Tuesday, 23 de April de 2019

Las 11 desgracias de la inauguración del Chiquihuite Stadium

Por Selene Rios Andraca / /

Soy un manojo de congojas. Si no es Chana es Moreno Valleo la turba tuitera o el estadio ex Cuauhtémoc o Multiva o son los poblanos correteando o lengüeteando un boleto para el Puebla-Boca Juniors. El caso es que tengo los nervios destrozados. Siria, los niños bombardeados, Francia, la guerra, madres de los musulmanes radicalizados, Nigeria, Guerrero, México o las estúpidas reacciones a las luces solidarias sobre el mausoleo de Ignacio Zaragoza y ya no tengo uñas.

 

Lo peor es que mi cerebro tiene un cajón especial para almacenar datos inútiles y algunos por bastantes años, por ejemplo que los Cheettos son de harina; que los embutidos producen cáncer; que Alicia Machado destruyó la reputación de Luis Miguel; que Paulina Rubio traía el pelo rubio y las cejas negras; que Thalia puso de moda un espantoso copete rubio; que la prima Susy me perdió mi Gusano saltarín; que en 1990 los Reyes me regalaron la Barbie aerobics, cuya maleta se transformaba en falda vaporosa; que Carlos Salinas anduvo con Adela Noriega; que don Beto lloró por la nueva carretera; que la medida de la gravedad en la tierra es 9.82 m/s2 y que el canto los Chamos vuela alto. 

 

Imagínense mi retención de bobadas que desde el 4 de marzo de 2014 vivo con la mortificación por la tal Valeria Lukyanova, mejor conocida como la “Barbie humana”, que en aquellos ayeres presumió que a partir de ese momento dejaría de comer y de beber para alimentarse única y exclusivamente de aire y de luz por su práctica del bretarianismo e inspiracionismo. De vez en cuando reviso en medios o en redes sociales para saber qué ha sido de la copia humana de la famosa muñeca y no encuentro nada. Ojalá que esté bien.

 

Quizá hayan llegado hasta este punto de la columna sin saber si me drogué o si quedé loca después de que Matías Alustiza —busqué su nombre en Google— fallara el penal en el partido de anoche contra el Boca Juniors. Les aclaro: ninguna de las dos. Mis nervios se rindieron después de leer con enfermiza atención la marea de halagos, ruegos, súplicas, solicitudes,marrullerías y monadas que le escribieron a @RafaMorenoValle para que les regalara un boletito para el Puebla-Boca por el amor de Dios.

 

Es que uno aquí en chinga, dale y dale que si el Gobierno de Puebla ya hizo esto mal; ya hizo aquello peor; ya la regó aquí; ya la rete regó allá para que algunos, muy salsas, se le manifiesten en Casa Puebla porque no alcanzaron boletos; se formen con 12 horas de antelación para obtener su entrada aun con granaderos enfrente, para que al final el mandatario les ponga unas pantallas de consolación bien cuchas afuera del estadio porque no alcanzaron ya los boletos, que por cierto se las quedaron sus funcionarios;  sus invitados VIP;  sus operadores electorales en todo el estado y de todos sus partidos y sus funcionarios de segundo y tercer nivel.

 

Sigo con la duda si me enojó más leer que había gente dispuesta a decirle a @RafaMorenoValle que barrería Casa Puebla con cepillo de dientes; que le entregaban a su esposa; que le darían RT toda la vida y que hasta analizarían votar por él con tal de obtener un par de pases para el encuentro futbolero o que los empleados del Estadio Ex Cuauhtémoc fueran los principales revendedores de boletos y que una familia entera se dedicara a robar con inquietante calma los cinturones resguardados frente a los guardias de seguridad.

 

Supongo que algunos de esos 50 mil afortunados que entraron al Chiaquihuite Stadium se arrepintieron de tanto ruego a Moreno Valle y de andar subiendo a redes sociales hasta las fotos de sus calzones del Puebla FC, cuando descubrieron que la remodelación incluyó la expulsación irreversible de las cemitas de milanesa con papas y rajas.


¡Noooooooooooooo!
¡Noooooooooooooo!
¡Noooooooooooooo!


 
Confío en que algunos de esos 50 mil suertudos que estuvieron en la inauguración del estadio cuyo nombre desmentido hasta la náusea se tambalea entre Multiva o Multiva, maldijeron a todos los dioses al descubrir que una chela en el estadio de 730 millones de pesos cuesta 60 pesos; que unas pinches papas con salsa 30 pesos y que una coca otros 30 pesos.

 

Yo de plano me hubiera regresado a casa al descubrir que el Gobierno morenovallista cerró todos los accesos hacia el coloso, obligando a cientos y cientos de personas a abandonar sus carros desde la Diagonal Defensores de la República para descubrir que el nuevo estacionamiento con pasto sintético era exclusivamente para los invitados VIP del Señor Gobernador.

 

Lo más piorsísimofue cuando Agustín Orión retrasó el partido casi 20 minutos por negarse a quitar la camiseta negra que repetía con el Puebla. Le rogó su director técnico; el árbitro; el tal Matías Alustiza; algún directivo y uno que otro colado. Hasta que, Moreno Valle intervino y todo volvió a la normalidad.  

 

Ay no… qué martirio.

 

Pero lo más lamentable es la manada de ardidos que lengüetearon al Góber y que por más que subieron fotos y que inventaron un melodrama sobre su romance con los Camoteros desde su nacimiento, se quedaron sin pases y se retuercen del dolor cada que abren su Facebook y descubren que medio mundo se coló al gran partido de inauguración que nopagó-paranada-nunca- el gobierno morenovallista para que viniera el equipo argentino a dejarse ganar por la Franja ni para que celebridades felicitaran al “buen gobierno” por el nuevo estadio en videos y en redes sociales.

 

Uff.

 

Seguiré buscando datos inútiles qué almacenar, mientras aquellos disfrutan de su partido Puebla-Boca, de los uniformes gratis, de las mochilas gratis, de las escrituras gratis, de las entradas a los museos gratis y de tanta cosa “gratis” de la generosidad del morenovallismo. Que ni es generosidad y al fin de cuentas, ni es gratis. Esa lana es pública al fin de cuentas. 

 

Las desgracias de la inauguración en puntos por si te dio hueva leer tooooooooooodo el choro anterior:

1.      Los ruegos fueron en vano porque los aficionados morales se quedaron sin boletos.

2.      Los aficionados más radicales se formaron, con granaderos enfrente dispuestos a aplacar las ansias futboleras, por más de 12 horas para que algunos se quedaran sin boletos.

3.      Cerraron todos los accesos vehiculares a la zona del estadio. La gente se vio obligada a caminar kilómetros y a abandonar sus vehículos a su suerte en aquella zona de la ciudad.

4.      El estacionamiento con pasto sintético del nuevo estadio fue nomás para los cuates del señor gobernador.

5.      Los miles de boletos para el partido terminaron en manos de funcionarios y operadores electorales a favor del morenovallismo del PRD, PAN, Nueva Alianza y demás aliados. Unos listillos revendieron sus boletos. 

6.      El portero argentino Agustín Orión retrasó el juego casi 20 minutos ante todos los invitados VIP de Moreno Valle porque se negaba a cambiarse la maldita camiseta negra. Veinte minutos.

7.      En la reventa un boleto costaba hasta 4 mil pesos. El colmo: que los empleados del Estadio fungieron también como revendedores en las entradas principales.

8.      El gobierno colocó pantallas de consolación que nadie peló por un asomo de ¿dignidad?

9.       Una familia entera se dispuso a robar los cinturones resguardados frente a los guardias de seguridad del inmueble sin que movieran un solo dedo.

10.  La erradicación total de las cemitas de milanesa con papas y rajas.

11.  El incremento del precio de la chela. Ahora cuesta 60 pesos; las papas con salsa 30 pesos y los chescos otros 30 pesos.

12.  El estadio Cuauhtémoc se llamará Estadio Multiva o Estadio Multiva o Estadio Multiva o Estadio Multiva o Estadio Multiva o Estadio Multiva, y así hasta que el morenovallismo se canse de negarlo o se anime a reconocerlo.

 

Miau.

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