulsos de ir de vez en cuando a la iglesia y sin embargo, en una ocasión, me di cuenta que ese apoyo lo buscaba porque me sentía culpable y deseaba sanar pero ¿culpable de qué? En vez de sanar me sentí un tanto más miserable y me di cuenta de que no estaba buscando en realidad a Dios sino un fundamento que me incitara a entender todos mis bloqueos. Fue ahí cuando entendí algo que siempre lo he sostenido aun si es verdad o no: creer uno mismo es también conocerse a sí mismo.

¿Quién buscaba a Dios si no era yo quien buscaba? ¿Quién buscaba pareja si en realidad siempre fingía algo que no era? ¿Qué buscaba laboral o profesionalmente si en realidad poco caso le hacía a mis ambiciones y a mis sueños porque prefería agradar y complacer a otros?

Mi madre antes de fallecer me dijo que cada momento de mi vida lo viviera con suma felicidad siendo “yo mismo” y recuerdo bien que en el hospital me insistía en no tener vergüenza de quien soy ni mucho menos culpa. Lo entendí años después, cuando el abismo era insoportable y un día de enero apareció una pequeña luz en todo ese colapso.

Cuando le di oportunidad a la meditación y a la psicología, mi vida comenzó a transformarse. Entendí el abismo y también entendí la oportunidad que tenía de salir de él y me di cuenta de que Dios no exclusivamente reside en las iglesias, también en nosotros mismos en forma de amor y también de sabiduría.

Desde la observación de mi interior me di cuenta de que estaba cometiendo un error fatal pero también una oportunidad para vivir: no únicamente era muy crítico conmigo sino que en realidad nunca me había aceptado como era ni quien era. Mucho tiempo de mi vida la contemplé desde el autoengaño y la amargura y me di cuenta de que, en realidad, ese no era el camino que yo merecía.

Vemos por todos lados productos que ofrecen la frase de creer en uno mismo pero no nos invitan en realidad a conocernos a nosotros mismos ¿no es, probablemente, ese el inicio?

Hay una frase que explica la importancia de conocernos a nosotros mismos y dice algo así como que si uno no está bien con lo que uno es, incluso la meditación en la montaña o en soledad se vuelve insoportable.

¡Cuántas veces no hemos querido ser como otros o le hacemos cien por ciento caso a las opiniones o críticas ajenas!

Si el conocernos a nosotros mismos nos lleva a aceptarnos y por ende, a amarnos ¿no nos llevaría entonces a creer en nosotros para lograr lo que nos proponemos, deseamos o añoramos? De ahí es probable que surjan las transformaciones positivas.

En mi caso no fue fácil e incluso hay veces en las que me sorprendo por mis acciones pero ahora más que nunca creo en lo que hago porque comienzo a creer en lo que soy, porque me he aceptado libre de culpas, de auto sabotajes y de autoengaños.

Mi psicóloga me preguntó en alguna ocasión el por qué yo aceptaba los errores y las acciones y actitudes de las demás pero mis errores, mis acciones y actitudes los pisoteaba con odio y hartazgo. No supe responder, sólo rompí en llanto y me di cuenta de que mucho tiempo había sido injusto con mi existencia. Es sumamente lindo saber que uno es imperfecto y desde esa imperfección está toda la perfección que merecemos.

Solemos darles oportunidades a las personas pero ¿cuántas veces nos hemos dado la oportunidad a nosotros? solemos buscar con desenfreno a quienes nos han hecho “daño” pero ¿por qué no buscarnos con desenfreno para sanarnos, ayudarnos?, solemos ponernos ansiosos y tenebrosos cuando no recibimos el mensaje que queremos de esa persona pero ¿cuántos mensajes lindos nos hemos dedicado?

Creer en nosotros es conocernos y desde ahí es inevitable que parta el amor y encontrar la escalera a todos nuestros sueños.

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