12 de Noviembre del 2019

Historia trágica por culpa de la flojera

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

Mis estimados amigos del Facebook y Twitter, me gustaría generar un poco de interacción con ustedes y me cuenten las veces que sus mamacitas, tías o abuelitas, les han dicho “Todo por no hacer las cosas como se deben”.

A mí me ha pasado infinidad de veces: cuando no quise ponerle bolsa grande y resistente a las veladoras de mi abuelita y se rompió, ocasionando que todas se quebraran; ponte chamarra; llévate tu carro; lleva ropa. Ya saben todas esas recomendaciones que te dan y que parecen órdenes y te niegas a tomar.

Pero como siempre, el destino les da la razón. Alguna fuerza oscura, una magia antigua, hace que siempre perdamos ante nuestras mamás, tías o abuelitas. Dios sabrá qué clase de magia usan que regresamos con la cola entre las patas.

Y tanto me acordé de esto porque el domingo pasado salí con mi muy gran y sexy amiga Normita Saloma. Quedamos de dar un bonito paseo dominical por el Centro de la ciudad de Puebla.

Todo era muy bonito y pintoresco en el Barrio de Analco, nos sentíamos como Catalina Guzmán en Arráncame la vida: los viejitos bailando cumbia, los niños jugando futbol en la canchita de pasto sintético, el mercado de artesanías, la comida, la venta ilegal de perritos, el mono cilindrero, el sol y el viento gélido típico del invierno en la ciudad de Puebla.

Dieron las siete de la noche:

—Hija, vamos al Zócalo. Mi adorada Claudia Rivera encenderá el árbol de Navidad.

—Sí, vamos. Amo los encendidos de los árboles de navidad.

Corrimos a la Plaza de Armas de nuestra bonita Puebla, pero antes ella dudó por un lapso de segundos:

—Mmmmmmmmm... mmmmmmmm........

—¿Qué pasa bella mujer? ¿Qué te mantiene inquieta? ¿A caso es el frío invierno?

—No, es que no sé si dejar mi coche en la calle. Le vayan a robar algo.

—¿En dónde está?

—Justo ahí.

Y señaló a la avenida Juan de Palafox y Mendoza casi esquina con boulevard 5 de Mayo, estaba a la vista, pasaban muchos carros, mucha gente.

—Aaaaay, no te preocupes, está muy bien custodiado, mira pasa mucha gente, pasan carros, hay una señora autoridad en el semáforo y el frío inhibe a los delincuentes. Vámonos ya al Zócalo. Corre, corre, correeeeeeeeeeeeeeeee.

—Ok, vamos. Solo me encomendaré a Dios y la Virgen.

Hicimos algunas paradas técnicas: fuimos al Sanborns, al Vips, al Starbucks, dimos vueltas en nuestro propio eje y cuando nos dimos cuenta ya habían encendido el árbol de Navidad, ya habían lanzado los fuegos artificiales, y solo llegamos a la música del 90´s Popo Tour.

El caso es que a las 9 de la noche, caminábamos de regreso a nuestros coches cuando a cinco metros de distancia empezó la pesadilla:

—¡Nooooooooooooooo! ¡Malditos rateros! ¡Los odio! ¡Los odio! ¡Los odioooooooooooooo! ¡Hijos de puta!— sí, fueron las palabras de mi sexy amiguita Norma Saloma quien de pronto se arrodilló, levantó la mirada al cielo y empezó el desfile de improperios.

Le habían robado los espejos. Por supuesto, me sentí culpable pues debido a mi pereza había sido víctima de la delincuencia, una más y ni como decirle que fuéramos a denunciar, pues si perdía más de una hora en la Fiscalía, peor me iría.

El caso es que con la cola entre las patas, toda la pena del mundo y con el riesgo de ser odiado, me ofrecí a cooperarle pa´ los espejos.

Ya qué...

Moraleja: hagan caso y no contradigan a nadie, luego sale más caro el caldo que las albóndigas.

¡Claro! Chinguen al guapo.

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