Wednesday, 21 de November de 2018

Soltero después de los treinta

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Tengo 33 años y estoy soltero-

Siempre que decía esta frase sentía que me encontraba en una especie de grupo especial, desconozco si de superación o para liberarme de algunos vicios, pero parecía ser que esta frase no era lo suficientemente cómoda para las personas.

Hace unas semanas fui a comer a cierta pizzería con un amigo y tuve una conversación similar con él. Mi amigo me contaba aquellos conflictos que él ha vivido para tener y/o encontrar pareja. Resulta que mi amigo es becado por Conacyt y no es mérito suficiente como para poder tener pareja alguna. Según. Le han dicho que eso no es un trabajo o que si piensa trabajar en algo… Ciertas expectativas. Y pregunto ¿Qué tan difícil puede ser en los treinta tener una pareja? O la pregunta puede ser ¿es necesario?

La familia por parte de mi madre es realmente perturbadora. Las veces (pocas, muy pocas) que nos vemos durante el año siempre un tío de cuyo nombre no quiero acordarme hace la pregunta de “¿y tú para cuándo?” y comienza a relatarme, a describirme y a hacer en su palabrería un tejido de perfiles terribles de mis ex parejas. Mis hermanas de vez en cuando tiran el comentario a quema ropa de “te estás tardando” o el clásico “vas a estar de dejado”, y ya me ven viviendo con cientos de gatos.

Hace unos años por hacerles caso y por ver un destino fatídico y brutal desde mi soltería comencé una relación con una chica de cuyo nombre tampoco quiero acordarme y después mis hermanas al verme con ella me decían “tenías mejor carácter cuando estabas soltero”, “se ve que ni te quiere”, “más vale solo que mal acompañado”, etcétera. ¡Quién les entiende!

Hace poco me encontré con una conocida mientras hacía mi caminata del día y después del saludo sucedieron las preguntas “¿en qué trabajas?”, ¿ya te casaste?, ¿tienes hijos?, ¿con quién vives?, bueno, chau”. Nada más alentador que eso de que después de veinte mil años de no vernos el único tema de conversación esté relacionado con mis actividades económicas y sentimentales. ¡Hay gente que tiene más divorcios que yo y aun no han llegado a la frontera de los 20´s!

Alguna vez alguien hizo el comentario de que si no me caso pronto, la gente iba a decir que era gay y también se me ha dicho que “tienes que apurarte a tener hijos” porque ¡cómo va a ser posible que un cuarentón o cincuentón juegue al ritmo de los chicos!.

Tampoco es que no lo haya querido sólo que mis intentos fueron fallidos y creo que así ha sido mejor. En una ocasión una de mis ex parejas después de la última discusión y la lágrima y el caos me dijo que ella deseaba estar con un hombre de verdad, que tuviera un trabajo de verdad, no con un profesor de preparatoria. ¿Qué era eso de ser un hombre de verdad? No lo entendí pero después me enteré que se había ido a vivir a Suiza con un hombre de veinte mil metros  de altura con otro tipo de futuro. No la culpo pero me molestó que nunca tuvo la decencia de explicarme eso de ser un “hombre de verdad”. A mucha gente le he preguntado y sigo sin entender qué rayos es eso.

A algunos de mis alumnos les ha sorprendido que a mi edad siga sin casarme o siga sin esa estabilidad emocional. ¡Cómo no preguntarlo si muchos de sus papás tienen mi edad o son un par de años mayores que yo!

Hace algunos meses la mamá de una de mis ex parejas me mandó un mensaje privado por Facebook y después de intercambiar algunas palabras me preguntó “Ro, ¿ya te casaste? A lo que contesté “me gusta mi trabajo” y se limitó a dejarme en visto.

Creo que no soy el único pero muchos de mi generación vivimos la incomodidad que sostiene el ideal del matrimonio o de la paternidad o maternidad. Creo que la mayoría de nosotros buscamos a nivel profesional, académico, laboral, emocional, sentimental, espiritual y un enorme etcétera, eso que se llama estabilidad pero ¡¿cómo tener estabilidad en estos tiempos?! ¡Si a cada rato el dólar sube y baja! Cuando aviento esta pregunta a mi familia o aquellos que dicen serlo me dicen que en sus tiempos era peor pero que era necesario para “crecer”. ¿Crecer en qué? Los hombres me dicen “para hacerte más hombre” y las mujeres me dicen “para progresar”. Me suena a “lo bueno cuenta y cuenta mucho”.

Si tuviera quince años podría creerlo pero a mis treinta y tres ya me resulta muy ingenuo.

A una amiga la presionaron tanto que hace un par de años tuvo que irse del país porque familia y sociedad le hacían la pregunta. Incluso en su trabajo le pidieron apurarse con el matrimonio porque “se ve mejor una mujer casada en el trabajo que una soltera”.

Antes me preocupaba en demasía pasar los treinta con la soltería en los hombros. Ahora me dicen chavo ruco quienes a sus casi treinta van de pants los domingos a hacer despensa mostrando sus increíbles ganas de vivir posteando incontables veces lo terrible que es el domingo y poniendo emojis tristes cuando escriben “ya mañana es lunes”. No es que esté mal, sólo que me es extraño el juicio desde esa postura.

No sé si antes era más difícil o más fácil adquirir ese tipo de compromisos pero en mi experiencia la vida se ha encargado de mostrarme otro tipo de convenciones y responsabilidades.

No ha faltado quien me ha dicho “no te quieres casar porque tienes miedo” o “le sacas a la vida de verdad” y entonces imagino mi vida como en 8 bits pisando tortugas y comiendo hongos para alcanzar estrellas y pelear contra monstruos que avientan fuego por la boca y llegar al amor de mi vida…para que me digan “¡qué crees, chavo ruco,  el amor de tu vida no está en este castillo!”.

Creo que tener treinta y tres años y estar soltero no está nada mal como suena o como se lee. Lo terrible es cumplir expectativas de otros, ideales de otros y hacer a un lado la propia vida. Quise dejar de creer en esa vida “real” la cual me parece más simulación que otra cosa. Ahora cuando digo “tengo treinta y tres años y estoy soltero” me sabe más a prueba superada que a nostalgia o miseria. Ahora salgo con una mujer que desea también construir algo fuera de las expectativas. No a manera de cliché u originalidad. Ella me ha enseñado que está bien ser así y que no hay por qué correr, que es importante lo que hagamos con el tiempo y no por hacer todo más rápido sea lo más adecuado. Creo que no quiero ser un hombre de verdad y que tampoco deseo firmar contratos ambiguos, ni mucho menos pasar factura a los jueces de la moral (según sus posturas domingueras). Tengo treinta y tres años y estoy soltero y sé que es la mejor decisión de mi vida.

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