Tuesday, 12 de November de 2019

Cuando un venerable anciano se burla de ti, qué pena

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

Has perdido todo cuando un venerable anciano se burla de ti.

Ya que un abuelito, cabecita de cebolla y cachetitos arrugados, se burle de ti es muy bajo.

Pierdes todo valor, toda hombría, virilidad, valentía, honor y dignidad y más cuando se trata de una competencia.

O cuando crees que por su edad y por mucha experiencia que tenga, el cuerpo ya no le da. Qué gran equivocación.

Todo ocurrió la mañana de este jueves. Muy contento me metí a la alberca del Nelson Vargas para mi rutina de natación.

En ese momento, salió de la nada como si se tratara del monstruo del lago Ness, emergió de las profundidades de la alberca, salió como un guardián de la bahía un viejito.

Hasta ahí no tenía problema alguno, él no se metía conmigo ni yo con él, el problema inicio cuando me dijo:

Viejito: nadamos en rondas, yo primero, y atrás te lanzas tú.

Yo sólo hice cara de consternado y lo ignoré, inicié a nadar y cuando me di cuenta ya me había rebasado.

-Maldito viejo- pensé mientras apresuraba el paso para rebasarlo, pero nunca lo alcancé. Luego el viejito me quiso humillar presumiendo como nada abajo del agua y de dorso.

Lo ignoré rotundamente, ya no quise seguir en la competencia con él, sólo me dedicaba a mi rutina y fingía que el venerable anciano que nadaba como Michael Phelps no estaba a mi lado opacándome.

Pero nuestra rivalidad ya estaba destinada por Poseidón, Tlaloc y todos los dioses relacionados con el agua. Al final, me despedí de él.

-Hasta luego... Señor- le dije al mismo tiempo en que le hice un gesto de desagrado, tomé aire y me sumergí al fondo del agua para salir en las escaleras de la alberca, pero no siquiera avancé un metro, salí casi en el mismo lugar en el que me sumergí.

Y el viejito?

Sí, el viejito solo soltó una gran carcajada que se escuchó por toda la alberca, voltearon los instructores, los nadadores pro, los principiantes y hasta los bebés.

Sentí una gran rabia, que únicamente le pondré dedo al viejo pendejo y me fui.

Moraleja: ignoren a los viejitos.

Claro, Chinguen al Guapo.