17 de Octubre del 2018

¿Una institución de educación privada es mejor que una pública?

Por Martín Ochoa / /

lalampara interiores

Hemos visto durante varias aportaciones en esta columna la importancia que tiene el docente durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, de hecho no sólo es evidente sino hasta natural el tomar en consideración la participación del docente como un componente vital del sistema educativo y sin el cual sería imposible el concebirlo.

Deseamos que nuestros hijos están en manos de docentes capaces, estimulantes, líderes, que enseñen con el ejemplo, que sean motivadores y que además tengan el compromiso de impartir la mejor educación. Ahora yo les pregunto ¿también deseamos que sus condiciones laborales (incluyendo seguridad laboral, salario y prestaciones) estén acordes a las características mencionadas anteriormente? ¿Qué creen que piensan las instituciones educativas privadas? ¿realmente les pagarán acorde con las exigencias?

Esta serie de preguntas son fundamentales para poder comprender las razones del porqué la calidad educativa en nuestras aulas no siempre es la mejor. Y aunque ustedes podrían pensar que las instituciones privadas ofrecen estándares de calidad educativa más altos que las públicas, la realidad es muy distinta y resulta ser en la mayoría de los casos un espejismo. Si las instituciones educativas quieren educación con calidad, entonces necesitan retener docentes que ofrezcan dichas características, sin embargo, cuando se revisan por ejemplo las condiciones de contratación del personal docente por hora clase en universidades de prestigio como lo pueden ser la UDLA, la Ibero o el Tec, es fácil encontrar con que ese sentido de retención obedece más a condiciones económicas que a académicas.

Si bien es cierto que cada una de estas instituciones cuenta con proyectos educativos que tiene la intención de desarrollar competencias docentes, también lo es el hecho de que, en muy pocos casos, las instituciones ofrecen oportunidades reales de contratación definitiva a sus maestros, ¿es esta una condición injusta? Juzguen ustedes:

En estas instituciones –que además no hay que dejar de observar que cuentan con un sistema educativo sólido-, la recontratación del nuevo personal docente está sujeta a evidencias de capacitación continua, evaluaciones favorables por parte de su jefe y sus alumnos (si, su futuro de recontratación depende de un puñado de jóvenes), y también de la demanda que su materia tenga en el siguiente ciclo escolar –porque si no se abren las materias porque el grupo es de menos de cierta cantidad de alumnos, la universidad pierde y en consecuencia no es negocio-.

Además debe tener en cuenta, que si quiere ser docente en una institución privada, su pago será sólo en función del tiempo en que usted esté enfrente del grupo, olvide el considerar si es que tiene que preparar la clase, calificar, desarrollar material u otra actividad que no se realice dentro del salón porque en este tipo de instituciones es hora dada, hora pagada.

Pero si además tiene la mala fortuna de querer ser maestro de pre escolar, primaria o secundaria prepárese, porque además esas instituciones tienen la costumbre de ejecutar programas extra escolares (mismos que forman parte de su responsabilidad pero que no le será reconocido económicamente), lo que significa que usted como maestro deberá presentarse después de su jornada laboral, en ocasiones vestido de traje (que por supuesto no estará pagado por la institución), y sin importar el tiempo en que dure el evento, cuando éste termine, usted deberá regresar a su casa sin el correspondiente viático. Ni que decir si tiene la mala fortuna de tener un accidente durante el trayecto porque no es tiempo laboral y en consecuencia los gastos médicos correrán por su cuenta.

Las pobres condiciones de contratación para la mayoría de los docentes que laboramos en la mayoría de las instituciones educativas privadas de cualquier nivel son las constantes, y es que infortunadamente el neoliberalismo las alcanzó, primando con ello la maximización de ganancias y la reducción de pérdidas, lo que implica que prime la matrícula por encima de la academia así como la opinión del administrativo por encima de la del maestro. Esto además implica que, salvo honrosas excepciones, en la inmensa mayoría de las instituciones privadas se favorecen esquemas de contratación donde solamente se habla del aspecto salarial sin incluir las prestaciones que son marcadas por la ley y mucho menos se manejan esquemas de seguridad laboral.

Aún tengo muy presente una experiencia que viví en cierta universidad privada: durante el evento del día del maestro el director y dueño de la institución, nos dirigió un discurso en donde enaltecía la labor docente, nos hacía sentir como una parte importante y fundamental dentro de su organización. Sin embargo, dos semanas después este mismo personaje entró en discusión con un compañero maestro de nuestra Academia. Cuál sería mi sorpresa cuando escuché al director comparando la labor de nosotros -sus maestros-, con meseros de un restaurante cuya única actividad debía ser servirles los platos de la comida en la mesa a nuestros clientes, lo que significaba en pocas palabras que no éramos más que un conducto para que el alumno estuviera contento. Este episodio me marcó profundamente, ya que puede percibir por primera vez, que no todas las universidades e instituciones de educación privadas tenían a la educación como principal objetivo, muy al contrario, más bien la utilizaban como un pretexto para enriquecer el bolsillo de sus dueños.

Y este es un tema que difícilmente dejaré de denunciar, ya que el objetivo primordial de cualquier institución educativa debe ser -entre otros-, favorecer la construcción de conocimiento dentro de sus alumnos, y aquí cabe la pregunta ¿en verdad lo están haciendo?. Anteriormente yo había puesto de ejemplo a 3 universidades de prestigio (La UDLA, La Ibero y el Tec), y aunque declaré que sus condiciones de contratación planta docente no son convenientes, por lo menos cuentan con sistemas educativos de prestigio cuyas ofertas educativas son apreciadas por los futuros empleadores, en este caso la seriedad es evidente.

Sin embargo, dentro de las instituciones privadas, instituciones como las anteriores son la excepción de la regla; basta voltear con cualquier pequeña escuela el centro o la periferia de la ciudad y preguntar por el modelo educativo. En el mejor de los casos los vendedores de la matrícula mencionarán que son modelos educativos basados en competencias, sin embargo lo más probable será que este administrativo ni siquiera conozca el modelo educativo que está ofreciendo.

Tengo una hija quién está estudiando en la primaria y la tengo en una escuela privada, ¿Cómo es que la seleccione?, en principio confirmé que tuviera un modelo educativo, además pregunté acerca de la planta docente, ahí descubrí que a sus maestros se les contrata de tiempo completo, cuentan con las prestaciones de ley y además reciben educación continua. Pude descubrir que en esta primaria el modelo educativo está consolidado y finalmente que cuenta con sólidos valores éticos y morales que se transmiten no solamente a lo largo de su planta docente sino también dentro del grupo de administrativos.

Es justo que usted querido lector haga estas preguntas a las instituciones donde van sus hijos y seguramente se llevará una sorpresa. ¿Una escuela privada es mejor? No, definitivamente. Una escuela es mejor cuando cuenta con un sólido modelo educativo que se comunica de manera efectiva a su planta docente, donde los administrativos sólo se dedican a administrar y no a opinar acerca del quehacer de la academia, donde los docentes cuentan con condiciones laborales adecuadas, y también donde los valores éticos y morales son promovidos de manera institucional.

ABSURDO

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