22 de Agosto del 2018

¿Y qué si soy un fracaso?

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Creo que estaría bien que alguien forjara un grupo de fracasados anónimos. Los F.A. Lo digo porque parece ser que hay grupos para todos los vicios, para todos los niveles de neurosis, para todas aquellas conductas “inapropiadas” pero creo que no hay uno que se aboque al fracaso lo que me hace pensar que hablar de esto es deshonroso o un circulo poco llamativo.

Hace unos días que regresaba a mi hogar en mi bicicleta, de repente, una multitud de pensamientos comenzaron a perseguirme y todo se hizo una especie de masa de ideas que resultó en la pregunta ¿por qué cada día me siento más fracasado?

Creo que le di suficiente importancia y tras un momento de meditación comencé a hacer lo que siempre he detestado: hacer una introspección retrospectiva. Lo he detestado ya que la mayor de las veces termino cansado y con muchas más dudas que respuestas aun cuando las respuestas suelen ser sumamente contundentes.

Al parecer no habría por qué sentirme de esa manera. He cumplido con ciertas consideraciones de vida que podrían significarme el sentirme satisfecho pero la realidad es otra. Decidí, como título de la canción de Los Tres, dejarme caer.

Recordé que en la secundaria y en la preparatoria, en esos momentos en los que a los profesores se les ocurrían dar consejos por encima del programa de clases, me preguntaron sobre mi mayor miedo y recuerdo que siempre respondía “al fracaso”.

Por algún motivo nunca entendí lo que era el fracaso pero me daba un pavor incontrolable, por eso que siempre intenté, de alguna manera, ser el mejor, ser lo mejor y parecer lo mejor, creer lo mejor, vivir como el mejor.

Cuando comencé a fallar, específicamente, cuando salí al mundo laboral y las cosas no se dieron a como se habían imaginado, comencé a caer creyendo esa frase que dice “del suelo no pasas” cuando en realidad aquello parecía un abismo.

Si le agregamos a esa caída profunda el hecho de estar acompañado por personas que preferían esperar nada de mí, por supuesto que durante años mi vida estuvo intensificada por la ansiedad, la desesperación y por altas dosis de frustración. En una ocasión reciente, hace unos cuantos años, una chica que me gustaba me preguntó si en realidad no hacía otra cosa que dar clases, leer y escribir y al hacerle ver mi negativa me hizo notar que a mi lado, no había un futuro seguro.

Está de más contar mis experiencias laborales que se resumen a cuentos de inquietud, de inestabilidad y de constante angustia.

Durante aquella introspección retrospectiva (vaya cosa) me di cuenta que aparte de ser muy idealista también he llegado a ser muy creyente y eso, parafraseando las enseñanzas del Zen, genera estrés. Las expectativas jamás son buenas y son totalmente innecesarias.

Siempre se me hizo ver que remar contra la corriente es una forma genial para alcanzar el éxito. Se rezan cosas como “Dios pone pruebas para ver si mereces eso que deseas” o cosas como “si quieres lo imposible haz lo imposible”. Estas frases, como muchas otras, al momento de leerlas nos dan cierta energía para levantarnos e ir por aquello que deseamos pero con el tiempo ya nos parecen una tontería y nos preguntamos si lo que estamos haciendo es lo correcto. Por otro lado vemos a personas que sin mover un sólo dedo obtienen no solamente el sueño que has buscado durante años, sino que se les ha multiplicado y te lo restriegan en la cara como en aquél capítulo de Los Simpsons cuando Frank Grimes le pregunta a Homero si de verdad había ido al espacio y Homero le responde ¿qué, tú no? (el capítulo me parece se llama “el enemigo de Homero”).

En una de esas frases extrañas que se suceden por todos lados, la frase “para conocer el éxito, debes conocer el fracaso” me es no únicamente poco atractiva, también hiriente. Por lo pronto sé que el éxito no es intranquilidad, ni ansiedad, ni miedo, ni frustración, ni neurosis, ni nada de ello y probablemente el mismo éxito sea igual de nocivo.

A veces pensaba, como muchos infieren, que ésta cadena de fracasos se debe a que el Estado nos ha fallado pero eso significa lo mismo que si la selección mexicana de futbol pierde me voy a sentir mal toda mi vida y sin embargo tampoco creo que la totalidad del cambio venga únicamente de uno mismo.

A veces he pensado en aquello que cantó Gustavo Cerati “fluir sin un fin” pero tampoco creo que sea tan fácil cuando el cúmulo de condiciones sociales, laborales, académicas, familiares, espirituales, etc, están sobre uno y en muchas ocasiones he deseado frenar y vivir en la mediocridad, sin aspiraciones (porque son inalcanzables) y sin nada más que el día a día y a ver cómo resulta.

A lo que voy es ¿qué es el fracaso? Me es sumamente difícil definirlo pero por lo menos sé lo que se siente y que es totalmente repetitivo ¿qué se siente al saber que a pesar de todo esfuerzo por encima de lo normal no se ha conseguido más que lo normal o algo mucho peor, se ha conseguido la nada?

Si bien es lindo pensar que hay que luchar por aquello que uno desea ¿por qué no es válido también retirarse, darse por vencido?

No pongo en duda que valga la pena andar el camino pero parece ser la constante vivencia de Prometeo y la piedra y sin embargo, casi siempre pienso que vale la pena bajar otra vez por la piedra y subir aunque sea para ver el paisaje y no olvidarlo y no negarlo.

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