19 de Octubre del 2018

La secundaria, la prepa y los años maravillosos

Por Martín Ochoa / /
La secundaria, la prepa y los años maravillosos
Foto: Especial

lalampara interiores

Les confieso también que no puedo dejar de ser matemático, eso implica que soy una persona afecta a los números y que siempre trato de encontrar patrones, tendencias o analizar estadísticas, y lógicamente mi situación personal no escapa de esta práctica, y ¿saben qué descubrí? que la gran mayoría de quienes me contactaron para externarme su solidaridad, son amigos míos desde que estudie en la secundaria o en la preparatoria.

Y claro que en una columna que se dedica a hablar acerca de educación, no podía dejar pasar hacer la observación de que hay estudios que muestran que la edad en los que nosotros hacemos amigos quienes van a acompañarnos la mayor parte de nuestra vida, está comprendida entre los 13 y los 18 años, esto es durante la época de la educación secundaria y preparatoria, interesante ¿no les parece?

Así es, me permito comentarles que la mayoría de mis amistades más entrañables, se forjaron durante esta época; seguramente ustedes también comparten esta sensación, en donde es el tiempo en el que conoces a tu primer amor, donde recibes tu primera decepción, donde elaboras tus primeros planes para poder comerte al mundo, dónde aprendes a resistir los primeros golpes que da el acceso a la edad adulta, donde empiezas a notar que ya te gustan las compañeras.

Durante este tiempo, la escuela se convierte en nuestro espacio que, a diferencia del hogar, nos permite desarrollar nuestra personalidad sin que ésta se encuentre vigilada por nuestros padres, lo que nos lleva a iniciar nuestro camino hacia la independencia personal.

La interacción social que se vive en esta etapa, es determinante en muchos casos para la formulación de nuestro temperamento en el momento de enfrentar un reto, es de hecho una etapa estratégica para la constitución del carácter del adulto, por lo que no es recomendable que, en nuestro papel de padres, le resolvamos todos los problemas a nuestros hijos, ya que perderán la experiencia necesaria para desarrollar habilidades como la negociación, eliminación de la procrastinación, resiliencia etcétera.

Sin embargo esta recomendación llega un poco tarde en el mundo millenial: les comento que he sido testigo de aquellos eventos de lucha promovidos por padres de familia, quienes armados con sus whatsapps van a cuestionar al maestro de taller de lectura y redacción por la cantidad de textos que le exigen leer a sus hijos, también he podido notar que esa turba enfurecida cuestiona con gran vehemencia al maestro de matemáticas de no ser empático con sus hijos ya que reprueban sólo porque se equivocaron en un signo, y también de otros casos en donde se lanzan desde la tercera cuerda por encima de la maestra de inglés porque le baja puntos a sus críos cuando interrumpen su clase platicando en español.

Yo dudo que los padres de familia quienes actúan de esta forma se detengan a reflexionar acerca de la influencia que tienen estas acciones sobre sus hijos, ya que no reparan en el hecho de que están promoviendo la evasión del compromiso que sus vástagos deben tener con el estudio, justificando sus acciones con temas como: “uno por los hijos hace todo” o “es que el maestro se pasa…”

No debe ser, de hecho uno de los aspectos más enriquecedores de esta etapa es la adquisición de la sensación de logro. Recuerdo que en mi caso, en un entrenamiento de atletismo durante la secundaria me lastimé el talón, y desde entonces ya no pude correr; debido a que quería competir y representar a mi escuela, opté por jugar ajedrez. Esto se convirtió en una decisión acertada ya que mis resultados deportivos como ajedrecista fueron muy superiores a aquellos que tuve como atleta. ¿Sólo reflexionen no hubo alguna actividad en donde sobresalieron? Es altamente probable que la respuesta sea afirmativa, y eso es posible porque a esa edad estamos descubriendo nuestro potencial y comenzamos además a explorarlo y explotarlo.

Aprender durante la secundaria y la prepa es el vivir en carne propia alguno de los capítulos de los años maravillosos: se desarrolla de manera especial el valor de la amistad, ya que la relación que se establece entre compañeros que tienen la misma edad y que también comparten las mismas dolencias, las mismas dudas, los mismos intereses e incluso los mismos conflictos.

Los vínculos que se crean en esta edad son muy fuertes debido a que el campo de acción del alumno va más allá de la casa, en donde no siempre pueden hablar con la misma confianza acerca de temas como lo son el amor, las relaciones de pareja, los celos y el control o la sexualidad.

Además es la edad en donde percibimos la importancia de la voluntad y los sueños, en esta edad hay quienes quieren viajar, quieren ser presidentes de empresa o futbolistas. Nuestros jóvenes desarrollan el carácter crítico, empiezan a ser voluntariosos y cuestionadores. El papel docente siempre debe tener presente que el sentido crítico es la materia prima para la creación y la ciencia, más que inhibirla hay que potenciarla enseñando siempre la importancia de la observación de la consecuencias de los actos su la responsabilidad.

Pero lo mejor de esta etapa y que como docente valoro es la importancia de los sueños, del deseo vital de los jóvenes y de la ilusión que les provoca el intentar alcanzarlos, en mi papel disfruto verlos explayarse, brincar o juntar las manos para expresar con el deseo puramente juvenil el crecer con la esperanza puesta en ellos.

Recuerdo que en esta etapa yo regresé cuando cursaba mi primer año de universidad a la preparatoria para saludar a mi maestra de lectura y redacción, ya que en aquel entonces quería ser escritor y platicaba mucho acerca de autores clásicos –a ella le encantaba Calderón de la Barca-. En una ocasión y mientras leíamos el poema “A las flores” que termina de la siguiente manera:

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron:
en un día nacieron y espiraron;
que pasados los siglos, horas fueron.

Pude observar a lo lejos a una alumna de nuevo ingreso de preparatoria, ella delgada, más pequeña que yo, blanca y muy bonita… me encantó y fui a saludarla. Ese fue un gran día dentro de un año maravilloso.

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