21 de Agosto del 2018

Esto no es una apología de la holgazanería

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Hace unos días terminamos curso en la universidad en la que imparto clases. Después de un par de semestres bastante complejos, el saber que había concluido y alcanzado ciertos objetivos prometidos decidí, por un momento, pausar mis actividades laborales.

Desde que salí de la universidad y comencé a depositar mi energía en empleos no remunerados, remunerados a medias, remunerados totalmente o campechanos, me he dado cuenta que muchos de mis objetivos de vida tenían que ver con mi desarrollo laboral. Esto puede leerse como algo lógico y esperable y sin embargo, puedo decir, que es totalmente absurdo limitarse únicamente a la vida laboral.

Todo comenzó con la relectura de un texto llamado Escritos para desocupados que diseccionamos en una de mis clases de literatura y, aun cuando no estoy totalmente de acuerdo con la autora en muchas cuestiones, puedo decir que hay una que, probablemente, me hace repensar cada vez más los días de mi vida.

El derecho a la holganza o en términos prácticos, el derecho al descanso de quien puede disfrutar lo mucho o lo poco que desea hacer puede visualizarse positivamente y sin embargo, hasta hoy, es totalmente condenado. Es antimoral regocijarse por un momento en la holganza (palabra que tiene límites con la holgazanería), es producto de las críticas más viles e hirientes. Hacer nada (por gusto) implica ser flojo y por lo tanto, perezoso, lo cual, también es un aspecto distinto.

Mucho se nos ha enseñado la relevancia, importancia y trascendencia de hacer del tiempo un agente cambiario, es decir, dinero. En la medida en la que inviertas energía te será remunerado con dinero, vales de despensa, idas gratis al hospital (en las que tienes que esperar horas para ser atendido) y si la cosa va bien, una deuda bancaria pagable a plazos, es decir, pagable mientras la vida te permita trabajar.

Y sin embargo, se nos ha mostrado también que toda esa energía es desechable, sustituible y de valor fútil. He conocido casos de gente que ha empleado el mayor tiempo de su vida en un empleo y de repente, aun siendo el ser más competente del mundo en el puesto, lo hacen a un lado respetándole casi nada y arrojándolo al abismo no tanto del desempleo, sino del vacío humano. Se nos ha enseñado que el empleo nos hace SER y sin él somos NADA.

Me ha llamado mucho la atención el tránsito de ideas. Antes, nuestros padres podían sostenerse en un empleo por años por aquellas ventajas que se ofrecían anteriormente como un sistema de salud y una pensión. Actualmente, al no ofrecer ventajas más que un salario muy por debajo de las capacidades y de la preparación de las personas, muchos jóvenes o emprenden proyectos o se emplean en veinte mil lugares para “salir a flote”, por lo que pocos se identifican con las empresas o instituciones a las que pertenecen y se repite constantemente la consigna “por qué voy a hacer ricos a otros si yo puedo generar mi propio ingreso”.

Hay una parte del libro antes mencionado que de alguna forma tiene que ver con uno de los mensajes del zen: Hay que también aprender a no hacer nada y sentirse bien.

La trascendencia de ese pensamiento puede hacer que las cosas se vislumbren de forma distinta. Tengo, por ejemplo, alumnos que desean tomarse un año sabático porque aún no tienen idea de qué carrera elegir y sin embargo, a algunos de ellos les han repetido en sus hogares la importancia de elegir un camino lo más pronto posible, la importancia de no quedarse atrás, la importancia de “no perder el tiempo”. Muchos ejemplos parecidos por aquél aceleramiento de decisiones han pasado por más de dos carreras y muchos de ellos siguen sin concluir la que finalmente decidieron estudiar. Y ¿qué hubiera pasado si se hubiera decidido por esa pausa temporal? Es muy probable que al regresar de aquel año sabático la decisión hubiera sido más clara implicando el estudiar o no una carrera.

Mucho se nos ha dicho de la fuerza que requiere el hecho de cumplir sueños. Uno de ellos es trabajar y sin embargo, aun encuentro personas que dicen que escribir no es un trabajo, que pintar no es un trabajo, que bailar no es un trabajo, que hacer música no es un trabajo. Las artes dispuestas en el cajón de los hobbies relegando su incidencia espiritual y humana. Si tu tiempo no da dinero entonces ¿por qué existes?

Así que decidí por un momento hacer valer mi derecho a la holganza o, el derecho a vivir mi tiempo. Veo con horror frases que tienen que ver con la inmediatez como “al que madruga Dios le ayuda” o, con buen humor el refrán “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” y me pregunto ¿qué tal si esa corriente resulta más placentera? Insisto, esto desde el humor. Incluso he visto artículos rondando por la red o videos que hablan del éxito y tienen en común la frase “sólo los exitosos se levantan temprano”. Hemos pasado del SER O NO SER al SER EN EL HACER.

De un año a estas fechas he pensado que en los colegios debería de enseñarse a contemplar y a pausar, se debe enseñar que también, el no hacer, tiene beneficios no únicamente ligados al descanso, también a la creatividad y a la claridad de ideas, son tan importantes las tareas y las labores como el ocio y la dispersión, la distensión.

Dejo para cerrar un bello fragmento del libro Escritos para desocupados de Vivian Abenshushan:

Hemos visto en los últimos cien años una de las conversiones más embusteras de la historia, la transformación de la maldición bíblica (“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”) en la búsqueda voluntaria de autoflagelación (“Trabajo, luego existo”). Quizá por eso, el día que mandé a mi jefe al matadero, todos los fieles del yugo me miraron con desprecio, casi incluso con horror. Y es que desde el siglo XIX una nueva moralidad, la moralidad del dinero, proclamó el pecado de “perder el tiempo”. Se acabó́ la era contemplativa, sólo queda la televisión. Pero yo les digo a todos los que me miran con alarma que son ellos quienes me preocupan. O como sentencia aquel dicho que escuché a un chileno: “Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos”.

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